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ALFREDO MOFFATT

�Civilización y barbarie... ¿cuál es cuál?�

La Argentina se fundó mal. El Virreinato del Río de la Plata se creó para llevarse el oro de América a España; nuestro primer presidente, Bernardino Rivadavia, siguió con la costumbre creando la primera deuda externa con el empréstito de la Baring Brothers y quedamos pagando deudas externas hasta hoy. Sólo vamos cambiando de dueño, ahora es el Fondo Monetario.
Existe una situación fundante equivocada, creemos que somos europeos pero estamos en el continente Latinoamericano. La escena inicial del fuerte Sancti Spiritu, Pedro de Mendoza y la empalizada que lo aislaba del entorno sigue presente y hoy se llama Avenida General Paz. En aquella época, adentro estaban los blancos europeos y afuera los indios “en bolas y a los gritos”. Hoy quedan afuera los habitantes pobres del conurbano bonaerense que están vestidos pero juntando bronca, y con ganas de traspasar la empalizada ancestral que divide la Capital del interior (y pienso que van a entrar).
El nefasto, prejuicioso esquema sarmientino de civilización y barbarie supone como civilización la europea y como barbarie la cultura criolla, esto lleva directamente a la dependencia psicológica y cultural de los valores europeos, también prepara el sometimiento económico a los imperialismos de turno (español, inglés y ahora norteamericano).
Es increíble que el ideólogo de la educación de nuestra Patria haya dicho: “No ahorren sangre de gaucho que sólo sirve para regar la tierra”. Pienso que se lo eligió justamente para que la cultura europea civilice a estos bárbaros o sea a los criollos, que nos hubieran podido dar el núcleo de identidad desde donde resistir la colonización.
Históricamente el conquistador español llegó junto con el sacerdote, esto no es casualidad ya que para dominar a un pueblo debe someterse no sólo su cuerpo sino también su mente. Los soldados doblegaban al indio, con la espada su cuerpo, y con la cruz su mente. Los sacerdotes le traían un Cristo crucificado que inducía a la cultura de la culpa y el pecado, en lugar de la cultura indígena con deidades como la Pachamama, de la fecundidad de la tierra. La virgen María es opuesta a la Pachamama. La primera representa la virginidad, el cerrarse sobre sí misma, la no sexualidad. La otra, la fecundidad, la multiplicación de los frutos de la tierra y lo grupal.
La cálida Latinoamérica en oposición a la fría Europa induce a la cultura tropical de la vida, en la geografía selvática el erotismo es parte de la Naturaleza, su música y su arte tienen picardía, sensualidad, con ceremonias festivas, con rituales de pasaje para el proceso de la vida. Todas las culturas indígenas son comunitarias, una tribu es una unidad de producción, el kibbutz judío es copiado de los llamados pueblos primitivos.
En el Altiplano la población tiene una gran pertenencia a la cultura incaica que les dio esa estructura vincular de ceremonias, de fiestas como los carnavales, la de los compadres, la de la cosecha, etcétera.
Las culturas de los Andes tienen fuertes estructuras familiares y comunitarias, más de la mitad de la economía boliviana pasa por la autogestión, por las empresas familiares, nunca puede ser globalizada porque está afuera del sistema de los gobiernos entregadores, es autogestión alternativa, es decir que se paran sobre sus propios pies, no dependen de lejanos imperialismos. En realidad, debemos aprender más de los bolivianos y de los brasileños, no copiar modelos de los imperialismos que nos someten. Tal vez la explicación de esta adherencia a Europa es porque no tuvimos un basamento etnográfico autóctono porque nuestros indígenas tenían una cultura nómada y no muy compleja ya que la llanura pampeana no exige grandes esfuerzos para la supervivencia.
Nos han podido someter debido a que jamás pudimos integrarnos a Latinoamérica, nunca llegamos a ser inmigrantes, nuestros abuelos terminaron como desterrados, exiliados nostálgicos. También debemos aceptar que ellos venían atraídos por la frase de Alberdi: “El país necesita brazos para la tierra”, y cuando llegaron las grandes oleadas de inmigrantes encontraron toda la tierra alambrada, ya tenía dueño y terminaron hacinados en los conventillos. Venían a “hacerse la América” y quedaron pegados en la pobreza. Eso explica la naturaleza de nuestra expresión, el tango, el tema de la pérdida y la añoranza.
