En la muestra "La mirada excéntrica" se presentan casi cuarenta obras del artista argentino, integrante del Di Tella  
César Paternosto en el MNBA
Acaba de inaugurarse en el Museo Nacional de Bellas Artes la muestra César Paternosto: la mirada excéntrica, con 38 obras del artista platense radicado en España e integrante del Di Tella. Paternosto se propone, con gestos formales y poéticos, subvertir la disposición jerárquica de los elementos pictóricos, confrontar con el poder. En esta entrevista, habla de la pintura figurativa y por qué la considera al servicio de las clases dominantes, de su investigación sobre el arte simbólico y abstracto de las antiguas civilizaciones americanas y por qué cree que la geometría es un camino hacia lo espiritual.
Worksheet. 1972. Emulsión acrílica sobre papel. Colección del artistaWorksheet. 1972. Emulsión acrílica sobre papel. Colección del artistaWorksheet. 1972. Emulsión acrílica sobre papel. Colección del artistaWorksheet. 1972. Emulsión acrílica sobre papel. Colección del artistaWorksheet. 1972. Emulsión acrílica sobre papel. Colección del artista
Worksheet. 1972. Emulsión acrílica sobre papel. Colección del artista 

Propuso una visión oblicua, otro modo de mirar sus obras. César Paternosto, nacido en La Plata en 1931 pintó sobre los laterales del bastidor dejando el frente del lienzo vacío: invitó al espectador a desplazarse para reconstruir una imagen total, propia, irrepetible: un camino personal. Con ese gesto pictórico (formal) y poético, sus obras se lanzan contra la tradición del arte occidental; subvierten la disposición jerárquica de los elementos pictóricos. Con sus composiciones centrífugas, Paternosto buscó establecer una ruptura con el arte del pasado, confrontar con los poderes dominantes. Al conversar con él, uno intuye que esa mirada lateral que adoptó en el arte es también una forma posible de abordaje en la vida, en la praxis cotidiana.

César Paternosto: la mirada excéntrica, en el Museo Nacional de Bellas Artes, con curaduría de Andrés Duprat, director del museo, reúne 38 obras realizadas desde 1960 hasta hoy, varias de ellas nunca antes exhibidas. Hay pinturas –no se restauraron y es posible ver la pincelada, el color de época, incluso huellas del paso del tiempo: se agradece–, dibujos y un site specific, Deconstrucción pictórica, donde desplegó una de sus pinturas en el espacio. Recorrer este site specific es como sumergirse en una de sus pinturas: es posible espiar el mundo Paternosto a gran escala con composiciones listas para capturar. Además se exhibe Continuidad tectónica, una obra que es una síntesis de escultura y pintura.

Integrante de la generación del Di Tella, Paternosto se radicó en Nueva York en 1967 y desde hace 15 años vive en Segovia. Decidió vivir en España movido por el amor, cuando conoció a su actual pareja, y, además, cuando su obra empezó a venderse en el mercado de arte español. Hoy trabaja con la galería Guillermo de Osma, en Madrid; Dan Galería, en San Pablo; Durban Segnini, en Miami, y Cecilia de Torres en Nueva York.

Paternosto realizó una intervención en el vestíbulo de llegada de la estación de Atocha en Madrid. Y su obra se encuentra en el MoMA, el Guggenheim y La Fundación Ford en Nueva York; el Museo de Bellas Artes de Boston; el Kunstmuseum Bern (Suiza); el Museo Nacional de Arte Reina Sofía y el Thyssen de Madrid; la Co­lección Patricia Phelps Cisneros y Ella Fontanals-Cisneros en Venezuela, el MNBA, el MALBA y el MAMBA, entre muchos otros museos y colecciones.

En el Centro de Artes Visuales del Instituto Torcuato Di Tella, Samuel Paz, el sub-director, fue su “tutor artístico”. “Samuel era el ojo y el cerebro del Di Tella, una persona muy ecuménica: veía los trabajos de Alejandro Puente y los míos con mucha comprensión”, cuenta Paternosto en diálogo con Radar, en la sala de su muestra, justo antes de la inauguración. Luego, el artista viajó Nueva York, con unos meses de diferencia con Puente. Tenía 35 años y antes de llegar a destino, el MoMA ya había comprado una obra suya para su colección.

Una epifanía americana

En 1977, hizo un viaje por el norte de la Argentina, Bolivia y Perú, donde visitó Tiahuanaco, Cuzco, Ollantaytambo y Machu Picchu, sitios emblemáticos de la cultura precolombina. “La experiencia fue como una epifanía. En el medio de los Andes, encontré rocas talladas en forma cúbica, geométrica, que habían pasado desapercibidas para los estudiosos. En Nueva York empecé a investigar y no encontré nada sobre esas rocas, apenas unas pocas referencias”, cuenta el artista. Mientras que para los arqueólogos eran simples piedras, Paternosto vio en ellas esculturas abstractas constructivistas (ya que estaban hechas con piedras engarzadas sin argamasa, el mismo método con el que construían sus palacios). “El arqueólogo –dice– si no ve una forma reconocible, zoomórfica, antropomórfica o vegetal, no ve arte”. Incluso fue más atrás para salir del centro y halló en el Neolítico las primeras representaciones abstractas en las urdimbres de los textiles (con geometría pura o formas de la naturaleza geometrizadas).

