El socialista António Costa busca su renovar su mandato en las parlamentarias
Hoy se plebiscita el modelo portugués
Logró recuperar la economía del país a través del rechazo de las políticas de austeridad, y un programa de medidas sociales para mejorar los ingresos de los ciudadanos.
El primer ministro António Costa en plena campaña por las calles de LisboaEl primer ministro António Costa en plena campaña por las calles de LisboaEl primer ministro António Costa en plena campaña por las calles de LisboaEl primer ministro António Costa en plena campaña por las calles de LisboaEl primer ministro António Costa en plena campaña por las calles de Lisboa
El primer ministro António Costa en plena campaña por las calles de Lisboa 

Desde Madrid

Este domingo, se celebran elecciones parlamentarias en Portugal, y el Gobierno de izquierdas que lidera el socialista António Costa pondrá a consideración de los votantes el modelo económico que le permitió recuperar la economía del país a través del rechazo de las políticas de austeridad, y un programa de medidas sociales para mejorar los ingresos de los ciudadanos.

Además, los comicios decidirán si el Partido Socialista (PS) logra reunir apoyos suficientes para formar un ejecutivo monocolor, o deberá alcanzar acuerdos con otras fuerzas como el Bloque de Izquierdas y el Partido Comunista, con los que ha gobernado estos últimos cuatro años en un programa de gobierno pactado. 


“Ninguna encuesta le da al PS una mayoría absoluta, por lo que será necesario algún acuerdo parlamentario”, afirma el historiador e investigador del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coimbra, Miguel Cardina. “La hipótesis más remota es la de una coalición electoral, el PS no la quiere, y los partidos de izquierda tampoco. No hay un nivel común de compromiso que lo permita”, sostiene Cardina.

Consciente de esas diferencias, el primer ministro Costa ha enfocado su campaña en conseguir un respaldo contundente para poder formar un gobierno estable de mayoría propia. El líder socialista ha dicho que en caso de no poder hacerlo, Portugal podría mirarse en el espejo de España, donde el presidente en funciones Pedro Sánchez ha pasado meses sin conseguir formar su Ejecutivo, y ha convocado nuevas elecciones.

La diferencia con España es que en Portugal la alianza parlamentaria del gobierno socialista con el Bloque de Izquierdas y el Partido Comunista ha dejado una impresión positiva en los ciudadanos, y muchos votantes son proclives a que se reedite en otro mandato. “Existe una presión popular a este respecto, que se deriva de la idea de que estos cuatro años, a pesar de todas las limitaciones políticas, han dado como resultado la recuperación de los ingresos”, señala Cardina.


Para Ricardo Ferreira Reis, Director del Centro de Estudios Aplicados de la Universidad Católica Portuguesa, no está tan claro que la alianza actual pueda reeditarse. “Para el Partido Comunista fue extremadamente devastador apoyar el gobierno, ya que pierde su protagonismo natural en las calles con los sindicatos. Entonces, impondrá condiciones tan exigentes para apoyar a otro ejecutivo liderado por los socialistas, que Costa preferirá renunciar a su apoyo”, sostiene. 


No así con el caso del Bloque de Izquierdas, “que es más indulgente con la economía, pero será bastante exigente en temas sociales: la eutanasia para comenzar, pero también otros temas de su agenda. En este caso, los socialistas serán más proclives a aceptarlo”, precisa Ferreira Reis. 


Otros dos escenarios posibles son una alianza del PS con el Partido de las Personas, Animales y Naturaleza (PAN), o un gran acuerdo entre los dos partidos mayoritarios, el PS y el opositor Partido Social Demócrata (PSD), que las encuestas muestran en segundo lugar en intención de voto, 10 puntos porcentuales por debajo del PS. La primera opción podría ser una de las preferidas de Costa, en caso de que no logre la mayoría pero quede a un paso. El PAN defiende una agenda de corte ecologista y animalista que el socialismo podría filtrar en su programa sin problemas, y los condicionamientos de su apoyo no serían determinantes.

