Desde este domingo, con PáginaI12
Biblioteca Soy, con las mejores plumas
Arranca con La cabeza contra el suelo, de Paco Jamandreu y finaliza con Diccionario travesti de la T a la T, de Marlene Wayar. Domingo por medio y hasta fin de año, se irá completando esta colección editada por Liliana Viola que presenta 8 títulos clave de una historia que siempre se está escribiendo. 

Desde este domingo, Página/12 retoma, a contrapelo de la crisis, su tradición de distribuir en kioscos una colección de libros buenísimos. Pero además, dato nada menor: al precio más bajo posible. Con los mismos fundamentos que le dieron forma a la tan celebrada Colección 8 M, se lanza mañana la Biblioteca Soy: punto de encuentro con la literatura argentina contemporánea.

Domingo por medio y hasta fin de año, se irá completando esta biblioteca que arranca con 8 títulos clave de una historia siempre por escribir del pensamiento, la ficción y los estudios queer pero siempre “alla argentina”. Clásicos, imprescindibles, o futuros clásicos que pasaron injustamente de largo por haberse adelantado a su tiempo. Consagradxs, reconocidxs, inhallables y también un par de joyas inéditas salen de las librerías, del círculo de los fans, del pozo de lo descatalogado y ocupan la calle, ese territorio siempre en disputa para la palabras, las prácticas y los cuerpos que la sigla lgbtti intenta nombrar.


La serie, que intenta ponerle un poco de alegría a uno de los años más nefastos para la industria editorial, viene también a festejar los 11 años del Suplemento SOY. Sí, 11 años. ¿Por qué un espacio que trabaja por el fin de las dicotomías patriarcales y contra tantas inercias, habría de ceñirse al clisé de festejar solamente ante números redondos? Se agradece especialmente la edición en colaboración con las editoriales: Caballo Negro, Eterna Cadencia, Fondo de Cultura Económica y Red Editorial.

El grupo de los 8

Biblioteca Soy, verdadero nido de plumas, se podría presentar con un cartel de neón que dijera lo siguiente: “Desde Paquito Jamandreu con La cabeza contra el suelo -obra maestra del modisto de Eva Perón, y primero en la cronología- hasta Marlene Wayar -con su Diccionario Travesti. De la T a la T, futuro clásico apto y necesario para todo público, que cerrará la serie el domingo 30 de diciembre.

O simplemente enumerar títulos y autorxs. La variedad de registros también es variedad de géneros. La colección trae novelas (En breve cárcel de Sylvia Molloy, Romance de la negra rubia de Gabriela Cabezón Cámara, Nombre de guerra de Claudio Zeiger y Tesis de una domesticación, novela inédita de Camila Sosa Villada, la autora que este año le trajo revelación y entusiasmo a la literatura argentina con la publicación de su novela Las malas. En este nuevo texto, que bien podría leerse como continuación de aquella saga de travestis cordobesas, modifica registro, punto de vista y tratamiento de personajes en lo que será sin dudas un nuevo hito de estilo y de inteligencia en su trabajo.

La crónica bestial y desopilante viene con Continuadísimo. Recargado de Naty Menstrual, una voz pionera en el relato ficcional de la realidad travesti donde la transfobia de clientes, chongos y señoras toma el primer plano y le escupe en la cara a quien se asome a chusmear. Esta edición trae unas crónicas publicadas en el suplemento y un bonus track de inéditos geniales.

El ensayo toma la forma del diccionario con la Wayar y con el regreso triunfal de un clásico agotadísimo: Fiestas Baños y exilios de Alejandro Modarelli y Flavio Rapisardi vuelve a la vida. Ya no hay que vender alma o cuerpo en el mercado libre para conseguir un ejemplar de este libro que supo amalgamar como ninguno antes, teoría queer y testimonio de amigos de farras.

La línea de tiempo

La selección responde a un gusto personal y a deseos compartidos de historiar toda una bibliografía que contribuye a un entramado de voces de la diferencia. Por eso el hilo invisible que une a estos libros marca una cronología. La serie comienza al filo de la dictadura con las Memorias de Jamandreu publicadas en 1975 por la arriesgadísima Ediciones de la Flor. En esos años de censura se inscribe En breve cárcel, la gran novela que Sylvia Molloy escribió en 1981 fuera del país y que aquí durante mucho tiempo circuló, como una brasa caliente, de mano en mano, contraseña especialmente entre lectoras, entre lesbianas. Recuperada por Piglia en su colección de Libros del Recién venido, alcanzó a un público contemporáneo que pudo comprobar una proeza casi única. La capacidad de Molloy de aplicar a una ficción su sagacidad de crítica. El/la narrador analiza los acontecimientos de su personaje, como lo haría una Molloy académica con una pena en observación, con un ser que se deshace, pero sin perder jamás el tono intimista y de culebrón que toda historia de amor impone.

Fiestas baños y Exilios escrito por la dupla ya citada, con edición y prólogo de María Moreno en 2001, es un libro fundamental para entender la historia del país en dictadura y especialmente, la sociabilidad gay en tiempo de closet y de razzias. Contracara de aquella consigna tan popular: “no importa lo que hagan mientras no lo hagan adelante mio”, este trabajo recorre lugares públicos donde la sexualidad gay circulaba con sus correspondientes consecuencias de goce y punición.

