Una rosarina en el envío argentino a la IV Bienal de Jerusalén 
Mosaico de metáforasque arman un diálogo 
Con curaduría de Mirta Kupferminc, la obra colectiva Confrontación- conversación implicó encuentros creativos entre sus 18 participantes.
La pieza se basa en el relato bíblico del mito de la torre de Babel.La pieza se basa en el relato bíblico del mito de la torre de Babel.La pieza se basa en el relato bíblico del mito de la torre de Babel.La pieza se basa en el relato bíblico del mito de la torre de Babel.La pieza se basa en el relato bíblico del mito de la torre de Babel.
La pieza se basa en el relato bíblico del mito de la torre de Babel. 

Una artista plástica rosarina participa en la IV Bienal de Jerusalén, que comienza el próximo 10 de octubre, como parte de un envío grupal coordinado desde Buenos Aires por la artista Mirta Kupferminc (coordinadora de Laba-BA y autora del monumento a las víctimas del atentado a la AMIA) con la asistencia curatorial de Ariela Mirelman.

Carla Beretta (Rosario, 1965) es autora de la obra gráfica Oídos inútiles. Basada en el relato bíblico del mito de la torre de Babel, la pieza integra la instalación colectiva Confrontación-Conversación, que podrá verse hasta el 28 de noviembre en Hechal Shlomo, The Wolfson Museum of Jewish Art (58 King George St., Jerusalén, Israel). Es uno de los 12 lugares céntricos de Jerusalén donde expondrán los 200 artistas que participan desde 15 países; entre ellos, la artista serbia Marina Abramovic, con una videoinstalación multicanal, Waterfall ("Cascada"), comisionada para el Dalai Lama en 2003.

Con curaduría de Rami Ozeri, la Bienal de Jerusalén tuvo su primera edición en el otoño boreal de 2013. La de 2015 enfatizó la confluencia entre tradición judía y arte contemporáneo; el lema de la edición 2017 fue "Parteaguas" (Watershed), y el de este año es una frase que sólo adquiere sentido cabal en su contexto original.

Si bien leshem shamaim se traduce al inglés como for Heaven's sake! y al castellano como "en nombre de todos los cielos", su significado en la cultura judía dista mucho de la interjección vacía de estas otras dos expresiones. Una disputa o majloket, debate rabínico, "en nombre de todos los cielos" es una donde no es preciso llegar a un acuerdo final, pero donde se obtiene un progreso en la comprensión colectiva, como se explica en la página de la Bienal. Digamos que habría que pensar la frase casi literalmente como referida a algo que no tiene un sentido práctico en lo terrenal. De esta manera, se resignifica en el discurso curatorial de la Bienal como pregunta por el sentido del arte, en relación con la expresión occidental "el arte por el arte".

"Nos encontramos personas que no nos conocíamos, y esto nos enriqueció mucho. También la idea de Mirta era que no fuéramos todos judíos".

El proyecto Confrontación-Conversación dialoga con la tradición rabínica del majloket desde la creación artística. Mirta Kupferminc convocó a 18 artistas de diversas procedencias y religiones (en su mayoría, mujeres argentinas de mediana edad) para intervenir cada cual dos hexágonos de 25 cm de lado y un rectángulo de 16 x 25. A diferencia de otras propuestas parecidas, la participación implicaba involucrarse activamente en las acciones colectivas del título.

"Yo la conocí en un evento de gráfica que se daba en Madrid el año pasado", contó Carla Beretta a Rosariol12. "Ella vio mis obras, me tomó el mail y me dijo que a lo mejor me iba a contactar para un proyecto. Poco después me llegó el mail invitándome a participar en la bienal. Ella tenía la opción de enviar un solo artista. Pero es curiosa, inquieta, y le gustó darnos la posibilidad a un grupo. Una vez que seleccionó el grupo que le parecía que podía ir con el proyecto, nos dijo que nos teníamos que comprometer a ir a cuatro encuentros. Se necesitaba de la participación nuestra, no es que cada uno hacía su obra y después se la ensamblaba como fuera. Lo interesante era eso, que cada uno desde la técnica que trabaja tenía que abordar una temática propia que se ajustara a la bienal y a su vez a la nuestra, que era la confrontación y la conversación", evocó.

"Nos encontramos personas que no nos conocíamos, y esto nos enriqueció mucho. También la idea de Mirta era que no fuéramos todos judíos. Varón hay uno solo (el mexicano Arturo Mercado Gurrola). Primero se conversó de un formato, que iban a ser unos cuadrados que tenían que coincidir uno con otro, hasta llegar a estos hexágonos tipo panal pero donde no debía haber una abeja reina. Todos debían tener la misma importancia. Por eso se resolvió que el color fuera blanco y negro. Si bien ella nos daba las directivas, todo se charlaba, se conversaba, confrontábamos", recordó Carla Beretta.

Participaron además Adriana Babor, Silvana Blasbalg, Sandra Ciccioli, Gabriela Esterovich, María Ester Foggia, Mirta Gendin, Cecilia Glazman, Analía Hahn, Silvia Holzkan, Karina Kipershmit, Mariela Monferrer, Monica Nejamen, Noemí Schneck, Sara Slipchinsky, Judith Waldmann y Ana Zlatkes. Si bien provienen de disciplinas tan diversas como el arte textil, la pintura o la fotografía, lograron integrar las diversas imágenes en un sugestivo mosaico de metáforas visuales. Éstas aluden tanto a problemáticas sociales como a un concepto destacado en el discurso curatorial de la bienal: "tikkun olam", reparar el mundo, empezando por tomar conciencia del daño ecológico.

En un video (subtitulado en inglés) que acompañará la instalación, Mirta Kupferminc explica que su estructura se asemeja a la de una página del Talmud, con un texto central y los diversos comentarios individuales en los márgenes: estos serán representados en la muestra por los rectángulos, intervenidos por cada artista en colores.

Si bien no proviene del judaísmo, Carla Beretta trabaja en sus mashups gráficos cuestiones afines a esa cultura, tales como la importancia de la palabra escrita o las contradictorias lecturas posibles de textos canónicos. Al resaltar algunas palabras del Padre nuestro, por ejemplo, hace aparecer la frase "Tierra perdón". Oídos inútiles se trata de nuestra incapacidad de escucharnos mutuamente, simbolizada por los constructores de la mítica torre que llegaría al cielo, cuya diversidad de lenguas (una maldición divina, enviada para hacer fracasar semejante desmesura) les impidió comunicarse entre sí.

 

Si bien la experiencia funcionó, cabe esperar que en próximas ediciones de la Bienal de Jerusalén se invite a artistas argentinos que desde hace años trabajan temáticas judías en lenguajes actuales, entre quienes merece destacarse al pintor rosarino Daniel Scheimberg.

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