La Escuela Manuel Mujica Lainez está ubicada en Lugano, a metros del Parque Indoamericano, el espacio público que fue tomado a fines de 2010 por más de 13 mil habitantes de la zona. Para liberarlo, se desató una feroz represión policial que concluyó con tres muertos.

El problema habitacional sigue siendo una deuda y el derecho a una vivienda digna parece una utopía. En el momento de la toma, la Mujica Lainez funcionó como ámbito para que los estudiantes debatieran sobre la violencia, la intolerancia y la defensa de los derechos que tienen los vecinos. Es decir, se convirtió en un ámbito conciliador cuando las papas quemaban. 

Lisandro González Ursi y Diego Carabelli se conocieron trabajando en la Universidad del Cine. Y desde hace años son docentes de un programa socioeducativo con el que les enseñan cine a estudiantes de escuelas de los barrios socialmente vulnerables. Así conocieron a la Mujica Lainez. Y producto de ese encuentro, realizaron el documental La escuela contra el margen, que se estrenó el jueves en el cine Gaumont y que cuenta parte de esa historia.

"La escuela tiene una particularidad con respecto a algo que queríamos trabajar en la película: lo que pasó en 2010 con la toma del Parque Indoamericano", recuerda Carabelli, al tiempo que señala que en esa actividad educativa y ciudadana con el debate de temáticas como la vivienda, los derechos humanos, la no discriminación, la no violencia hubo "un trabajo de toda la comunidad educativa". 

Para los dos cineastas, la Mujica Lainez tenía una característica especial que permitía trabajar la conflictividad barrial y, a la vez, reflexionar en la institución sobre el problema habitacional a partir de lo que había pasado en el Parque Indoamericano.

En la zona hay dos comunidades que, a veces, se enfrentan: los vecinos de la villa y los de los edificios. "Hay una convivencia que, en apariencia, funciona bien, pero cada tanto ocurre algo en el barrio y esa tensión emerge. De hecho, en un momento de la película hay una charla de profesores por un caso que ocurrió que no estaba vinculado directamente con los alumnos. Hubo una pelea entre dos facciones de un barrio y de otro y mataron a un chico. A partir de ahí, la escuela quedó involucrada en situaciones de represalias. Un sector del barrio dejó de ir a la escuela. Después, la cosa se vuelve a acomodar y sigue funcionando", relata González Ursi.

En el trabajo entre la docente y los alumnos que se ve en el documental, surgió la idea de hacer un mapeo colectivo para participar en un encuentro de Jóvenes y Memoria con otras escuelas, a realizarse en los hoteles de Chapadmalal. 

 "El taller se lo propusimos a la escuela para poder hacer la película. A partir de eso, surgió la idea de llevarlo e incluirlo en el proyecto Jóvenes y Memoria. Y la idea siempre fue trabajar en las cuestiones que tienen que ver con lo barrial, con la identidad y las problemáticas de los chicos y que ellos puedan dar cuenta, a partir de ese taller, de sus propias vivencias. En ese sentido, ella fue la que trajo la idea de trabajar en un mapeo colectivo y que en ese mapeo los chicos puedan plasmar lo que ellos quieran", explica Carabelli.

A través del taller que la docente propone se vislumbran los conflictos de una zona socialmente vulnerable. 

Otra meta es que estos talleres también sirvan de referencia de los derechos que los jóvenes tienen y que tal vez desconocen. González Ursi dice al respecto: "El objetivo que tiene es, por un lado, el de la memoria barrial y la construcción de esa memoria colectiva, pero también tiene que ver con recuperar el lugar de derechos. Estos jóvenes lo tienen muy vulnerado. A la vez, los propios pibes tardan en darse cuenta de que están vulnerados sus derechos".

 

Los estudiantes de la Mujica Lainez también son víctimas de la violencia callejera, la discriminación y el acoso policial al que se ven sometidos por vivir en esa zona.

"Por el hecho de tener un tipo de vestimenta ya son mirados de otra manera. El documental muestra cómo se trabaja la seguridad en la villa y en los edificios, donde la policía ya no está en un lugar de control para que el vecino no esté mal sino que ciertos vecinos pasan a ser sospechosos. Los pibes para entrar a su barrio tienen que soportar que los requisen, que los paren y, en algunos casos, hasta los golpean. La seguridad en estos lugares funciona de otra manera", completan los cineastas.