También nuestro folclor terapéutico, el psicoanálisis, logró un gran desarrollo en la Argentina: hay más psicoanalistas en Buenos Aires que en toda Europa. La psicoterapia tiene la característica de alargarse como un duelo interminable. Esto ni el propio Freud lo proponía, el psicoanálisis argentino se contagió del tango.
Otra explicación de esta melancolía argentina se debe al aislamiento geográfico, vivimos en uno de los territorios más australes del mundo. La Argentina es lo que se llama en geopolítica una cultura de finis terris, o sea donde termina el mundo. Además estamos encerrados por una cordillera al oeste y por selvas al norte. Sólo Australia está en las mismas condiciones que nosotros. Diría que en realidad somos una isla que se desprendió de Europa, anduvo a la deriva y terminó encallando cerca de la Antártida. La solución tampoco sería volver a Europa porque allí seríamos discriminados como “sudacas”.
Por otro lado, tampoco tenemos claras consignas de organización nacional. En la bandera de los brasileños dice: “Ordem e progresso” y en el escudo chileno dice “Por la Razón o por la Fuerza” (una consigna un poco autoritaria para nuestro gusto, parecería de Pinochet...). Los norteamericanos tienen su lema en el dólar: “In God we trust”, que quiere decir “en Dios confiamos”; eso está escrito en su billete, en realidad ese es su dios, creen en el sagrado dólar... Que a mí me parece una deidad existencialmente pobrísima.
Si viene un extranjero acá cree que la insignia azul y blanca es una bandera de fútbol. En el único momento que se la usa es para alentar al equipo argentino en los campeonatos. Curiosamente no fue utilizada cuando traicionaron y vendieron el país.
Los bolivianos tienen normas comunitarias incaicas que respetan, los paraguayos muestran una cultura ancestral de raíces guaraníes. En cambio, la colonización española hizo tabla rasa con las culturas nativas de la llanura pampeana, convirtió al indígena al cristianismo y comenzó a exterminarlo, trabajo que nosotros terminamos con el genocida del general Roca en su Expedición al Desierto (que justamente no estaba tan desierto...).
Parecería que todo el país estuviera definido por los porteños (que quiere decir “los del puerto”), si existimos es porque somos un embarcadero para Europa con muchas ramificaciones para tierra adentro. Incluso en las estaciones de ferrocarriles existe todavía un cartel que dice: “Trenes para afuera” que son los que van para el interior, en tanto los que enfilan para Buenos Aires dicen “para adentro”. O sea para llevar las riquezas a Londres, después a Estados Unidos, y ahora a España, que ha vuelto a extraer el oro de América... (luego de tantos años volvemos a la misma situación).
Este país es insólito porque ningún otro tiene la tercera parte de la población en una ciudad costera al lado del mar, es como si estuviéramos esperando siempre los barcos.
Ortega y Gasset dijo de Buenos Aires: “Es la capital de un imperio que nunca existió”.
Este mundo globalizado tecnológico de hoy es bárbaro, inhumano, estúpido, aburrido, injusto... ¿cómo lo hemos permitido? ¿Cómo nos hemos dejado engañar? Si no hacemos una autocrítica, si no replanteamos la Argentina desde nuestras raíces criollas no lo vamos a poder arreglar. ¿Cuál es la civilización y cuál la barbarie?
La escena fundante está mal, hay que crear otra desde la autonomía y no desde la dependencia, de lo contrario no vamos a saber qué es lo que nos une ni hacia dónde vamos como nación.
Podemos decir que abandonamos nuestra cultura criolla generosa, comunitaria y elegimos la del imperialismo que nos explota. Dejamos la cultura de la gauchada y compramos carísima la de la soledad, individualista y competitiva donde se gana pisándole la cabeza al otro. Cuando alguien se impone, queda solo, en cambio, en la comunitaria, cuando se gana, ganan todos y siguen juntos. (“Si vos perdés, yo gano”, ésta es la perversidad boluda, en lengua de la calle.)
Yo propongo rescatar esa hermosa cultura y enriquecerla con los que nos falta para ser latinoamericanos.
Santos Vega, Martín Fierro, Moreira son héroes solitarios, son perdedores. Los brasileños tienen héroes grupales como los “cangaceiros”, Lampiao con su mujer María Bonita y el pícaro Macunaíma. De modo que si recobramos la cultura criolla va a ser imprescindible agregarle un poco de erotismo y fantasía tropical.
