Los llamados ¿jugadores? compusivos en realidad no pueden jugar
Cuando sólo se trata del placer del juego
Qué les pasa a quienes apuestan, ganan, pierden, se excitan, pero en falso, es un juego no lúdico, y sin ganancia en el sentido del deseo.
Los jugadores compulsivos pierden, porque no pueden ceder el objeto.Los jugadores compulsivos pierden, porque no pueden ceder el objeto.Los jugadores compulsivos pierden, porque no pueden ceder el objeto.Los jugadores compulsivos pierden, porque no pueden ceder el objeto.Los jugadores compulsivos pierden, porque no pueden ceder el objeto.
Los jugadores compulsivos pierden, porque no pueden ceder el objeto. 

En su texto "Habeas Corpus" Jacques-Alain Miller(1) señala, hablando del viraje lacaniano que "se puede localizar en el ejemplo canónico del fort-da, donde Lacan muestra de entrada cómo el sujeto del significante se hace amo del goce. ¿Qué se puede decir de esto desde el punto de vista de la última enseñanza? Que, al contrario, el fort-da nos muestra que al principio mismo de la cadena significante hay el goce-sentido. El par fort-da produce un efecto de sentido y permite efectuar una producción de goce. En el fondo el fort-da nos muestra al niño accediendo al parlêtre, accediendo a su 'parlêtre de naturaleza'".

Se puede acceder al parlêtre jugando, lúdicamente de la mano del objeto, pero cediéndolo al campo del Otro. Se trata de un salto, que puede sentirse como un salto al vacío, pero que con el objeto se puede realizar. He aquí la gran dificultad que encuentro en el trabajo con los llamados "¿jugadores?" compulsivos. Porque precisamente no pueden jugar: apuestan, ganan, pierden, se excitan, pero en falso, es un juego no lúdico, y sin ganancia en el sentido del deseo. Es sólo una apuesta fallida, que le permite seguir gozando ya sea de las culpas, las pérdidas, el rechazo del otro, los castigos.

Pierden, porque no pueden ceder el objeto. Promover ese movimiento, en cada caso, desde el juego transferencial, ese fort-da, esa presencia-ausencia, ese vaivén con el dinero, con los sentidos, con las faltas, en ese campo nos situamos para intervenir. La transferencia, entendida como un juego, es lo que plantea Lacan, un juego que debe incluir el goce, (para que no sea un engaño de a dos), articulando las palabras en su aspecto material, en la manera en que pulsan en el cuerpo.

"Es completamente cierto que es en la manera con la cual lalengua ha sido hablada y también oída por tal y cual en su particularidad, que algo a continuación volverá a salir en sueños, en todo tipo de tropiezos, en todo tipo de maneras de decir. Es, si ustedes me permiten emplear por primera vez este término, en este motérialisme que reside la captura del inconsciente -quiero decir lo que hace que cada uno no haya encontrado otras maneras de sustentar lo que recién llamé el síntoma"(1).

Quizás no sea por azar que en nuestra lengua llamamos jugador a aquél que, haciendo del juego una parodia, se vuelve adicto. Ese vacío, esa antesala del juego del deseo, que el sujeto no puede contornear solo, podrá soportarlo con el analista como ladero, que, sin empujar, le muestre, incluso jocosamente, que lo lúdico es la salida a su drama existencial.

(1)Lacan "Conferencia en Ginebra sobre el síntoma". 4/1975. Intervenciones y textos II, Editorial Manantial.

*Psicoanalista. BA.

 

Suplementos
Suplementos
Tu navegador tiene deshabilitado el uso de Cookies. Algunas funcionalidades de Página/12 necesitan que lo habilites para funcionar. Si no sabés como hacerlo hacé CLICK AQUÍ