La rata le ganó a larreta
Con el movimiento de tierras de los últimos meses, la presencia de ratas en la Ciudad Autónoma aumentó en un 50 por ciento. Los especialistas señalan que el gobierno porteño no controla la población de roedores ni desratiza a los niveles necesarios para combatir la plaga.

La cantidad de ratas en la Ciudad de Buenos Aires aumentó más del 50 por ciento sólo en el último trimestre debido a la falta de desratización del gobierno porteño, tanto en las escuelas como antes de comenzar obras de grandes magnitudes que provocan la migración de los roedores. Por eso, hoy hay un promedio de entre siete y nueve ratas por habitante, es decir, unos 21 millones de ratas.

Si bien la infestación por roedores se da en todos los barrios porteños, la zona sur es la más afectada debido a las malas condiciones sanitarias, sobre todo en el área cercana al Riachuelo, donde las ratas suelen encontrar las condiciones para establecerse. Supermercados, almacenes y restaurantes son los lugares donde más se encuentran.

Además, quienes trabajan en control de plagas aseguran que la presencia de roedores aumentó considerablemente en el último tiempo. “La demanda por aparición de roedores en casas, empresas e industrias aumentó un 50 por ciento en el último trimestre”, sostuvo Gonzalo Fariña, director de la empresa Higiene Ambiental, que desde hace cincuenta años se dedica a la prevención y control de plagas urbanas. Para el especialista, el fenómeno no es nuevo, aunque señala que en los últimos años hubo un incremento cada vez mayor en la aparición de roedores en la ciudad.

Y es que debajo de la ciudad, como ocurre en todos los grandes centros urbanos, hay una enorme colonia de ratas. “Si vos vas a la noche a la zona de Puerto Madero ves cómo salen de las alcantarillas. De hecho, antes de que se inicien las obras del Paseo del Bajo ya se estaba hablando de 10 ratas por habitante en la zona de Puerto Madero. Entiendo que con las obras y el gran movimiento de tierra que implican, hoy debe haber más”, sostuvo Fariña quien forma parte de la Cámara Argentina de Empresas de Control de Plagas. Además, explicó que supermercados, almacenes y restaurantes son los lugares donde más se encuentran estos roedores ya que es allí donde consiguen “la famosa pirámide de la vida: agua, comida y refugio”.

El brote de hantavirus que hubo en el país en el verano y las recientes denuncias por ratas en las escuelas “Coronel Carlos Tomás Sourigues”, en Flores; la “Rosario Vera Peñaloza”, en Almagro; y la primaria “Marcelo T. de Alvear”, en Caballito; entre otras, despertaron el alerta. Según el registro de la Agencia Gubernamental de Control de la Ciudad de Buenos Aires, en 2018 se realizaron 862 denuncias por presencia de roedores en comercios y sólo en los primeros cinco meses de 2019, 615. Para algunos, Buenos Aires se ha convertido en la ciudad de las ratas.

“No hay una invasión, hay desplazamientos”, aseguró la doctora Olga Suárez, del Laboratorio de Ecología de Roedores Urbanos de la Universidad de Buenos Aires. En diálogo con PáginaI12 explicó que las ratas salen a la luz generando una sensación de invasión en la ciudad. “Las ciudades tienen una gran disponibilidad de recursos para que las colonias de roedores proliferen y aumenten su tamaño poblacional. El tema es que Buenos Aires es una ciudad que está en permanente transformación. Hay constantes cambios y grandes obras que implican mucho movimiento de tierras y eso genera que las colonias de ratas afloren como invasoras y se dispersen hacia otros lugares”, dijo. En ese sentido, señaló que para evitar esta situación antes de cualquier obra de grandes magnitudes se debería llevar a cabo un control de la población e iniciar los trabajos recién cuando se define que no hay actividad de roedores en el lugar.  “Como las ratas nidifican en la tierra, si hacés una obra y no tenés la prevención o no mediste la magnitud de la infestación de roedores, pueden ocurrir estas cosas”, agregó.

En la ciudad existen dos especies de ratas: la “rattus rattus”, la famosa rata negra también conocida como rata del tejado, y la “rattus norvegicus”, también denominada rata china. La primera puede verse caminando por cables y techos, y es poco probable que se la pueda encontrar al ras del suelo. Por eso, este tipo de ratas invade las estructuras por arriba. La segunda especie está asociada a los cuerpos de agua y hace sus madrigueras en la tierra, invadiendo a través de alcantarillas y pozos.

Las ratas y ratones transmiten más de setenta enfermedades y más de doscientos microorganismos patógenos que van desde cuadros virales y parásitos intestinales hasta rabia, leptospirosis y hantavirus. A lo largo de un año, una rata produce en promedio 25.000 excretas, más de 5 litros de orina y libera un millón de pelos que causan enfermedades en los seres humanos. Por cada kilo de alimento que consumen, contaminan entre 10 y 30 kilos.

“Cada vez que una rata come, orina para marcar la fuente de alimento para otros miembros de su colonia. Cuando orina, se libera la leptospira, bacteria responsable de la leptospirosis que presentan la mayoría de las ratas. Por la forma de tirabuzón de esta bacteria, uno puede enfermarse aun sin tener una herida, ya sea por el contacto directo con la orina del animal infectado o través de agua o ambientes contaminados con esa orina. Es una de las enfermedades más comunes y complicadas”, explicó Suárez. Además, la integrante del Departamento de Ecología Genética y Evolución de la Facultad de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA remarcó que en nuestro país no hay un diagnóstico de situación preciso ya que muchas veces estas enfermedades son subdiagnosticadas.

“Hay muchos cuadros de estas enfermedades, más que nada hantavirus y leptospirosis, que tienen los mismos síntomas que un cuadro gripal: fiebre, dolores musculares, dolor de cabeza. Entonces, el avance o no de la enfermedad y la respuesta a largo plazo del paciente depende mucho de su estado inmunológico: si tiene buenas defensas, puede progresar con la enfermedad sin consecuencias e incluso sin que la persona se entere de que tuvo esta enfermedad, pero en una persona que está inmunodeprimida, por ejemplo, la leptospirosis puede realmente ser mortal”, aclaró.

Según la investigadora del Conicet, la zona sur de la ciudad es donde hay mayor nivel de infestación de roedores y responde a las deficientes condiciones sanitarias, sobre todo en la zona cercana al Riachuelo. “La falta de cloacas, el mal saneamiento del Riachuelo, viviendas precarias, agua acumulada, caños rotos y basurales a cielo abierto. Todo eso hace que la zona sur sea realmente la más afectada. En otros lugares de la ciudad hay denuncias pero son más dinámicas, aparecen y desaparecen, pero los niveles de infestación estables se dan más que nada en la zona sur de la ciudad, porque las condiciones son más precarias”, detalló.

“Como regla general, los barrios más afectados son aquellos donde la acumulación de residuos orgánicos es mayor y el manejo es más precario”, agregó por su parte  el ingeniero zootécnico y especialista en control de plagas e impacto ambiental, Guillermo Tarelli.

Por último, el especialista señalan la falta de información oficial sobre esta temática. “De hecho, las estimaciones que manejamos, de 7 a 9 roedores por habitante, son de poco rigor científico ya que nunca se coordinó un trabajo serio de monitoreo o censo poblacional de roedores en toda la ciudad”, dijo. “Imaginate que no contamos con un censo serio de personas, menos aún uno en lo referente a roedores”, concluyó.

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