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BUENA MONEDA
Un lugar en el mundo

Hay que estar preparados porque el que avisa no traiciona. El petróleo se está recuperando desde sus valores mínimos. En estos días ha trepado a niveles de enero de 1998: en Nueva York se han pactado contratos para mayo con una cotización de 17,8 dólares. Durante la depresión de los precios las petroleras locales no trasladaron esa baja a las naftas, capturando así una renta extraordinaria de más de 1000 millones de dólares. En mercados desregulados y con casi una nula intervención oficial para evitar el abuso de empresas dominantes, no sería extraño que las petroleras suban los combustibles argumentando el alza internacional del crudo.

Mientras se espera el ajuste en las naftas, resulta interesante observar cómo el aumento de casi el 50 por ciento en el petróleo, debido al acuerdo de restricción de oferta de los productores, precipitó entre los economistas un cambio de percepción acerca de la evolución de las materias primas. Impresión basada en un cambio también en la idea de que la recesión global no será tan terrible como se suponía. Ese nuevo esquema tiene como pilar a EE.UU., que sigue dando señales de fortaleza. Además, Brasil está recuperando la confianza de los inversores disminuyendo así la gravedad de la crisis y su impacto sobre América latina. Europa, por su parte, bajó la tasa de interés para reactivar la economía, y en Asia, Japón también está recibiendo el voto de los inversores a pesar de que todavía no muestra señales de recuperación (su producto bajó 3,2 por ciento en el último trimestre de ‘98). Y, por último, algunos tigres asiáticos comenzaron a ver la luz al final del túnel, destacándose la mejora de Corea que de una caída del 5,7 por ciento subiría 2,5 este año.

Con ese escenario muchos economistas han empezado a pronosticar alegremente el fin del ciclo bajista de los commodities, retroceso que se inició con el colapso de la demanda asiática y se profundizó con la crisis rusa y brasileña. Previo al estallido, Asia fue una fuerte región importadora de materias primas, fundamentalmente cuando estaba lanzada a inversiones en infraestructura sin retornos lógicos. Pese a que el FMI advierte que el precio de los commodities bajarán más este año y que la OCDE previene que los productos agropecuarios, aunque empiecen a subir, no recuperarán hasta el 2004 los niveles de comienzos de esta década, predomina una corriente optimista. Muchos bancos de inversión, entre ellos Goldman Sachs, difundieron informes afirmando que continuará el alza de los commodities, estimación que explica el rebote que registraron las bolas de plazas emergentes productoras de materias primas, entre ellas la argentina. Pero el menor crecimiento de la economía mundial explica sólo en parte el retroceso que tuvieron los commodities. Los precios de los productos básicos vienen cayendo en términos reales desde hace años. Esa pérdida de valor tiene su origen en innovaciones tecnológicas y en un cambio en la composición del gasto de los países desarrollados, que aumentan el destino de recursos a servicios a la vez que disminuyen la demanda de materias primas. El salto tecnológico permite usar fibra óptica en lugar de cobre, reduce la utilización de plata en la industria fotográfica y de platino en los convertidores catalíticos, entre otras sustituciones, y mejora, además, la productividad en alimentos y energía.

Ante esa perspectiva, ¿qué tiene para festejar Argentina por un amague de suba de los commodities? Un país que concentra el 70 por ciento de sus exportaciones en materias primas (petróleo, energía, acero, minerales, granos) y manufacturas de origen agropecuario. Ese país no tiene un boleto para subirse al tren y encontrar un lugar en el mundo.