Primer Encuentro de Mujeres del Ellas Hacen en Tucumán
Un plan de vida
El último fin de semana, unas 500 mujeres beneficiarias del programa Ellas Hacen–Tucumán se reunieron en San Pedro de Colalao para debatir y pensar juntas cómo mejorar sus vidas con políticas públicas y con acceso real a trabajo remunerado en un contexto de ajuste, inflación y desempleo masivo. 

Una marea copó el predio Ferial de San Miguel de Tucumán para movilizarse hacia lo que fue el Primer Encuentro Provincial de Mujeres del Programa Ellas Hacen, en San Pedro de Colalao. Fue el sábado pasado, y el aire se llenó de frases de recomendaciones amorosas. “No te olvides de llevarlo a fútbol”, “Cuidá bien a los chicos”, “Te dejé la comida” fueron algunas de las palabras volcadas a esa otra red de mujeres y algunos varones que se quedarían a cargo de las tareas en ausencia de las viajeras. Muchas que por primera vez salían solas de sus casas.

El “campamento de mujeres” fue una invitación a discutir durante dos días las políticas públicas y reflexionar sobre los roles establecidos -o no-, y sobre el cuidado y el acceso al trabajo, una de las principales preocupaciones expresadas por las participantes en un contexto de ajuste y destrucción del empleo que reconoció el titular de Desarrollo Social de la provincia, Gabriel Yedlin, al advertir la necesidad de vincular el programa ¨al acceso real al trabajo remunerado”.

Los relatos se amontonaron en las bocas de todas con sus historias de vida, siempre en lucha. “Me enseñaron a callar, a no decir que el macho de la casa me abusaba. Ahora yo digo `Ni una menos`. Tenemos que salir de la pobreza y de la ignorancia, yo estoy terminando el secundario”, dijo Patricia, de 48 años, con la emoción de saberse rodeada por una red poderosa y feminista.

Cerca, Liz, de 39 años, explicaba cómo se descubrió valiéndose por sí misma, con oficio y orgullo. “Pude formarme en áreas profesionales en las que ni me imaginé que podía, como plomería, y tampoco hubiera podido, porque no tenía dinero para pagar y hacerme el tiempo.”

Pero también las principales propuestas que se escucharon fueron que vuelvan las cooperativas de trabajo; que con trabajo registrado no se pierda el programa; que haya educación de género en las escuelas, jubilación para amas de casa, formación profesional matriculada, bolsa de trabajo para titulares del programa, igualdad de trabajo e igualdad de pago, espacios de esparcimiento, y que el Estado participe en el cuidado creando centros de atención para personas con discapacidad, adultos mayores, niños y niñas. Precisamente, las actividades incluyeron una charla disparadora sobre tareas de cuidado, economía feminista, trabajo y participación política, a cargo de la socióloga Carolina Brandariz y esta cronista.

Los equipos técnicos del Ministerio de Desarrollo Social de la provincia, conformados por mayoría mujeres, estuvieron a cargo del armado y la logística de la convocatoria. “Queremos que las mujeres beneficiarias se encuentren y sean ellas mismas las que propongan lo que hay que mejorar en el programa”, señaló Ana Pía Muñoz, técnica integrante de la comisión organizadora.

En Tucumán el Programa Ellas Hacen mantuvo su nombre, y en la actualidad tiene 25.000 titulares: unas 20.000 mujeres y 5.000 varones. El monto que cobran ronda los 7000 pesos mensuales. El Gobierno nacional se desentendió de las capacitaciones, que son parte de los requisitos que deben cumplir sus titulares para mantenerse dentro del programa. Se trata de 120 horas de formación si se encuentran terminando su educación secundaria, y 300 horas si ya cumplieron con los estudios medios. Ante los cambios de los requisitos, el gobierno provincial destinó una partida especial para sostener las horas de capacitación y giró fondos a Educación, para que sus titulares terminen los estudios, continúen con otras formaciones y puedan acceder a la universidad.

El fin de semana último nada quedó por debatirse, ni siquiera las percepciones sobre feminismo y géneros. “Yo era de las que hablaba en contra de las feministas hasta que me pasó, y cuando mi ex pareja me puso un cuchillo en el cuello y logré escapar corriendo, descalza y llegué a la comisaría y me dijeron que vuelva y arregle todo en la cama, me di cuenta de que tenía que terminar con esa violencia”, relató Natalia, de 40 años, estudiante de trabajo social y madre de tres hijxs.

Valeria, de 39 años, detalló la genealogía de los mandatos familiares. “Mi abuela vivía en la cocina, tenía su casa pero vivía en la cocina, desde la mañana hasta la noche. Se levantaba, hacía el pan, el mate cocido, luego carneaba el cabrito, sacaba la lana e hilaba, así todos los días. No salía de la casa.” Mónica la escuchaba con atención. A sus 48 años y con tres hijas a cargo, recordó el momento preciso en que, a los 16 años, la obligaron a casarse con su abusador de 27, que durante cuatro años la torturó de diferentes maneras. “Pero pude salir de todo eso. Hoy estudio Enfermería y quiero ayudar a otras mujeres.”

El subsecretario Guillermo Socolsky, de la Unidad Ejecutora de Programas y Proyectos Sociales, remarcó que “el programa fue sufriendo transformaciones, sobre todo cuando el gobierno de Mauricio Macri cambió la lógica cooperativista, de grupo, de búsqueda de soluciones en conjunto a gente suelta con problemas individuales, y eso hizo responsabilizar a las y los titulares; cambió el paradigma del Ellas Hacen y el Argentina Trabaja. Por eso el gobierno provincial tomó la decisión de que nadie se quede afuera del programa por razones injustas y destinó partidas presupuestarias para sostenerlo”.

Socolsky remarcó además que las temáticas de las capacitaciones se decidieron luego de estudiar las necesidades locales. ”Se diseñaron formaciones que tienen en cuenta las posibilidades de empleo real, como por ejemplo en sectores como los de Turismo y Cultura.”

El domingo a la mañana se realizaron talleres que concluyeron con la presentación de las iniciativas recogidas por quienes organizaron el encuentro. Al cierre, un grupo de mujeres cantó un arroz con leche reversionado y celebrado por todas: “Arroz con leche yo quiero triunfar, seguir estudiando para ir a trabajar; no quiero tejer, no quiero bordar, yo quiero abrir la puerta para ir a luchar”.

Hasta que finalizó el encuentro, ellas nunca dejaron de compartir sus experiencias, discutir sus posturas. Se acompañaron y conmovieron juntas. Contaron que para estar en el campamento tuvieron que “dejar limpias las casas”, “dejar comida lista” o “ver quién cuidaba de sus hijos”, entre muchas tareas que cargan a diario sobre las espaldas. Pero agradecieron “por poder despejar” sus cabezas, conocerse y tener tiempo para vivenciar otras experiencias, más cercanas al goce. “Necesitamos más espacios para disfrutar, más espacios como éste”, exigieron casi a coro.

 

Las mujeres dejaron huella. En el transcurso de las dos jornadas y al cierre, cuando la tarde caía en la plaza de San Pedro, una localidad con 3.000 habitantes, el escenario de pueblo donde ellas tomaron las calles para bailar, recorrer, bordear el río, reír, aprender entre todas y cuidarse sin rubores. Como sentenció Cecilia, de 42 años, “antes me daba vergüenza y bronca cuando me decían planera. Ahora digo, sí, yo tengo un plan, un plan de vida¨.

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