Una app rescata las voces de mujeres encerradas en instituciones psiquiátricas durante el franquismo.
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La aplicación es gratuita y fue creada en España, permitiendo que se oigan estos testimonios en primera persona y se vean sus rostros gracias a tecnología de realidad aumentada.

“España ha sido pura profilaxis hasta el momento. Ha preferido no tocar su memoria, pero es importante que las mujeres nos construyamos una idea de quiénes hemos sido y de lo que hemos sufrido. Necesitamos crear nuestro propio relato y descubrir la represión para acabar con esta sociedad de espíritu crítico adormecido”, afirma con contundencia la artista visual Elena Tóxica, fundadora delgrupo artivista Toxic Lesbian, colectivo ciberfeminista detrás de la flamante Al viento. Tal es el nombre de la app gratuita que, desarrollada a partir de tecnología de realidad aumentada, lanzaron muy recientemente, con expresa intención: “recuperar los testimonios reales de mujeres psiquiatrizadas” durante la España de la posguerra y evidenciar “el uso político de la psiquiatría durante la dictadura franquista”. Así, smarthphone mediante, hace fantasmagórica presencia Adela, interpretada por una actriz que escribe y repasa las palabras (reales) de las misivas que envió desde la Casa de Dementes de Santa Isabel de Leganés, en Madrid, en los 40s. Antiguo palacete de la duquesa de Medinaceli, el centro -uno de losprimeros en su tipo en España- había sido fundado a mediados del siglo 19 y contaba con un pabellón para mujeres, el de las agitadas, “porque la agitación y el furor es más frecuente en el sexo femenino”, según anotaciones de aquel entonces. “Los tiempos no daban para mucho, ni en el orden moral ni en el material, y allí, en Leganés, a los que estaban enfermos y a los encerrados sin estarlo les esperaban más camisas de fuerza, frío, hambre y penalidades sin cuento”, señala la periodista Carmen Morán Breña sobre el horrífico sitio. Adela, casada a los 19, madre de cinco, padeció una aguda endometriosis a partir del segundo parto. Subestimando su dolor, los médicos de la época la tildaron de “infantil”; y el marido, que le dispensó severo régimen de morfina del que ella devino dependiente, la acusó de derrochona y de infiel, para más tarde suspenderle las dosis, y finalmente, sentenciarla al encierro de por vida, meterla en el manicomio. Es a él a quien le escribe las misivas desesperadas que rescata Al viento. Epístolas que, dicho sea de paso, nunca llegarían a destino: los médicos instaban a los pacientes a escribir para ayudarse con el diagnóstico, archivándolas luego en los informes de cada caso. “Anúlame de tu vida pero, ¡por dios!, déjame al lado de mis hijos”, se la escucha decir vía app. “Te prometo no hablarte para nada de irme. Escríbeme y dime de nuestros hijos”, anota con tangible impotencia. Y ya luego: “La vida de una persona puede cambiar solo en unas horas, y la mía ha cambiado. Ya ha sido el golpe tan fuerte y doloroso que hasta mis ideas se han transformado. Lo único que no cambia, por más esfuerzo que haga, es el pensamiento que lo tengo fijo, obsesionado en nuestros hijos. Nuestros. Antonio, tuyos y míos. ¿Quién cuida de Rafaelín?, ¿quién hace las trenzas a mis niñas?, ¿y el brazo de Pepín?, ¿estudia Antoñito? Los tengo clavados en mi alma a los cinco. Pero sobretodo a mi niño, a mi Rafaelín, ese es mi mayor martirio. Solo le diré que con el disgusto de tener los pechos llenos de leche y no poderla sacar, quisiera morirme”. “Antonio, por la virgen, ¿tú sabes dónde me has enviado?, ¿tú tienes idea siquiera de lo que es un manicomio?”, ponía el grito en el papel una Adela evidentemente abrumada, desgarrada.
“Adela es la primera de las historias de mujeres represaliadas en psiquiátricos durante la posguerra que irán apareciendo, poco a poco, en la aplicación”, apunta el diario El País sobre la propuesta que, en palabras de Toxic Lesbian, pretende “no pasar al lado del dolor con indiferencia, porque no se puede contar la sociedad sin contar el dolor. No podemos estar permanentemente ajenas al sufrimiento. Puede ser duro, pero es muy satisfactorio recuperar la justicia. La injusticia sí que es sufrimiento”. Según se detalla en las simplísimas instrucciones de uso de la aplicación, es recomendable darle curso en un espacio amplio y bien iluminado; y un par de clicks alcanzan para que Adela haga acto de presencia en pantalla, en escala real, sentada en una silla, escribiendo; su voz en off repasando las líneas -por tantas décadas- postergadas. “Las mujeres entraban sin diagnóstico y acababan trastornadas”, subrayan desde Toxic Lesbian, a la parque explican que su propuesta pretende denunciar “el uso político de la psiquiatría durante la dictadura, con técnicas de represión que el doctor Antonio Vallejo-Nájera se trajo de la Alemania nazi”. En efecto, bajo las doctrinas del “Mengele español”, como se le conoce a este filonazi especialista en patologizar la disidencia, la psiquiatría adoptó los valores tiranos, ultraortodoxa en hispanidad y catolicismo, entendiendo la higiene mental como higiene moral y racial, en jerga de entonces. Devino instrumento para el régimen, condenando a cualquiera que no se ajustara al ideal moral, cristiano y patriótico del franquismo. De allí que muchas personas ingresadas -la mayoría, según voces en tema- no padecieran realmente una enfermedad mental; lo mismo podían ser homosexuales, madres solteras, marxistas… Pero “molestaban”, eran “peligrosos” para la integridad de una sociedad “depurada” y, por tanto, acababan en manicomios, sobreviviendo en condiciones infrahumanas, desprovistas de derechos, padeciendo penurias inenarrables. Sobra decir que la de Adela no es la única misiva olvidada: tantísimas fueron recuperadas por un equipode especialistas en psiquiatría -Olga Villasante, Ruth Candela, Ana Conseglieri, Paloma Vázquez de la Torre, Raquel Tierno y Rafael Huertas- para Cartas desde el manicomio, libro que reúne cien años de epístolas de puño y letra de hombres y mujeres recluidos, entre 1852 a 1952, en Leganés. En este trabajo, editado el pasado año por el sello ibérico Catarata, se ha basado el team detrás de Al viento para dar forma a este proyecto que aborda la memoria histórica y la salud mental desde una perspectiva de género. Además de Toxic Lesbian, por cierto, participaron también el grupo insPIRADAS y el Instituto de Historia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

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