La primera ciclista en ganar la Transcontinental europea
Volando voy
Fiona Kolbinger es la primera mujer en ganar la Transcontinental europea, una carrera de altísima resistencia a la que llegó siendo una completa novata pero con aire suficiente para sacarle 12 de horas de ventaja al competidor siguiente. Una auténtica proeza que depende más de las agallas que de los músculos.
 4 mil kilómetros en 10 días, 2 horas y 48 minutos ¡hazaña!  4 mil kilómetros en 10 días, 2 horas y 48 minutos ¡hazaña!  4 mil kilómetros en 10 días, 2 horas y 48 minutos ¡hazaña!  4 mil kilómetros en 10 días, 2 horas y 48 minutos ¡hazaña!  4 mil kilómetros en 10 días, 2 horas y 48 minutos ¡hazaña! 
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10 días, 2 horas y 48 minutos es el tiempo que ha necesitado la alemana Fiona Kolbinger para recorrer más de 4 mil kilómetros con su bicicleta, y como quien no quiere la cosa, hacer historia, consagrada la muchacha como primera mujer que gana la dificilísima, larguísima carrera Transcontinental. Una proeza sin precedente, en tanto las seis ediciones pasadas tuvieron a varones levantando el trofeo principal de esta carrera de extremo rendimiento, que requiere ultrarresistencia. Tanta admiración despierta que Fiona haya hecho añicos el techo de cristal como cierta curiosidad: que la chica de 24 años ni siquiera es ciclista profesional, sino una joven amateur que nunca había participado de una competición de tan severas características. Qué va, ¡si compró su primera bici de carreras hace apenas 3 años! Y así y todo, casi sin experiencia, la novata arrasó con holgura, pedaleando entre 17 y 18 horas por día, a 23.8 kilómetros por hora en promedio, dejando atrás, muy atrás, a 264 competidores (el brit Ben Davies, cebollita subcampeón, ni siquiera le pisó los talones: llegó a la meta 12 horas después). ¿Qué dijo Fiona ni bien atravesó la línea de llegada? Que le quedaba resto para “haber ido con más fuerza, haber dormido menos aún”. Una auténtica Iron Woman de metro 67…

Tildada como la “Vendée Globe del ciclismo”, fundada en 2013 para “revivir la edad de oro de esta disciplina con los medios que brinda el siglo 21”, tiene por regla de oro la Transcontinental que sus participantes no pidan asistencia externa. Si hay averías, deben apañarse por cuenta propia; también encargarse de su comida y de su alojamiento. Es obligatorio que pasen por ciertos puntos de control (en Bulgaria, Serbia, Italia y Francia), superar puertos forzosos (por caso, el paso del Timmelsjoch en el Tirol, de 2.474 metros de altura) y picar en -al menos- siete países. Pero, por lo demás, no hay una ruta definida: son libres de hacer camino al pedalear, respetando -claro está- la partida (Burgas, Bulgaria) y la llegada (Brest, Francia). A lo largo de la complicada travesía, donde soportó desde el calor más sofocante hasta bajísimas temperaturas, Fiona pasó por todo tipo de terrenos: pistas de grava, por caso, o ascensos a gran altitud (incluido el Col du Galibier en los Alpes franceses); pero “solo la última noche se me hizo demasiado larga, demasiado sombría”.

“En las carreras de alta resistencia hay otros factores que influyen aparte del físico. Tenés que diseñar una buena ruta, saber arreglar la bicicleta, ser capaz de dormir poco… No solo depende de los niveles de testosterona y de los músculos”, se despachó Kolbinger, que espera que su caso “sirva de ejemplo para demostrar que nadie debe ser subestimado por su género, su religión o su educación”. En el último tiempo, no ha sido la única en hacer trizas viejos prejuicios sobre la participación femenina en disciplinas extremas. Recuenta, de hecho, la BBC que “en enero la ultramaratonista británica Jasmin Paris se convirtió en la primera mujer en ganar la carrera Montane Spine de 431 km en Reino Unido, completando el trayecto en 83 horas, 12 minutos y 23 segundos, rompiendo el récord por 12 horas. Eso incluyó el tiempo que ocupó amamantando a su bebé durante la prueba. Y en mayo, la médica inglesa Katie Wright derrotó a 40 hombres y otras seis mujeres al ganar el Riverhead Backyard ReLaps Ultramaratón en Nueva Zelanda, corriendo casi sin parar durante 30 horas”.

Voluntad de hierro, estupenda planificación y envidiable organización parecen haber sido las llaves del éxito de la resistente Kolbinger; al menos, a su humilde parecer. “Creo que la clave fue que mis paradas fueron muy cortas. No me detuve en restaurantes para no perder tiempo, solo comía en supermercados y en estaciones de servicio”, ofrece quien durmió entre 3 y 5 horas cada noche, en general a la intemperie. Para lo que sí se hizo un ratito en cierto mini break fue para sentarse tras un piano y mostrar su habilidad con las notas, animándose a una rendición instrumental del popular El león duerme esta noche (a requetesaber: “In the jungle, the mighty jungle / the lion sleeps tonight / In the jungle the quiet jungle / the lion sleeps tonight / A-weema-weh, a-weema-weh, a-weema-weh, a-weema-weh…”).

 

“No se supone que los competidores tengan ni el tiempo ni la capacidad mental para parar y tocar el piano; y sin embargo, aquí está ella, sus manos bailando sobre las teclas de marfil, en un momento que se siente irreal, como una película de Wes Anderson envuelta en un sueño demasiado lúcido”, poetizó la organización al ver semejante escena a mitad de carrera. ¿Le erró a algunas notas tocando este clásico del sudafricano Solomon Linda? Todo hay que decirlo: definitivamente. Pero, bueno, ¡que no es perfecta la niña! Suficiente que la flamante estrella germana terminó recientemente, y con excelentes notas, la carrera de medicina en la Universidad de Heidelberg, y empezará el mes próximo sus prácticas como cirujana en Dresde. De hecho, aclara la veinteañera que si bien el ciclismo es para ella “un poco más que un hobby”, tampoco está en sus planes zambullirse al mentado deporte de modo profesional. Lo que verdaderamente le apasiona, explica, es ejercer como doc. Que podrá aguantar largas horas en la sala de operaciones, nadie lo duda…

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