21 de septiembre
Otra primavera es posible
El sábado, con la promesa del sol entibiando las pieles, les estudiantes tomarán plazas y parques en ese día que por tradición se dedican pero en el que pocas tradiciones quedarán en pie: otros modos de relacionarse, de cuidarse, de reconocerse y de experimentar son parte de esta época teñida con los colores del feminismo que les adolescentes están protagonizando en las aulas, en las plazas y en las fiestas.
Imagen: Colectivo Manifiesto

Ranchear en las plazas y parques, organizar fiestas y juntadas, desear el sol de primavera para un día fuera de la agenda de exámenes y horarios escolares; algo de todo eso que es tradición en el día de les estudiantes volverá a suceder mañana, 21 de septiembre. Pero muchas otras cosas ya no. Es que entre pibas, pibes y pibis también están apareciendo una gran cantidad de novedades: nuevos modos de relacionarse, de cuidarse y de quererse al calor del feminismo revolucionario del último tiempo del que las militancias adolescentes son protagonistas. Responsabilidad afectiva, femiamigas, amor libre, poliamor, son tan solo algunos de los códigos que llegaron para interpelarlo todo: “La idea es aprender a cuidar a la otra persona en todos los sentidos, por eso también buscamos repensar todas las categorías habidas y por haber, entre ellas, por ejemplo, la monogamia”, dice Julia Epstein, actual presidenta del Centro de Estudiantes del colegio Nacional Buenos Aires. Pero por supuesto, no todo es amor y goces: “Queremos mayor paridad de género y que el movimiento feminista también esté dentro de los Centros de Estudiantes; por eso no solo venimos con la idea de sacar a los abusadores del poder, sino también de llevar adelante una transformación social profunda”, se planta Maica Colantonio, porque lo personal y lo político no encuentran barreras.

 “La verdad que trato de no minimizar el Día del Estudiante, que no sea sólo un festejo. El día del Estudiante conmemora muchas cosas porque hoy en día lxs estudiantes tenemos un impacto muy fuerte en la sociedad, si te fijás en las marchas, los reclamos se puede ver la lucha de las pibas y muchos estudiantes de secundarios que están, y más el estudiante de escuela pública, que es el que más la lucha, que defiende su educación” Pascual, colegio Julio Cortázar, Caba.
Foto: Emergentes

LAS REDES Y LOS ESCRACHES

El hartazgo de las pibas encontró en los escraches un modo de actuar sumamente extendido que habilitó páginas en las redes sociales donde se acumularon, en muchos casos sin distinguir del todo, compañeros de aula y también docentes. Para Julia Epstein, el escrache puede no ser la mejor forma de denuncia, pero no por eso hay que desacreditarlo: “Es una herramienta totalmente popular que nace de la desidia de las instituciones, y que está armada desde la base de que a las mujeres y a las disidencias, el Estado, las escuelas y hasta nuestras propias familias, nos dejaron solas; y esa fue la forma que encontramos para poder visibilizar todo lo que nos estaba pasando. Por eso, también me parece que más que hablar de si los escraches están bien o mal, de lo que habría que hablar primero es de la estructura social profundamente machista en la que todes fuimos criados, y por la cual hoy existen pibes que hacen este tipo de cosas”. “Por nombrar un ejemplo nada más, si la ESI sigue sin aplicarse en todas las escuelas, estas cosas no van a dejar de pasar nunca”, opina también Maica.

“A mi mucho no me importa el Día del estudiante que se festeja en el colegio. La posta es la fiesta que armamos con mis amigas el sábado, en la casa de una de las chicas. Voy porque me gusta una pero no quiero decir nada porque acá te miran mal sino ¿viste?, además es un colegio religioso y esas cosas no se permiten. Mis amigas saben igual, pero yo no quiero hablar mucho de eso. Afuera está todo bien igual”. Camila, colegio religioso de Recoleta.
Foto: Emergentes

Los escraches comenzaron en 2017 y tuvieron su auge en 2018, cuando en ese entonces llegaron a hacerse hasta varios en un mismo día. Pero este año la cifra fue bajando. Desde entonces empezaron a surgir nuevas formas de cuidarse y alertarse entre lxs estudiantes: “Varios colegios organizamos fiestas, y para esos encuentros decidimos crear las femipatrullas, o como le decimos ahora, las femiamigas. Son un par de pibas que tienen una cintita en el brazo y que están durante toda la fiesta dando vueltas para que, si llega a pasar alguna situación no deseada por alguna de nosotras, ellas puedan intervenir. El año pasado se le negó la entrada a algunos varones por sus conductas abusivas, y en un momento llegó a haber una lista de hasta 60 personas que no podían entrar a las fiestas. Pero ahora ese número se fue reduciendo porque ya pasó un tiempo de todo esto, y también porque hay muchos pibes que ya se ubicaron y se dieron cuenta de que no daba que sigan yendo a esas fiestas”, comentan las estudiantes.

¿Qué es un abuso para ustedes?

Maica: - Para mí el abuso es hacer o decir por sobre la palabra, o por sobre el decir de otra persona. Tiene que ver con la dominación del varón sobre las femineidades, y puede haber abusos tanto físicos como también de poder o verbales. La idea es que siempre podamos ser conscientes de que hay un otro que también siente.

Para las chicas el cuidado es un tema central y ponen en valor la responsabilidad afectiva. Según Maica, esta responsabilidad no es solamente para las relaciones amorosas, sino también para relaciones como la amistad. Y Julia agrega: “Buscamos repensar todas las categorías habidas y por haber, entre ellas, por ejemplo, la monogamia. Yo creo que ahora hay más libertad, porque la idea es que una va midiendo si siente que eso le gusta o no, y si no le gusta deja de hacerlo; la idea es un poco romper con eso de que las relaciones tienen que ser unidireccionales sí o sí, porque creo que las mujeres nos dimos cuenta de que esa forma era una regla impuesta por la sociedad, y la verdad que muchas no la estábamos pasando bien teniendo que cumplir con eso”.