Pobre Fierro... siempre sobreexigido, héroe épico sin debilidades, muy macho pero sin novias... siempre peleando con su cuchillo y atravesando la pampa... (se las tenía que arreglar solito debajo del ombú). Sólo el sargento Cruz lo acompañó, nada de alegría, un plomazo...
Me gusta más Macunaíma, el héroe brasileño, jodón, sexuado, transgresor, a veces confundido y desorientado, pero muy humano; este personaje podría ser perfectamente un héroe de los Redondos, la Bersuit o la Cumbia Villera. Deberíamos mezclar a Fierro con Macunaíma.
Fierro no tiene debilidades, es un serio, un marginal que da consejos. El libro me parece la base más importante de nuestra literatura, es la epopeya de nuestro gaucho, pero le falta erotismo, locura. Es un héroe muy argentino, sobreexigido pero finalmente tentado por el fracaso.
Es interesante también analizar al gaucho y al cowboy, son opuestos e incluso inversos en sus roles respecto al sistema. Fierro es un gaucho matrero, es el delincuente-héroe. En la cultura imperialista el héroe es el comisario.
Los Estados Unidos tiene otra escena fundante que son los disidentes religiosos del barco Myflower. Ellos fueron expulsados de Inglaterra y no podían volver. Tenían una consigna: “la conquista del Oeste”, debían llegar hasta el Pacífico. Su héroe nacional es el cowboy sheriff, que representa el poder y persigue a delincuentes latinos y mexicanos. En cambio, nuestro héroe es un bandido, es el gaucho matrero que pierde, perseguido por el traidor sargento Chirino.
Absurdamente en lo musical no hay nada más extranjero e ignorado que José Larralde y por otro lado los que se promocionan masivamente son los Backstreet Boys, los Ricky Martin, etc., que aseguran el sistema de globalización.
Estando en una escuela rural en Santiago del Estero pude comprobar el sometimiento cultural del sistema educativo de nuestro Ministerio de Educación. Un niño de rasgos indígenas estaba mirando una ilustración en su libro de lectura, era la imagen de un chico rubio jugando con una ardilla... y el changuito tenía de mascota un peludo y vi que él se dio cuenta que no existía... el verdadero alumno era el rubio con la ardillita.
Una buena noticia respecto a nuestra integración latinoamericana es que nuestro héroe máximo, San Martín, parece que era hijo de una india, cuando dijo: “Si no tenemos uniformes para pelear, pelearemos en bolas como nuestros hermanos los indios”, lo de hermano lo decía en serio.
Por otro lado, la televisión sirve como herramienta de adiestramiento de la cultura globalizada para fabricar pasivos espectadores, así como también para que los chicos crean que la violencia y el consumo es algo natural del ser humano.
A la directora de un hogar nuestro para chicos de la calle, le dijo un pibe que recién había ingresado y que estaba en el robo: “Mirá, Teresa, la televisión nos enseña todo, cuando viene la tanda sabemos qué tenemos que tener y cuando viene la serie policial sabemos cómo conseguirlo”.
No es mi idea proponer una autocrítica masoquista, no decir “el país es una mierda, yo me voy”, ya que sería una mirada melancólica y castrada que no nos llevaría a nada. Sugiero decir: “Cortémosla con esto e inventemos el país nuevamente”. Concibamos una patria con justicia social, construyamos una síntesis entre la criolla y la europea, retomando nuestra historia, teniendo algo que nos singularice, pienso que éste es el momento, porque una crisis es también la oportunidad del cambio y el rescate de nuestros orígenes puede ser una manera de saber de dónde venimos y por lo tanto elegir adónde vamos.
La ferocidad del Proceso militar eliminó físicamente a quienes podían oponerse a la venta del país. Luego vino un turco pícaro a gobernar, era un jefe beduino salido del cuento Alí Babá y los cuarenta ladrones, aunque no daba más que para ser almacenero en La Rioja y tal vez para robar en la balanza, llegó a presidente. El actual De la Rúa es una persona pasiva, incapaz de una decisión, creo que la aterosclerosis viene a ocultar una naturaleza inhábil desde que era joven. No modificó demasiado su estilo anterior de discursos con frases sensatamente tontas. Tal vez hubiera sido un buen jefe de archivo de una oficina municipal. La pregunta es: ¿qué nos pasa a los argentinos que no podemos conseguir un presidente que defienda al país? En medio de esta tormenta tenemos capitanes que venden toda la carga y otros que dejan hundir el barco porque se duermen. El tema es, ¿quiénes somos realmente? ¿Qué nos pasa? Hay que rescatar a Jauretche, Marechal, a Arlt... a los que hablan de nosotros. Sólo consagramos a un autor de fina cultura europea, nacido en Buenos Aires: Borges, que eligió morir elegantemente en Ginebra...
