entrevista a papu curotto (director) y andi nachon (guionista)
Niños jugando
El director y la guionista de Esteros cuentan cómo lograron capturar el fuego de la atracción entre dos niños y caminar sobre las cenizas aún ardientes, unos años después. Una película que reconstruye el principio del deseo en el marco de un pueblo de frontera en todos los sentidos de esa palabra. Se estrena en Buenos aires el 23 de febrero.
Imagen: Sebastián Freire

A diferencia de otras historias entre adolescentes que se centran en la experiencia  del primer amor, Esteros elige contar la suya en dos tiempos. Como lo hicieron Julia Solomonoff con El último verano de la boyita o Hettie Mac Donald en Beautiful thing –las dos películas que inspiraron a la guionista Andi Nachon,  esta nueva producción argentina, opera prima de Papu Curotto, parte también del despertar sexual, pero para retomarla en la adultez y darle forma entonces a la relación entre Jerónimo y Matías, cuyo vínculo parecía haber quedado trunco.  “Hay algo bonito en pensar que esas historias puedan ser recuperadas y tener otra conclusión”, dice Nachón. En este sentido, Esteros cumple el deseo de corregir lo que no pudo ser, recobrando no solo la potencialidad de ese amor sino también la geografía, totalmente explotable cinematográficamente, en la cual se originó. 

Esteros sexuales 

La fotografía de Eric Elizondo trae a la pantalla un paisaje imperdible, tan indomesticable y virgen como el deseo de sus personajes. A pocos kilómetros de Paso de los libres existen los bellos y agrestes Esteros del Iberá, lugar que, como los campos sin tranqueras de la película de Solomonoff, acompaña el despliegue de un erotismo sin condicionamientos. Como en Beautiful thing, la película de 1996 en la que dos adolescentes de un barrio londinense comparten su primera experiencia amorosa, también aquí hay dos familias que representan posiciones antagónicas: una simbolizada por una madre amorosa que acompaña la elección del hijo, en el otro, por un padre machista que se resiste. Sin dudas, es también una conflictiva sucedánea a la de los mismos personajes: mientras que Jerónimo se identifica abiertamente como gay, Matías está peleando aún con sus propias represiones. Dejados atrás los finales terribles de antiguos films de los años ´80 como Otra historia de amor o Adiós Roberto y habiendo pasado mucha agua bajo el puente del panorama cinematográfico GLTB con directores como Marco Berger o Anahí Berneri, Esteros trae al cine argentino un romanticismo alegre y super refrescante que reconstruye, de paso, la vida en los ´90.  

¿Cómo fue desde el guión pensar un vinculo gay que arranca en un momento tan temprano de la vida?

Andi: –Pensé en ese momento previo al deseo, creo que todos estuvimos ahí, cuando no tenes un nombre preciso, pero algo te sucede con otra persona. Son alianzas que te marcan. Pasa el tiempo y seguís sintiendo algo especial por alguien que no seguiste viendo, pero fue una parte importante de tu vida. Fue un proceso largo, con muchas versiones de guión y para escribirlo pensé en mi propia experiencia de infancia, en mis fines de semana de quinta con amigas, pero mas allá de eso creo que es algo que todos tenemos: ese momento en que no sos ni niñx ni adolescente y todo es posibilidad y algun aliadx tuviste.

Y la elección de los chicos que actuaron, ¿cómo fue? ¿Tuvieron buenas respuestas de parte de los padres?

Papu: –Para mí era importante que fueran de Paso de los libres, no de Buenos Aires, sobre todo por el contacto con la naturaleza y cierta tonalidad de las voces. Allá no hay muchas escuelas de teatro, entonces hicimos un casting minucioso por los secundarios y cuando los encontramos, recién ahí les contamos a los padres de que trataba la película. Algunos padres aceptaron y otros no. Nos quedamos con cuatro chicos de los cuales uno, cuando le contamos al padre el argumento lo retiró. Dijo: No me interesa que participe. Y de los otros tres, solo uno quedó afuera porque dos se llevaban mejor entre si. El padre de uno dijo: No estoy de acuerdo, pero si mi hijo quiere, que lo haga. Y el pibe estaba recontento de haber actuado. 