Los años 90 aparecen en las crónicas de la Menstrual y también en los taxi boys que recorren las calles del centro en la novela de Claudio Zeiger, Nombre de guerra. Un relato que se enfrenta a aquella imagen obligatoria del compañero ocasional del gay. El chonguito, el entenado siempre peligroso y oscuro, capaz de cometer un crimen aquí es retratado desde un sutil y original punto de vista. El siglo XXI está en las ficciones de Camila Sosa Villada y en Romance de la negra rubia de Gabriela Cabezón Cámara. Esta novela tan breve como apasionante, llegó a las librerías luego de la irrupción de poderosísima La virgen cabeza y antes de la valiente China Iron. Su lugar entre dos grandes, no debe restarle nada y menos la atención al trabajo con el lenguaje que su autora lleva aquí a su máxima expresión poética y queer. El personaje que se prende fuego para cambiar el mundo, vale como estampa de los días que (nos) corren.

En fin, si las imágenes siguen hablando más que las palabras, diremos que la colección se presenta desde sus tapas. Con excepción de la hermosa estampa de Paquito tomada por Gianni Mesticheli, el resto es una galería de retratos firmados por Sebastián Freire, el fotógrafo que desde los inicios del Suplemento Soy viene armando un registro visual, de plumas y poses. Vale agregar que todos estos rostros de la Biblioteca Soy han participado como colaboradrxs o como entrevistdxs a los largo de estos 11 años del suplemento. Es decir, aquí estamos como siempre, leyendo en familia.

Este domingo, las memorias de Paco Jamandreu

Como las grandes marcas que enumeran capitales del mundo (Londres/New York/ Paris) donde hicieron base, podríamos presentar La cabeza contra el suelo con una topografía prêt à porter: Oscar Wilde/Marcel Proust/Paco Jamandreu. Tres puertos donde la moda, la literatura y la sodomía consiguieron volverse último grito. Tres expertos en superficialidad, observadores externos de un entramado de convenciones que se delatan por la costura, la impertinencia de un color o de unas joyas demasiado verdaderas. Escritura producida bajo los efectos del encumbramiento, la adrenalina de la diferencia y bajo permanente amenaza de expulsión (fiscales y acreedores siempre al acecho) de la fiesta que ellos mismos animaron. Aunque el último arranca en un pequeño pueblo de Buenos Aires cuando los otros dos ya forman parte de su biblioteca familiar, La cabeza contra el suelo lo posiciona en esta serie pero sin moverlo ni un centímetro de otra yunta más originaria: Zully Moreno/ Joan Crawford/ Evita Perón/ La Paquito. La Eva vestida de gala o con el trajecito de trabajadora social diseñados por Paco cuando todavía no había cumplido 17 años, así como cada desplante (va del peligro de suicidio al de asesinato) que hoy lo reduciría en la categoría de mediático, cumplen con las máximas más provocadoras de Oscar Wilde, sobre todo con la que dice: "si te vas a portar mal, debes de ser malo pero con un vestido memorable".

La memoria de Jamandreu no va en busca de un tiempo perdido. No lo pescaremos interrogando a los olores, ni al aire, ni a las texturas. No es un descrifrador de emociones inconscientes sino un magistral practicante del chisme, del anecdotario y de la cita textual. ¡Es que ha sido educado desde niño con un combo pop! Revistas del corazón, la radio, el cine y las novelas nada menos que de Roger Peyreffite, el francés que despliega a mediados del siglo XX sus deseos degenerados amparado en su condición diplomática y su pluma gentil.

Es capaz de transcribir diálogos enteros de su infancia, de sus amores, de sus levantes, de quien sea, como si Manuel Puig le hubiera prestado su grabador. Así, se da el gustazo de reiterar agravios y de ajustar cuentas: “Aquí hay monstruos sagrados, más monstruos que sagrados”, cuenta que dijo en público refieriéndose a la pareja Tinayre & Legrand. Escracha a quienes abandonaron en la mala a Fanny Navarro, da su propia teoría sobre la personalidad de Eva Perón, habla mal de mucha gente como si la escritura lo protegiera en una esfera virtual. El amor que no puede decir su nombre ha quedado en el siglo anterior y en la vida cotidiana de los demás. Paco da nombres, da detalles y redefine un amor/ deseo que deambula entre el hambre y el metejón.

 

La vida aparece hilvanada con una consigna que hoy entendemos como Orgullo. Cuando le para el carro a Zully Moreno que se atreve a opinar delante de él mal de los homosexuales, cuando se acuesta con un hombre heterosexual, su relación con el chico más lindo del mundo, el aprendiz, el chongo olvidable y el inolvidable. Cuando lo marica no le quita autoridad para mandonear ya sea entre señoras bien como en el mundo del hampa. Están los secretarios locas y los contactos del medio, también locas, que forman una mini sociedad no tan mini. La moda aparece de soslayo, como dato que completa el episodio donde siempre un personaje famoso o familiar se luce en una escena memorable. Si se asume que la literatura nacional empieza con la escena de la violación de El Matadero, la historia del orgullo lgbtti argentino tiene en La cabeza contra el suelo un manual de estilo, y como escena fundante, una relación ocasional y consensuada entre dos muchachos vírgenes.

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