En la Facultad de Psicología no hay una sola materia que hable de marginalidad, grupos de riesgo, chicos de la calle o sobre las instituciones de la crueldad. Sólo trabajan con la angustia privada desconociendo la pública. En la Universidad del Estado no se generaron teorías o técnicas para resolver los problemas de nuestra realidad, que es muy dolorosa para la inmensa mayoría. Y curiosamente, la Universidad de Buenos Aires es sostenida económicamente por el pueblo que ella ignora.
La Iglesia tiene una vieja receta para someter (que evita la violencia física que utiliza la policía). Lo hace ejerciendo el control interno, subjetivo, a través de la culpa y el temor a la muerte. Es un método más sutil y de mayor eficiencia que los golpes policiales. Enseñan que “todos nosotros somos culpables. Jesús nos mira con sus ojos doloridos y reprochantes desde su martirio en la Cruz”. Pero en los Evangelios aparece Jesús como el inventor de la ética del amor, no del miedo y de la culpa. El primitivo símbolo de los cristianos en las comunidades fue el pescado que representaba el alimento divino. Cuando Roma hizo suyo el cristianismo, cambió este símbolo por la cruz, utilizada en el Imperio Romano como instrumento de tortura. Con esa ética siempre estamos en falta, en eterna deuda, preparándonos psicológicamente para la eterna deuda externa.
Cada movimiento popular terminó con una restauración del poder; es el caso de Urquiza, Uriburu, la Libertadora y los asesinos del Proceso. Hoy adquiere formas más disimuladas, como la globalización de Cavallo, que operó gracias a Menem-títere, creador de las relaciones carnales con el imperialismo, que llegó al poder engañando al pueblo disfrazado de Facundo Quiroga con las patillas del caudillo riojano. Creo que nosotros tuvimos muchos héroes que murieron en el destierro y muchos traidores nativos que hicieron grandes fortunas, que hoy son terratenientes empresarios.
Volviendo al tema de la marginalidad podemos decir que un pueblo desesperado, cuando siente que no hay salida, es muy peligroso para el poder. Si no hay nada que perder, no se lo puede controlar. Cuando hay desocupación y hambre, los excluidos pierden el miedo a morir y les da lo mismo si les apuntan con un arma o no. Cuando cortan una ruta le mandan mil gendarmes, cortan diez rutas y le mandan veinte mil, pero esto no puede continuar ya que no tienen tantos y entonces se puede dar vuelta la tortilla.
Como resultado de la desesperación que producen los niveles altos de desocupación, en la escena política actual irrumpió un fenómeno nuevo con técnicas de la Intifada árabe, es algo inesperado: el poder-piquetero que surge de la organización criolla marginal de base. Observamos que el gobierno ya no negocia con la oposición. Hay una escena muy iluminada que es la de los políticos de turno, repleta de flashes y cámaras... pero va quedando vacía de poder porque éste comienza a ocupar la otra escena menos iluminada que es la del pueblo marginado que empieza a impacientarse. En esta escena se va a jugar el futuro del país. Tengamos en cuenta que el joven piquetero, con toda la energía y la bronca de la juventud, es sólo la punta del iceberg.
Esos muchachos de Tartagal y Cutral-Có no tenían nada que perder; entonces, justamente por eso se juntaron y lucharon. El pobre sufre hasta que decide no hacerlo más. En estrategia militar se aconseja que a un ejército que huye jamás se lo debe acorralar contra un río o una montaña, porque la desesperación puede dar vuelta la batalla.
En el liderazgo de los cortes de rutas, en algunos casos se reproduce el modelo de las patotas: el jefe es un tipo con todo el poder, es emocional, se juega por los otros y los demás por él. Si de esa violencia se obtiene un para qué, como por ejemplo hacer una tarea comunitaria o luchar para que los viejos y los hermanitos tengan comida, se asiste a la transformación de ese patotero peligroso en el héroe de un barrio.
