Principal RADAR NO Turismo Libros Futuro CASH Sátira
Manantiales

Yo me pregunto

Página 3


Regresa a RADAR
 

Vale decir

Una voz en el teléfono

El lunes pasado Susana Giménez viajó a Nueva York dispuesta a recuperar las joyas patrias. Esta vez, como abanderada del pueblo argentino, la diva se apersonó en Christie’s, la casa de remates, para agenciarse el prendedor que supiera lucir Evita en ocasiones diversas: la joyita presenció la jura de la Constitución proclamada por Perón en el Congreso en 1949 y varias funciones de gala en el Teatro Colón. “Para que el prendedor vuelva a la Argentina”, explicó la diva. Susana + peluquero + maquillador + novio nuevo + horda de fotógrafos argentinos fue una ecuación difícil de digerir para los habitués, que prefirieron ubicarse lo más lejos posible. Pronto comenzó la puja por la artesanía confeccionada por la casa holandesa Van Cleef & Arples, símil bandera argentina, y por la que se pedía como base cien mil dólares. Pero esa noche a Susana los teléfonos le jugaron en contra: un comprador anónimo -todavía se especula si fue el sultán de Brunei o Madonna- que se conectó vía telefónica, superaba constantemente las ofertas de la madre de Jazmín. A medida que el precio se elevaba y Susana agregaba de a diez o veinte mil dólares, la voz en el teléfono, sin dar su nombre ni barrio, sin ni siquiera saludarla, decirle diosa o ídola, o elegir números para ganar premios, le sacó el prendedor de las manos. Cuando la cifra superó los 880 mil, última oferta de la conductora, Susana se levantó y salió enfurecida de la sala, revoleando sus extensiones rubias, mientras el resto de la gente aplaudía. No se quedó para saber el valor final de la venta (u$s 992.500) ni, como es su costumbre, felicitar por teléfono al ganador.

El arte imita a los tamagotchis

Japón, tierra de samurais y tamagotchis, ha dado de nuevo un gran paso para un hombre y un pequeño paso para la Humanidad. Quizás hartos de pagar cifras astronómicas por obras de arte, de batir sus propios records, y de aun así tener que viajar para apreciar lo que no está a la venta, los japoneses gozan ahora de las bondades del Museo Otsuka. Financiados los 320 millones de dólares de costo por el señor Masahito Otsuka -cifra lo suficientemente considerable como para autoinstalarse en el bronce de la entrada-, la prestigiosa casa del arte no lo será tanto: sus paredes sólo albergarán réplicas tamaño real de más de mil obras de pintores como Leonardo, Monet, Picasso y Van Gogh. El señor Otsuka ha esgrimido que “estas copias durarán más que los originales”, ya que las réplicas, lejos de las perecederas láminas y posters que se pueden adquirir en los demás museos, están fabricadas con azulejos mediante un programa de computación que, oh casualidad, otra de sus compañías desarrolla y comercializa.


Luna Llena

Primero fue por partes: Fracturas y continuidades en la historia argentina, en 1992. Después siguió con algo compacto pero entero: Breve historia de los argentinos, en 1993. En 1994 comenzó con algo entero, no por partes, pero sí por tomos: Historia Integral de la Argentina, diez volúmenes cuya entrega finalizó en 1997. Entonces, se editó “una propuesta curiosa y divertida”: el libro Juegos patrios, “más de cien pasatiempos para entretenerse con la historia argentina”, en una edición a cargo de Julio Parissi sobre los diez tomos citados. Ahora, quizá para aquellos que no aprobaron los pasatiempos y sin embargo claudican ante la sola idea de repasar a través de los diez tomos, y “concebida con la idea de identificar aquellos procesos que producen a lo largo de la historia elementos constitutivos de nuestra identidad”, llegan los dos primeros y lánguidos tomos de la colección Momentos clave de la Historia Integral de la Argentina: ni más ni menos que un moderno eufemismo para los antiguos resúmenes Lerú, esos que un profesor de Historia jamás recomendaría.