Tras su viaje, en el que documentó fotográficamente y estudió los sitios arqueológicos de Perú, Bolivia y México, investigó la mitología andina y planteó una hipótesis acerca de ese descubrimiento que lo golpeó. “Los mitos decían que los primeros hombres habían sido creados en piedra o que las piedras se transformaban en guerreros que ayudaban a defender una ciudadela: llegué a la conclusión de que con esas piedras talladas exaltaban la calidad simbólica del material. Es como si la piedra se representara a sí misma”, señala Paternosto. Esta conclusión figura en su libro Piedra abstracta-La escultura inca: una visión contemporánea (publicado en español en 1989 por el Fondo de Cultura Económica y luego, en 1996, traducido al inglés por la editorial de la Universidad de Texas), donde compiló su investigación sobre el arte simbólico y abstracto de las civilizacionea americanas. 

Pintó las caras laterales del bastidor invitando al espectador a desplazarse para completar la lectura de la obra, que denominó visión oblicua. Ese desplazamiento pictórico es un gesto estético que se levanta contra siglos de tradición y, al tiempo, es un gesto político. “Es como confrontar con las culturas dominantes o los poderes dominantes –dice–. En el arte yo me voy del frente, salgo del centro, que es algo que después observo en el arte precolombino. Desde el Renacimiento hasta hoy se reafirma el arte de las elites dominantes. En el Renacimiento, la iglesia pedía pinturas por encargo; luego la sociedad burguesa demandó obras para decorar sus casas. La demanda de retratos era una forma de documentar a los integrantes de la propia elite: desde el papa hasta los miembros de la monarquía. Esa pintura figurativa estaba en gran medida al servicio de las clases dominantes”.

Formas espirituales

Para Paternosto, el lenguaje geométrico condensa un paso previo a las formas puramente espirituales. “La forma geométrica al dejar de representar formas naturales, que connotan lo físico, posibilita el acceso a vibraciones espirituales –dice el artista–. Precisamente por no representar elementos naturales, la pintura abstracta es como un reflejo de ciertas vivencias o necesidades interiores. Refleja mejor los estados espirituales. Para Kandinsky, el arte surge como una necesidad interior: no se somete a representar algo que está afuera, sino que desde el interior del creador pasa a la tela”.

También marcado por una fuerte espiritualidad, el pintor holandés Piet Mondrian, que desde muy joven se interesó por la filosofía y la religión, se propuso eliminar “lo trágico de la vida”. Influenciado por la filosofía de Spinoza y el movimiento teosófico (muy extendido en Holanda), realizó su propia indagación. Terminó usando solo líneas verticales y horizontales, colores primarios, blanco (luz) y negro (ausencia de luz). El arte, para él, no debía ser figurativo, restringiéndose tan sólo a la reproducción de objetos, sino que debía indagar en lo absoluto, subyacente en la realidad fenoménica.

Para Mondrian, si bien el cubismo era racional, nunca logró llevar esa racionalidad hasta las últimas consecuencias. En un artículo publicado en 1925, escribió: “Durante mucho tiempo me afané por descubrir aquellas peculiaridades de forma y de color natural que provocan estados de ánimo subjetivos y enturbian la pura realidad. Detrás de las formas naturales cambiantes se encuentra la pura e invariable realidad. Hay que reducir, entonces, las formas naturales a relaciones puras e invariables”. Y se lanzó a plasmar en sus pinturas lo invariable (espiritual) que, según su criterio, se expresaba mediante la oposición absoluta: horizontales y verticales que se cortan en ángulos rectos, y también se expresa por oposición entre color y no color.

El próximo año, Paternosto publicará con una editorial española un libro que ya terminó y que se titula La irrupción del otro. “Aquí abordo el tema de la espiritualidad en el arte–señala–. El otro son todas las teorías extrañas a Occidente (como el movimiento teosófico) que generan el arte abstracto. Incluso los textiles precolombinos tienen influencias extrañas a la tradición occidental. Por eso lo llamo la irrupción del otro, que comienza con el cubismo, que se nutre de la cultura tribal africana”.

 

César Paternosto: la mirada excéntrica se puede visitar en el Museo Nacional de Bellas Artes, Av. Del Libertador 1473, de martes a jueves de 11 a 20; viernes 11 a 22, sábado y domingo de 10 a 20.

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