La dictadura militar con el terror de Estado introdujo en la sociedad argentina niveles de violencia y crueldad que impregnaron las fuerzas de seguridad. Las principales víctimas fueron los jóvenes. El abuso de la autoridad generó el deterioro de toda autoridad, completado luego por el indulto que dio la impunidad a todo delito. Un joven ex delincuente me decía en una de nuestras comunidades terapéuticas: “Yo maté a uno solo y los militares mataron a 30.000. Ellos están sueltos, ¿por qué yo voy a ir preso?”.
Se vive en medio de una crisis en la que no se sabe quién es quién, si se trata de un policía o ladrón, si el político nos ayuda o nos perjudica. Es una crisis confusional. Hay un vivir en el presente, en el que no se sabe qué va a pasar, perdimos nuestra historia y por lo tanto no hay un proyecto de país ni de instituciones, de familia o de personas. Este no saber cómo continúa la película en la que estamos metidos, genera mucha angustia. Si la historia mía no la puedo continuar, no tiene sentido estepresente; si yo no tengo un proyecto de destino, si no sé adónde voy, desde el punto de vista existencial, no sé quién soy.
En la Argentina nos manejamos con cadáveres sin asesinos. Tenemos el caso de María Soledad en Catamarca, una chica de pueblo que como no tenía un asesino, derrumbó a los Saadi. También pasó con el soldado Carrasco, cuya muerte golpeó al Ejército y terminó con el servicio militar obligatorio. Y el asesinato de José Luis Cabezas derrumbó a la cúpula de la Policía de la Provincia de Buenos Aires y a Alfredo Yabrán.
A estos cadáveres sin asesino habría que sumarIes los desaparecidos durante el Proceso y esa deuda no está aún saldada.
La ley básica para organizar una sociedad dice: “No matarás”; no puede haber 30 mil cadáveres sin asesino. Se sabe quiénes son los culpables... pero están impunes.
Otro tema es que en la Argentina no hay más oprimidos, ahora son “carenciados”, que parece que nacieron de un repollo, esto es porque si hay oprimidos hay que aceptar que hay opresores. Hay una perversión semántica que impide señalar la realidad. Ahora los pobres en Acción Social del gobierno se llaman los NBI (Necesidades Básicas Insatisfechas). Ya nuestro pueblo es una sigla...
Recuerdo que un economista americano dijo: “Con la globalización, la guerra contra la pobreza ha terminado... la perdieron los pobres”.
No podemos definir muy bien lo que sucede en este momento porque el código de lectura de una mutación histórica es fabricado después de ocurrido el hecho. Los que tomaron la Bastilla creían que era sólo una rebelión, no sabían que estaban inaugurando la Revolución Francesa. Cuando fueron con los paraguas (que en realidad no existían todavía) frente al Cabildo no sabían que era el nacimiento de la Patria. Perón le manda una carta a Evita el 17 de Octubre y le dice: “Mirá, Negrita, ya no tenemos ningún otro recurso, nos tenemos que ir a la Patagonia, tengo una casita...”, y no sabía que eso iniciaba la inclusión de los sectores más marginados en el escena política argentina.
Esta crisis actual tiene carácter mutante y los paradigmas de lectura se modificarán. Sólo la historia interpretará este presente.
Yo soy un pesimista esperanzado, miro esta realidad y digo: “Yo quiero seguir peleando”. Soy hijo de una madre alemana de Comodoro Rivadavia, venida de la guerra, entonces tengo algo de ese espíritu colonizador de la Patagonia. En la historia cuando las sociedades se enferman, se agravan y luego se sanan. Llegamos al fondo de la pileta, vamos a dar una patada y volveremos a la superficie, pero es difícil saber dónde está el fondo de la pileta porque las aguas están turbias... un poco sucias de corrupción y otras injusticias.
Nuestra clase media tiene un modelo social individualista, pero el pueblo sigue siendo solidario porque está en una situación que si no lo hace, no sobrevive. Las madres populares tienen una gran energía... son de la raza de las Madres de Plaza de Mayo, son Pachamamas con una enorme cantidad de hijos, pelean bravamente por la vida de sus hijos y muchas veces sostienen la economía familiar.
