Escenas
Las buenas, las ricas y les otres
En Lo que quieren las guachas, de Mariana Bustinza, el sexo es el lenguaje de les adolescentes, el amor funciona como excepción y la clase como destino.
Imagen: Milu Zabaleta

Cuando se trata de coger no importan las clases sociales. La chica de colegio privado puede acostarse con el pibe que vende medias en la calle. También el novio de Micaela tiene sexo una noche con la hermana de Owen que vive en una villa. 

Pero enamorarse es otra cosa.

En el mundo creado por Mariana Cumbi Bustinza ese sentimiento solo es posible en las clases sociales más empobrecidas a las que ella les asigna una sensibilidad bella. Micaela se permite amar a Owen porque se deja ganar por esa idiosincrasia que la separa del universo vacío de Valentino. El chico ricachón la maltrata todo el tiempo y es, en la composición acertada de Iti el hermoso, absolutamente inaguantable. Micaela es propensa a una afectividad que poco tiene que ver con su entorno porque la dramaturgia de Bustinza está polarizada. Hay una toma de partido en la autora y Micaela vendría a ser un personaje bisagra, la contradicción de clase, la chica que se da el permiso de amar al muchacho equivocado, un poco porque sabe que siempre va a salvarse, que su condición económica la protege.

En Lo que quieren las guachas el sexo es el lenguaje de lxs adolescentes pero el amor funciona como excepción, como una intervención sobre esa palabra que en el vínculo que establecen Valentino, Micaela y Sol siempre se muestra agresiva.

Existe cierta desazón que los atrapa a todxs, más allá de las condiciones materiales. Si la miseria se instaló en la villa donde Owen vive con su hermana y su mamá travesti, no deja de aparecer allí un amor genuino, una complicidad que se integra más allá del rechazo que Yanina siente por el trabajo de puta de su madre, por la escasez de dinero y por todo lo que trae Mica como el reflejo de una experiencia a la que ella querrá pertenecer aunque ese deseo la lleve a la tragedia.

La perspectiva de aventura no deja aquí de romper corazones. Vincularse con el otro, amar, coger no libra a nadie de los sentimientos más dolorosos. Se puede trabajar de puta y sacarse de encima al pibe cheto que quiere burlarse y también existe la posibilidad de ser tratada como una puta, aunque seas rica y vayas a un colegio privado, como le pasa a Sol cuando Valentino le pide que le chupe la pija a Mariela. 

Si las mujeres son todas putas para Valentino, para Owen, la fascinación inmediata que siente por Micaela, lo convierte en un sujeto que puede vivir la singularidad del amor. La interpretación de Sofía Black Kali y Ezequiel Baquero va hacia la verdad de una identificación plena. Su amor es el eje del conflicto, un territorio al que todxs quieren entrar, una radiación que en lxs demás no funciona y lxs deja un poco débiles.

Si la trama de Lo que quieren las guachas podría ser el episodio de una historia juvenil, Bustinza toma ese relato para pensarlo desde el realismo más descarnado y le suma elementos de un musical espontáneo. Los personajes se ponen a cantar como cualquiera podría hacerlo en la vida. La música no implica un corte sino una reacción dentro de la oscuridad de esa realidad que piensa los vínculos solo desde la utilidad y la descalificación, hasta que un sentimiento aparece y entonces el cuidado y la ternura hacen de esa violencia algo impostado

Para Bustinza la clase social es el destino. Yanina y Micaela van a pasar por situaciones idénticas pero con resultados opuestos. De algún modo Yanina también está tomada por el amor que siente por Valentino y quiere copiar algo de ese espíritu que destellan Owen y Mica pero dar con la persona equivocada tendrá la envergadura de una catástrofe. Hay en Bustinza un realismo que piensa a esos adolescentes dentro de un riesgo que puede ser hermoso o definitivo pero jamás los distrae de la diversión, de la fortuna de ser, en estado de fiesta.

Lo que quieren las guachas, El extranjero, jueves a las 21. 

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