 “En cuanto a la sexualidad, en mi colegio es totalmente libre, no tenés que dar explicaciones a nadie. En mi círculo noto que es muy `que sea lo que tenga que ser`. Ya ni están las etiquetas de lesbiana, gay, bisexual, hétero. Cada unx hace lo que quiere con total libertad porque en mi escuela no se mira como un bicho raro a nadie, ya fue la discriminación ¿no? “, Valentina, Escuela de Teatro Nini Marshall, Caba. 

Las clasificaciones ya establecidas, como por ejemplo la división del mundo sólo entre dos géneros, también es algo que las nuevas generaciones se están replanteando. Con respecto a esto, Jean Paul Rimbaud, estudiante de 15 años del colegio Esnaola, cuenta: “Cuando entré a la secundaria empecé a replantearme toda la cuestión de mi identidad de género, hasta que me di cuenta de que me autopercibía como una disidencia, como una persona no binaria: en mí existían muchos micro machismos y mucha masculinidad tóxica. Por eso también participo de un espacio de debate en el Centro de Estudiantes sobre masculinidades, para poder hablar y debatir con otras masculinidades sobre estos temas, y para no quedarnos siempre en el mismo lugar de comodidad, sino poder preguntarnos por qué nos pasa lo que nos pasa, o porqué tenemos ciertos deseos, y si nuestros propios deseos son realmente nuestros propios deseos. Si como nos vestimos, como actuamos, o la actitud que ponemos frente a los demás es la nuestra propia, o es una especie de masculinidad impuesta que estamos tratando de sostener porque es algo que ya está establecido y no queremos o no nos animamos a poner en cuestión”.

Ese oscuro objeto del deseo

Laura Carboni es profesora de las materias “Filosofía” y “Formación Ética y Ciudadana”, del Colegio Carlos Pellegrini, y Secretaria de Géneros y Diversidad Sexual en el AGD-UBA, la Asociación Gremial Docente de la Universidad de Buenos Aires. “Son pibes con una enorme conciencia social” –dice de la generación de sus actuales alumnos y alumnas. Al mencionar el tema de los escraches, Carboni nos cuenta que las chicas llegaron a esa situación porque anteriormente fueron pasando por varias instancias, pero en ninguna fueron escuchadas; y ella describe a esa desidia como uno de los mecanismos violentos por parte de las autoridades: “Las instituciones no dan respuesta a situaciones de violencia de adultos a jóvenes, o entre jóvenes, y lo que buscan siempre es evitar a toda costa que cualquier situación explote, pero al final, de tanto taparlas, les termina explotando todo en la cara. Y fue por este tipo de actitudes que las estudiantes decidieron empezar a hablar, a imponer también su agenda, por eso hoy se puede decir que hay un gran empoderamiento por parte de las chicas”.

 “Mis compañeros están en cualquiera y no están mucho con el tema del feminismo, sólo mis amigas y yo y somos como un grupo medio aparte. Vamos a las marchas y todo y para nosotras sí es importante estar al tanto de lo que pasa e intentar cambiar algo. Creo que en muchos de mi generación se ve eso, las ganas de pelear para que las cosas cambien. El año pasado marchamos por el aborto con mis amigas y también empezamos a mirar videos de educación sexual porque en mi colegio no nos enseñan eso. Muchas cosas las tuvimos que aprender por afuera, buscando nosotras”. Giuliana, 4to año de secundaria. 

“Los escraches y las distintas herramientas que fueron tomando las jóvenes para cuidarse y cambiar la realidad despareja que existe también generaron mucha dificultad para el acercamiento, porque ahora se nota que los pibes se sienten acusados, y eso les genera distanciamiento y también miedo. Pero bueno, yo creo que todo esto también es parte de la crisis que implica el transitar cambios y todas estas nuevas formas de relacionarse que se están gestando”, analiza Carboni. “Ahora se muestra mucho más una sexualidad diversa o disidente (en el sentido de lucha), porque si bien todavía aparece bastante entre las y los jóvenes la pareja heterosexual y la idea de exclusividad, hoy son mucho más visibles las relaciones homosexuales. Hay chicas que, por ejemplo, se besan en el patio del colegio, o andan de la mano por los pasillos de la escuela con total libertad. También ha cambiado mucho la estética, hay chicas que ya no se depilan, por ejemplo. O los cuerpos transexuales también están mucho más visibles que antes”. Sin embargo, al reflexionar sobre las desigualdades entre los géneros, resulta inevitable también abordar la gran segmentación social que existe en el país: “Lo cierto es que si un estudiante quiere transicionar de género en el Pellegrini, el camino puede ser menos hostil. En cambio, en muchas escuelas tanto del Conurbano como de Caba, por ejemplo, es posible que le resulte más difícil, porque hay muchísima más hostilidad y menos organización; la violencia está a la orden del día, las condiciones de estudio son muy diferentes, y esto no es porque los pibes sean violentos, sino porque lo que es tremendamente violento es el contexto en donde están, y el abandono que ejerce el Estado sobre ellxs”, concluye.

Suplementos
Suplementos
Tu navegador tiene deshabilitado el uso de Cookies. Algunas funcionalidades de Página/12 necesitan que lo habilites para funcionar. Si no sabés como hacerlo hacé CLICK AQUÍ