Juguetes del destino
Hace casi 25 años, un cowboy de juguete y un luchador espacial de plástico, dos de los muñecos más inquietos del niño Andy, iniciaban la primera entrega de la serie Toy Story, echando a rodar el peculiar espíritu de Pixar, la empresa californiana llamada a revolucionar el cine de animación que orbitó alrededor de unos cineastas talentosos como John Lasseter, Tim Burton o Henry Selick. En 1999 y 2010 la saga continuaría con Toy Story 2 y Toy Story 3. Esta semana se estrena en Argentina en una considerable cantidad de salas Toy Story 4, esta vez dirigida por el debutante Josh Cooley, ya que hace un año Lasseter se vio obligado a abandonar Pixar por denuncias de acoso y por generar un clima sexista de trabajo. En esta cuarta entrega que los nuevos responsables de Pixar juran y perjuran que es la última producción basada en éxitos anteriores, se retoma a los personajes de siempre, se incluyen algunos nuevos y, sobre todo, se promete mantener el nudo central del éxito de toda la saga: la mezcla irreverente de aventura y amistad con las obsesiones por el paso del tiempo, el miedo al abandono y la irremediable salida al mundo adulto que marcan el fin de la infancia.






