El equipo de nuestra Escuela de Psicología Social es de clase media; cuando íbamos a trabajar con el pueblo, inicialmente creíamos que éramos gente buena que iba a hacer trabajo de base, ahora nos damos cuenta de que vamos a cargar las pilas y a enriquecernos, porque toda esta gente sufriente aunque no tiene un nivel de información académica muestra una capacidad enorme de comprensión existencial sobre la muerte, la locura y el amor, que son los temas básicos del alma. Aprender de ellos hace que uno aumente su capacidad para enfrentar la incertidumbre y darle sentido a la vida frente a la muerte. En realidad, este mundo marginal y desprolijo, de rostros aindiados, tiene la sabiduría de la tierra y esa alegría fundamental de estar vivos a pesar de todo. Otra patología de esta nueva sociedad tecnológica globalizada, que se opone a la sociedad tradicional, es la homogeneidad. Se han perdido las actividades barriales; el potrero, la barra, el café, eran instituciones de socialización que se han destruido. Esto lleva a la fragmentación, disociación, entre los distintos componentes de la sociedad. Hay guarderías para niños y asilos para ancianos. Es decir que no se resuelven las dos etapas pasivas de la vida como complementarias en el sentido que los abuelos cuidan a los niños y permiten que los adultos estén en la lucha activa. En nuestro interior, el tata viejo cuida al gurí, se complementan las dos etapas de la vida, no son necesarias las guarderías ni los asilos porque existe la familia.
Algo que me produce mucha indignación es que aparezca como preocupación ciudadana sólo la violencia juvenil y no se perciba como problema en los medios la prostitución de niñas, seguidamente porque no constituyen un peligro público, pero sí es un gran riesgo para ellas por el sentimiento de degradación psicológica de su propio cuerpo y también por el sida. No ejercen la violencia, por eso la sociedad no las percibe como problema, pero ellas sí son violentadas. Quiere decir que si se hacen daño a ellas mismas, no importa, basta que no maten a ninguna persona de “bien”... siendo que éstos son muchas veces sus clientes.
No hay duda que a los tumbos y desprolijamente, los jóvenes están buscando crear ese nuevo mundo en el que van a vivir en este siglo que empezó. En forma desprolija y transgresora están inventando un mundo mejor, más creativo, más honesto, más justo. Hay expresiones de ellos como “ya fuiste”, que indican la intención de un nuevo mundo a crear. Tienen incorporados fuertes valores de “bancaje” entre ellos, de amor, de solidaridad, además dicen: “te canto la justa”, “no me vendás verdurita”, “es sanata”; salen de la hipocresía, son más sinceros, “te la digo de una”, y también más tolerantes: “si te cabe, hacé la tuya...”.
Seamos honestos aunque nos causen espanto y reprobación algunas de sus conductas, aceptemos que no son más que las que aprendieron de este mundo adulto que termina su ciclo; hagámonos cargo de que lo que les entregamos a los jóvenes contiene bastante estupidez, crueldad, individualismo, corrupción y muy poco amor...
Por algo nos llaman “caretas”, llevamos máscaras para ocultar nuestros sentimientos, decimos una cosa y sentimos otra, eso se llama hipocresía, trastorno que no sufren ellos.
Las sociedades son como organismos vivos que cuando se enferman reorganizan sus defensas y se adaptan a las nuevas condiciones. La historia es pendular, toda crisis es oportunidad de crecimiento. Los adultos debemos aceptar que los jóvenes van a ser siempre los dueños de inventar la casa del futuro en la que vivirán, simplemente por la sustitución generacional, nosotros nos vamos a morir y de ellos es el mundo del mañana.
Un grupo de adolescentes de un instituto carcelario me decían: “Acá hay que dejarse de joder con el Ministerio de Economía, hay que batir la justa y crear el Ministerio de la Pobreza y la Secretaría de la Angustia y la Desesperación”. (Me ofrezco con mi equipo para ocupar ese cargo.)
Los jóvenes están inventando una nueva cultura de la rebeldía, la denuncia y la redefinición de las emociones, que empieza a ser expresada en las letras de sus canciones. Grupos como la Bersuit, los Redondos o la Cumbia Villera son la muestra de ello. Eso nos tiene que dar esperanzas, porque hay denuncias muy claras, los chicos no comen vidrio y van a dar pelea. Las bandas tienen más convocatoria que cualquier político. ¿Quién llena la cancha de River como sus conjuntos favoritos?
