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El Baúl de Manuel

Por M. Fernández López

Intolerancia

Cuando se estudia la vida de los economistas, y en especial la de aquellos que se ocuparon en la fatigosa tarea de enseñar la ciencia económica a jóvenes universitarios, se vienen abajo varios mitos. Uno es el de la Argentina respetuosa de las ideas y creencias de cada cual. Si bien las ideas no se matan, como alguien dijo y Sarmiento gustaba repetir, no faltaron intentos de acallarlas o limitar su difusión. Y no fueron casualidades o accidentes, debidos al azar o a travesuras de un funcionario menor. Algunos casos fueron medidas tomadas por algunos de los hombres de Estado más reconocidos, como Roca y Perón. Emilio Lamarca, por ejemplo, fue uno de los docentes más preparados de la cátedra de Economía Política de la Facultad de Derecho, con estudios en Inglaterra y Alemania. En la UBA estudió economía con Vicente Fidel López. En el Congreso Pedagógico convocado en 1882, asumió, junto a Estrada, Sastre, Goyena, Achával Rodríguez y otros, una posición contraria al gobierno. En mayo de 1884 Roca y Wilde, en acción fulmínea, propia de militares en campo de batalla, separaron de la cátedra a Lamarca. En 1945 Luis Roque Gondra, ya con cáncer, fue buscado hasta su casa para detenerlo, y debió buscar asilo en la embajada de la R. O. del Uruguay. Poco después el decano interventor del P.E. nacional le dio de baja como profesor titular. En 1948, luego de negarse a dar una parte de su sueldo para el “monumento al descamisado” y negarse a emitir una opinión sobre el primer plan quinquenal, Raúl Prebisch fue separado de la cátedra que había ganado en 1934, por orden expresa del presidente Perón al decano de Ciencias Económicas Justo Pascali. Caído Perón en 1955, toda la planta docente fue expulsada, bajo la más prolija denominación de “jubilación de oficio”. En 1974, el gobierno de Isabel Perón, a través del rector Ottalagano, le quitó a Rolf Mantel la cátedra ganada por concurso, por hallarse en el exterior como profesor visitante en uso de una licencia otorgada por la propia universidad. Y hay más casos, de profesores detenidos varios años o con pedido de captura. ¿Los delitos? Lamarca: ser católico y no masón. Gondra: ser radical y no fascista. Prebisch: no expresar una pública adhesión a los proyectos del gobierno. Mantel: ser un estudioso de reconocimiento internacional. Nos quejamos de cosas que nos pasan, pero en su momento consentimos estas acciones, propias de bárbaros.


Hombres y autos

Ya en 1898 Silvio Gesell aludía a la creencia de que las leyes económicas no se cumplían en la Argentina: “No es raro oír decir aquí, que el efecto de los procesos económicos es en este país siempre diametralmente opuesto á lo que se esperaba, que las leyes económicas rígidas e inflexibles en otros países, se doblan ante la riqueza inexplotada de la República. Pero la explicación no está en una desviación de las leyes económicas á favor de la República, sino en una desviación de nuestro criterio. Son ilusiones ópticas. Si nuestro sentido común no hubiese sido desviado de su dirección rectilínea por los sofismas económicos de que aún está acribillado el lenguaje popular, no habríamos encontrado ninguna contradicción entre las leyes económicas y sus efectos, al contrario, habríamos podido prever que todo lo que ha sucedido y lo que sucede, debía necesariamente suceder. Se ve, pues, que si las cosas toman el camino inverso de lo que esperábamos, no es porque aquí las leyes económicas se hincan delante de la inmensidad de la pampa, sino porque esperamos cosechar peras del olmo. Vemos mal, somos ciegos: es todo lo que sucede de anómalo en este país con respecto a las leyes económicas”. Veamos cómo maneja el argentino y no explicaremos cómo se conduce en otros órdenes. No debe pisar la senda peatonal: él se estaciona encima de ella. Debe estacionar a 20 cm del cordón, las ruedas derechas y sin cambios: élse estaciona pegado, con las ruedas cerradas hacia la vereda, en primera y con freno de mano. En otros órdenes: Tenemos derecho a trabajar, pero se niega el empleo. Hay derecho a peticionar a las autoridades; cuando se ejerce, la respuesta son balas de goma. El trabajo debe gozar de la protección de las leyes: el argentino aprueba leyes para desproteger al trabajo. Debe haber jornada limitada y descanso y vacaciones pagadas: la jornada es “flexible” y antes de darte franco o vacaciones, te echan. El salario debe ser vital y móvil, y no bajar de un mínimo: el propio Estado lleva una década de salarios congelados y no toma en cuenta el valor de la canasta familiar. El trabajador debe participar en las ganancias de las empresas: mostrame una. La ley debe proteger contra el despido arbitrario: en la Argentina real el despido es arbitrario y no hay juez que obligue a una empresa a mantener al trabajador en su puesto. Es el mundo del revés donde, como se sabe, el ladrón condena al juez.