A: –Les pedimos a los padres que les contaran a sus hijos de qué trataba la película. Ese proceso fue super interesante.

P: –Como uno no sabe la información con la que vienen desde la casa, lo que hicimos fue pedirles a los chicos que nos cuenten lo que les transmitieron los padres y entonces veíamos las palabras que traían, porque tampoco es obligación nuestra abrir puertas que los padres no están de acuerdo. Con los chicos hay que sacar peso. En la escena en que se masturbaban, les preguntamos cómo quieren que llamemos a esto y ellos dijeron: Es la escena de la paja. Listo, la nombramos así. No le vamos a estar diciendo la que se masturban cuando ellos ya habilitaron esa palabra.

¿Ellos mostraron prejuicios o miedos?

P: –No, lo que tenían es necesidad de reafirmar su lugar. Por ejemplo, íbamos al corte y se ponían a hablar de la noviecita, como una cosa de afirmar su postura. En la escena en que se daban un beso, en el corte se dieron la mano, como “acá somos machos”. Los chicos tenían necesidad de preguntarle a uno de los actores adultos, Esteban Masturini, cómo es interpretar a un chico gay sin serlo. El les respondió que era un trabajo y le estaban pagando por eso. Eso los tranquilizó.

¿Cómo apareció la canción de Los charros, Como los unicornios? Juega un papel importante en la película

P: –Fue una pelea (risas). Queríamos un tema que fuera emblemático de la época (1998). La primera que queríamos poner fue “Desesperada” de Marta Sánchez en la versión de Dani Umpi, pero tuvimos que renunciar por los derechos. Y ahí apareció la reversión de Leo García de “Como los unicornios” y me encantó.

El personaje de la madre de Jerónimo tiene fuerza en la película, como sucede tantas veces en las historias reales con las madres de los chicos gays…

P: –Yo creo que las madres muchas veces saben. Y las madres lo que quieren es que su hijo sea feliz más allá de cualquier tipo de elección sexual. 

A: –Yo pensé en esa generación de mujeres que para mí son todo un referente, las que tienen 60 o 70. Ahora son señoras pero bailaron, hippearon y abrieron puertas. Pensé en eso en la construcción del personaje de Marilú. Y en ese vinculo intenso de amor por su hijo y por ese hijo medio adoptivo que es Matías.

¿De qué se propusieron hablar con Esteros?

A: –Lo que nosotros queríamos era contar una historia de amor entre chicos que terminara bien. Nos interesaba habilitar esa historia en Corrientes, de donde es Papu. El paisaje de los Esteros tiene esa cosa de latencia que por un lado es la calma y de golpe miras y ahí está el yacaré. 

¿Qué sigue ahora?

P: –Ahora estamos desarrollando una nueva película que se llama Leonzinho, la está escribiendo Andi y la vamos a dirigir juntos. Es la historia de Julia, una mujer brasilera de unos cincuenta años que es pareja de Barbi y juntas criaron a León, el hijo ya adolescente de Barbi con su marido anterior. Es la historia de Julia intentando reconstruir su familia después de la sorpresiva muerte de su pareja.  

Papu, ¿estás trazando un camino de investigación en las temáticas LGBT dentro del cine?

P: –En este momento me interesan este tipo de temáticas más allá de lo sexual. Son películas LGBT pero que investigan más allá de eso, Leonzinho por ejemplo investiga sobre la consolidación de la familia. Me encanta el cine LGBT. Del cine nacional me gusta mucho Martín Deus, que siempre hizo cortos. Y de afuera, Week end y Tomboy son dos de mis películas preferidas.


Esteros comenzó a idearse en 2012 y obtuvo, entre otros premios en 2016 el Premio especial del jurado del Festival de Cinema Gramado; también fue ganador del Premio al mejor montaje - Festival internacional de cine de las Tres fronteras (Argentina) 2016.Outfest LA LGBT film festival. El año pasado se proyectó en Argentina por primera vez en el marco del Festival Asterisco y poco tiempo después en el de Mar del Plata.