Están inventando como lucha política el corte de rutas de los piqueteros, el escrache de los H.I.J.O.S. Aparecen las denuncias y la protesta en las letras del rock marginal cada vez más combativas. Después están los “Hijos del Culo” de la Bersuit donde en forma brutal y muy explícita se habla de la corrupción, el manejo de la droga, la venta del país, etcétera.
Después de todo este diagnóstico de la paciente imaginaria República Argentina, que me la imagino con el manto roto, magullada, sin el gorro frigio, pienso que esta verdadera y pobre Patria nuestra va a resurgir como una fiera Pachamama defendiendo a sus hijos de este genocidio económico. No lo olvidemos, más de cincuenta chicos mueren diariamente por desnutrición...
Este es un sistema para la muerte, para enfrentarlo propongo apostar a un proyecto para la vida. Ya podemos ver una cantidad de islotes solidarios que van reconstruyendo la trama vincular de nuestro pueblo, que tienen como característica la autogestión y lo alternativo. Son organizaciones de base que no dependen de un sistema estatal.
Históricamente, la pueblada del 25 de Mayo de 1810, también el 17 de Octubre de 1945 y el Cordobazo que tumbó a Onganía fueron movimientos espontáneos, autogestivos. Todas las revoluciones que modificaron la historia fueron explosiones populares, como la Revolución Francesa y la Rusa, la primera fue la toma de la cárcel de la Bastilla, la segunda del Palacio de Invierno (¿Nosotros qué tomaremos?...). Hasta el cristianismo primitivo fue autogestivo y la mita indígena fue también una forma de trabajo comunitario.
Lo alternativo es muy importante porque permite el trabajo fuera del sistema, busca una solución nueva, insólita o inesperada que aparece después de replantear todo el problema y tiene la utilización de estrategias marginales de cambio.
Las técnicas tendrán que ser necesariamente alternativas porque los medios convencionales los tiene el poder; son modos de resolver un problema cuando el sistema formalizado no lo hace. Un ejemplo de esto son el Club del Trueque, las ollas populares, los piqueteros, los numerosos comedores barriales donde las madres se juntan. Nosotros hemos creado instituciones de Salud Mental como El Bancadero que se hizo sin dinero y sin pedirle permiso al sistema; ya atendió solidariamente a 30 mil pacientes. La radio La Colifata es otro ejemplo, coordinada por Alfredo Olivera y organizada por los internos del Hospital Borda, que rompió las paredes del manicomio.
Seguir creyendo en la revolución, en un cambio del sistema de producción, es necesario; inclusive más que antes. Esa revolución sería lograr una mayor justicia social con creatividad, depende de la enfermedad social que es la injusticia. Mientras haya injusticia va a haber jóvenes que van a inventar de nuevo la revolución, con nuevos caminos que imaginarán.
De todas maneras la solución de fondo, como siempre pasó en la historia, depende de un movimiento de masas inesperado e imparable que rescate un proyecto de país, de Patria. Esta búsqueda de una identidad argentina no es fácil porque implica un cambio de paradigmas.
A pesar de la tormenta y los negros nubarrones, va a salir el sol otra vez, como siempre ha ocurrido en la historia. Las sociedades hacen crisis cada tanto, otras terminan su ciclo y creo que a esta sociedad capitalista, de rapiña y tan empobrecida humanamente, se le está terminando su hora.
Los argentinos estamos fragmentados, separados, nos peleamos entre hermanos.
Inventemos una Patria desde nuestras raíces, que nos una... o esta crisis nos destroza.

(*) ALFREDO MOFFATT, psicólogo social, director de la Escuela de Psicología Nacional; docente de la Universidad Popular Madres de Plaza Mayo. El trabajo publicado es una clase especial dictada en la Universidad de las Madres.

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ARGENTINA...¿QUÉ VA CHA CHE?

LEON ROZITCHNER: VIOLENCIA Y CONTRAVIOLENCIA / TEATRO DE NORMAN BRISKI EL POETA CASTELPOGGI. ESCRIBEN: BAYER - MARIN - H. GONZALEZ - BEINSTEIN - VIÑAS BARCESAT - SCHILLER - SOARES - BARBARA - GRANDE - RACOSTA - R. ANGEL - AZNAREZ KOHAN - DESIDERATO - TRAPANI - QUIROGA - MARE - RODRIGUEZ - RIVERA - KAZI - ZITO LEMA.

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