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Por M. Fernández López
De curas y demonios
El presbítero Juan Manuel Fernández de Agüero enseñó Economía en la UBA dos ciclos lectivos hasta 1831 (su hermano Miguel fue opositor a Mariano Moreno en 1809 sobre abrir el puerto de Buenos Aires a los ingleses). Sus clases de Ideología, basadas en Destutt de Tracy, por impías irritaron a las autoridades eclesiásticas y al propio rector de la UBA, y en 1827 debió elevar su renuncia al ministro de Gobierno Manuel Moreno. En 1822-3 había enseñado Economía como parte de la ideología abstractiva. Presentaba la economía con categorías como personalidad-propiedad, necesidadesmedios, deseo-satisfacción, trabajo-empleo, riqueza-indigencia, costeutilidad, valor de cambio-de uso, cálculo moral-cálculo económico. Las expuso en Principios de Ideología (1826). Citaba a Adam Smith jefe de los economistas modernos y a Bentham y Locke. Seguía a Destutt de Tracy, de quien poseía la edición de 1817-8 de Eléments didéologie, cuya parte IV se imprimió como Traité dEconomie politique (1823). Este era el antecedente de Agüero para enseñar economía. Para Tracy, los terratenientes eran prestamistas, asociados a los ricos ociosos. Los empresarios eran un grupo estimable, cuyos ingresos debían verse desde el ángulo de la justicia. Los manufactureros eran equiparados a trabajadores. Distinguía entre asalariado y empleador. El ingreso del rico ocioso eran rentas extraídas de la industria. Consideraba a la desigualdad mala pero necesaria. Su crítica a las clases improductivas no alcanzaba a los profesionales, y extendía el concepto de productividad a todo trabajo útil. Estimaba el comercio y ofrecía una visión idealizada de la sociedad, mejorable por la perfección e incremento del intercambio. Condenaba al dinero como robo en alta escala, y discutía los efectos ruinosos de la inflación. El interés era renta del dinero y como tal, ingresos de los ricos ociosos, que salen de los hombres industriosos. El único medio de disminuir el precio del interés del dinero es hacer rica a la masa de la nación. Las tasas de interés debían ser nulas. Atacaba a la banca y denunciaba el monopolio, la corrupción gubernamental y el papel moneda. Las compañías bancarias privilegiadas eran organizaciones viciosas. Tuvo un paralelo en EE.UU., al adoptarse el libro de Tracy para enseñar Economía (1819) en el Colegio William and Mary por pedido de Thomas Jefferson.
La escuela nueva o positiva
En la Universidad de Buenos Aires se enseñó Economía Política desde 1824, según un plan de Bernardino Rivadavia que incluía en esa asignatura las Finanzas Públicas. Sólo hubo un profesor por vez, y en el cargo se sucedieron Agrelo, Vélez Sársfield, Fernández Agüero, Pinoli, Avellaneda, Zavaleta, López, Lamarca y Lagos García, hasta 1892. Ese año, de la materia se desgajó Finanzas Públicas. Lagos García pasó a inaugurar Finanzas Públicas y su lugar fue ocupado por Félix Martín y Herrera, un jurista español de 36 años, nacido en Córdoba el 20 de marzo de 1856, y arribado al país en la presidencia de Mitre. Aquí completó estudios preparatorios iniciados en Madrid. Mientras estudiaba abogacía fue secretario de la Facultad de Humanidades y en 1880, designado profesor de Aritmética en el Colegio Nacional, cuyo rector era Estrada. Antes de graduarse, escribió un Curso teórico-práctico de contabilidad y un Curso de Filosofía Moral. Graduado con medalla de oro, culminó la carrera con la tesis doctoral Reformas al procedimiento en las quiebras (1881). Entró al estudio de Nicolás Avellaneda, rector de la UBA, y colaboró con él hasta su muerte en 1885. Abrió estudio propio y se asoció con F. Canale. Al acceder a la cátedra seguramente se tuvo en cuenta su obra Nociones de Economía Política (2-a ed. 1887). Luis Roque Gondra, alumno suyo, lo recordaba como de espíritu señorial, bondadoso y amable, de maneras einclinaciones moderadas y que dio a la enseñanza una consistencia que había perdido. En ella introdujo, según Gondra, los textos de Cauwès y de Gide. El propio Martín y Herrera incluía a dichos autores en los grupos Histórico positivo y Armónico-cooperativista, respectivamente, que con los Socialistas de cátedra (A. Wagner y otros) formaban la Escuela nueva o positiva, a la que adhería. Su Curso de Economía Política (1898) apareció el mismo año que Finanzas, de José A. Terry, de similar orientación doctrinaria que Martín y Herrera. Era el primer tratado de principios de Economía Política concebido con criterio moderno. Cuando el siglo actual despuntaba, la enseñanza de Economía en la Universidad de Buenos Aires, por obra de Martín y Herrera, estaba consolidada. A los 48 años, como Avellaneda, lo sorprendió la muerte un 23 de marzo de 1904. Su labor docente en Economía fue continuada por los profesores Marco M. Avellaneda y Juan José Díaz Arana.
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