El Buen Inversor
Solos en el mundo
Empresas y países emergentes han sido abandonados por los bancos, que están más preocupados por sus millonarios quebrantos acumulados en malas apuestas en las bolsas. La sequía crediticia es muy fuerte.
Por Alfredo Zaiat
El crédito en la economía es como la nafta para los autos. Sin ese combustible el rodado no avanza. Y sin préstamos disponibles las empresas y países no pueden funcionar con normalidad. De un golpe las puertas de acceso al financiamiento se cerraron no sólo en el mercado local sino también en el internacional. Los bancos se han sentado sobre el dinero por precaución: no saben qué les deparará el destino en relación a la reacción de los ahorristas con sus depósitos, a los efectos sobre sus patrimonios de las millonarias pérdidas debido al crac bursátil y a la capacidad de repago que pueden tener las compañías en el actual contexto de crisis internacional.
Los bancos restringieron al máximo el otorgamiento de créditos. Pocos préstamos hipotecarios, personales y prendarios, y sólo a clientes calificados. A la mayoría de las pymes le redujeron el giro en descubierto hasta su cancelación. Las empresas grandes con abultados pasivos están en problemas, y las que no tienen sus cuentas en orden no consiguen créditos afuera. Estas últimas, entonces, son atendidas por las entidades locales, que así desplazan su capacidad crediticia hacia compañías líderes dejando sin atención al resto. Todo ese proceso de estrangulamiento financiero viene acompañado con una fuerte suba de la tasa de interés, alza que a la vez castiga a los créditos ya asumidos por particulares y empresas.
Esa misma sequía crediticia se extiende en el resto de los mercados emergentes, y amenaza con llegar a Estados Unidos y Europa si no se apuran a bajar las tasas de interés y a abrir la billetera para al menos frenar el descontrol de los mercados.
Los problemas de acceso al financiamiento no son exclusivos del sector privado. También los tienen los países emergentes. Roque Fernández terminó de pasar la gorra la semana pasada entre los organismos financieros internacionales. Acudió a esas ventanillas para poder hacer frente a los vencimientos de deuda hasta el primer trimestre del año próximo. Los bancos, tanto por su propia debilidad ante los quebrantos acumulados como por los efectos de la crisis sobre la economía, ponen bajo la lupa a las empresas endeudadas y no les dan nuevos créditos. Lo mismo hacen con los países, y mucho más con uno como Argentina con una pesada deuda externa y elevado déficit externo.
Pero lo peor de todo no es que no haya crédito, porque ya hubo otros períodos de sequía (el más reciente ha sido durante el efecto Tequila). La gravedad de la situación pasa por el período que se prevé de grifos cerrados. Los más optimistas hablan de seis a nueve meses. Otros estiran la malaria de uno a año y medio. En este último hipotético escenario el panorama sería de terror.
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