Lula libre

Por M.W.

Parece mentira, se celebra la aplicación de un principio básico del derecho penal moderno. Se festeja aunque el ex presidente Lula da Silva haya estado preso 580 días sin condena firme, siga proscripto y su encierro haya sido la clave para que llegara al gobierno Jair Bolsonaro, arquetípico representante de la nueva derecha mundial. Piensa igual que su cofrade y colega argentino Mauricio Macri aunque su retórica se parezca más a la de Patricia Bullrich y Miguel Pichetto.

Los poderes concentrados mienten, persiguen y criminalizan a sus adversarios. Los tratan como enemigos. Arguyen ser dueños exclusivos de la democracia. Mal que les pese, hace poco tiempo en este vecindario se sucedieron mandataries que, para el ideario humanista, encarnan progresos en el sistema. Un tornero humilde, un indio venido de la base del sistema social. Tres presidentas, por primera vez en la historia de Argentina, Brasil y Chile. Reelectas por añadidura. Sin violencia, sin armas, sin exclusiones en la competencia electoral.

Décadas de gobernabilidad, mejoras en la distribución del ingreso, empoderamiento de los humildes, ampliación de los derechos sociales. Cada terruño a su modo, con fuertes señales de color local. Estos renglones no aspiran a sintetizar sus misceláneas historias, solo a recordarlas.

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Lula fue proscripto mediante una causa amañada, pactada con el Departamento de Justicia de los Estados Unidos, concretada por un sistema judicial inescrupuloso, un juez que se describía como ejemplar. Sergio Moro terminó desenmascarado como conspirador con evidencias irrefutables. Antes había sido premiado como ministro de un gobierno ultraderechista. Bolsonaro es un alocado con carné solo similar a los déspotas del realismo mágico de formidables libros del siglo pasado.

La lucha, siempre, continúa. Una parte formidable del daño está hecho. La derecha gobierna Brasil, Chile, Ecuador, Colombia, busca el golpe de estado en Bolivia, es favorita para las elecciones en Uruguay. La disputa, pues, es palmo a palmo. El futuro es incierto, de momento siguen dañando, causando dolor, erigiendo muros reales o simbólicos.

Este cronista reitera una hipótesis: la derecha del siglo XXI, acá y en el centro del mundo es incapaz de generar un orden estable, gobernable. Como sí pudieron, décadas ha, Ronald Reagan, Margaret Thatcher o Carlos Menem.

En un trance auspicioso aunque complicado en nuestro país es oportuno honrar la memoria de Marco Aurelio García, militante, cuadro político de primera, amigo de la Argentina, compañero de Lula… merecía vivir este momento. 

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