La otraopción, es un gran acuerdo entre los dos partidos tradicionales, PS y PSD, que articule un mandato con políticas de izquierda y de derecha a la vez. Para Carmina, será diferente para el líder socialista gobernar con apoyos de la izquierda o de la derecha, y eso se verá reflejado en cómo se aborden los desafíos que tiene por delante el próximo gobierno.

“Portugal sigue siendo una sociedad profundamente desigual con salarios muy bajos; los servicios públicos, especialmente la salud pública y la educación, se están erosionando debido a la falta de personal e inversión; y la presión turística ha creado una dinámica de gentrificación en las grandes ciudades que empuja a la población activa, los estudiantes y los ancianos fuera de los centros urbanos”, precisa Carmina. 

En ese contexto, una alianza entre el PS y los partidos de izquierda podría aprovechar la buena coyuntura económica para resolver los problemas estructurales que sufre el país.
Para Ferreira Reis, la configuración final del gobierno dependerá de los resultados. Sin embargo, el contexto económico puede jugar un rol importante. Por ejemplo, las señales de alarma en la economía alemana, el motor de la Unión Europea, que hacen temer una recesión. 

En el caso de que se produzca una recesión en Europa, “un futuro Gobierno similar al actual probará una mezcla de pequeñas dosis de todo: tratar de sostener los salarios y las pensiones el mayor tiempo posible y aumentar un poco el gasto gubernamental”. Pero con un frenazo económico, “los ingresos fiscales disminuirán y las cuentas públicas comenzarán a deslizarse, lo que no será admisible para el ministro de Finanzas y presidente del Eurogrupo, Mário Centeno, por lo que aumentarán los impuestos indirectos, y se detendrá aún más la economía”, afirma Ferreira Reis. En ese caso, “los partidos de izquierda ejercerán presión para ampliar los gastos sociales, y las cuentas públicas se desbordarán aún más”. 

De cara a ese posible panorama, Ferreira Reis no descarta que Costa intente formar un gobierno minoritario con acuerdos puntuales con la izquierda para aplicar durante un escenario económico más favorable. En el corto plazo, el líder socialista “podría intentar imponer medidas más austeras como la reducción de salarios a través de acuerdos con la oposición de centroderecha”.

Carmina también asume que el contexto económico puede afectar el desempeño de un futuro gobierno, por ejemplo si se afecta el peso “del turismo que, junto a el aumento de la demanda interna, ha logrado revertir las medidas austeridad”. En rigor, en los últimos años, el gasto de los turistas en Portugal ha llegado a representar entre el 10 y el 15 por ciento del Producto Bruto Interno.

La posibilidad de una recesión o de un cimbronazo en el turismo, no es parte de las preocupaciones más urgentes de los portugueses. Muchos de ellos están enfocados en continuar la recuperación de los estragos que causó la austeridad de los años anteriores al Gobierno de Costa. Si bien el desempleo bajó del 12 por ciento del 2015 al 6,3 por ciento actual, el salario mínimo es de 600 euros, lejos de los 900 euros de España o los 1500 euros de Francia. Por otra parte, el último año se produjeron diversas protestar para reclamar por el estado del servicio de salud o las condiciones precarias de la educación pública.

“Fueron años muy difíciles hasta 2015: ataques contra la estructuración de los derechos sociales de la democracia posterior a 74, recortes en los salarios y las pensiones, desempleo y relaciones laborales precarias, la emigración juvenil y la idea de un horizonte de desesperanza. ‘Vivimos más allá de nuestras posibilidades’, fue una de las frases más escuchadas por los políticos y los medios hasta 2015”, señala Carmina para describir el contexto que hizo posible la “jeringoza”, la inesperada alianza de gobierno entre el PS y la izquierda que desplazó a la fuerza de centroderecha, el Partido Social Demócrata, que había ganado las elecciones del 2015.

En esta elección parlamentaria, las encuestas reflejan que no existen dudas sobre quién debe gobernar. Todo apunta a que el PS será el partido más votado. La diferencia con el 2015 es que, ahora, las fuerzas políticas no están frente a aquel abismo de la austeridad. La mejora económica despejó las urgencias, y el interés político empezó abrirse paso entre las demandas de la ciudadanía. 

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