A mano alzada
El baile y el suelo, un nuevo capítulo del ciclo La Línea Piensa, de Felipe Noé y Eduardo Stupía
En una muestra que reúne pinturas, dibujos e historietas, Azul Blaseotto recrea el período de protestas sociales en contra del extractivismo, la represión y los negocios inmobiliarios.


La nueva entrega de La Línea Piensa, el ciclo coordinado por Luis Felipe Noé y Eduardo Stupía en el Centro Cultural Borges, y que está dedicado a la práctica del dibujo en la Argentina, cuestiona algunas instancias del discurso sobre la modernidad en el arte, la construcción del espacio urbano y la política. El baile y el suelo, de Azul Blaseotto (Buenos Aires, 1974) reúne un conjunto de pinturas, dibujos, historietas y publicaciones que, al mismo tiempo que reivindica la alegría de habitar un territorio común en la ciudad, los suburbios o el campo, denuncia la comercialización desenfrenada del suelo por medio de negocios inmobiliarios y agroindustriales. El género donde se destaca Blaseotto es el de los testimonios visuales a mano alzada (como los que hace de represores en los juicios de lesa humanidad). Semillas de ideas, disidencias y memorias, sus dibujos documentan el presente de manera crítica.

Abre la muestra un conjunto de pinturas inspiradas en escenificaciones digitales preexistentes (rénders). “Una imagen simula lo que se espera” sondea las idealizaciones urbanas del Gobierno de la ciudad de Buenos Aires en el Paseo del Bajo, la Villa Olímpica y el puente que unirá la Villa 31 con Recoleta. “Los rénders que imaginan una Buenos Aires que no conocemos son de legibilidad amable en su planimetría y color –dice Blaseotto-. Las figuras humanas son pocas y en grupos de no más de tres. Se copian y pegan y siempre hay un trajeado con corbata, un runner, un jubilado pacífico, una mujer con cartera o bicicleta y niñas y niños jugando. Esos dibujos estampan la tipología del ciudadano binario e inofensivo en un escenario inocuo y de grandes dimensiones infraestructurales”. En sus pinturas, hechas con el pulso titilante del píxel, Blaseotto hace jugar a esos prototipos en escenarios irreales donde no existe el conflicto (ni tampoco la comunicación). Contenidas entre unas manos dibujadas en la pared con carbonilla, en referencia a las manos pintadas por Antonio Berni en la cúpula de Galerías Pacífico, esas obras ironizan sobre la ciudad real.

Quizás lo más deslumbrante de El baile y el suelo son los tres paneles en los que la artista agrupa sus dibujos documentales, a medio camino entre el cómic y la crónica visual, sobre manifestaciones y marchas de docentes, centrales sindicales, agrupaciones feministas y de derechos humanos en el período 2016-2019. Con una estética del detalle, se registran personajes y cánticos (“Yo sabía/ yo sabía/que a Santiago/ lo mató Gendarmería”) de los años de Mauricio Macri en el poder. En otro panel, por medio de viñetas y reportajes gráficos que se remontan hasta 2013, se visualizan las luchas contra el ecocidio llevado a cabo por gobiernos y empresarios en la “República Unida de la Soja”. Allí se ven retratos de algunos héroes (Andrés Carrasco, la boliviana Silvia Rivera Cusicanqui, el polaco Pavel Wiechtek y el español Jordi Borja, entre otros) y sus ideas sobre los estragos del extractivismo y los modos posibles de resistencia. “Lo más grave no es el glifosato –reflexiona Carrasco en el dibujo de Blaseotto-, sino la aceptación de un discurso cientificista y acrítico, un país ordenado en todos los aspectos y controlado socialmente”. En el tercer panel (“Soja Bonus track”), se exhiben las planchas originales del fanzine homónimo, que visualiza la conexión entre el crecimiento de los centros urbanos y el desbosque y descampesinización en distintas regiones de América Latina: “La soja desaloja”. Blaseotto muestra el caso de la masacre de Curuguaty, en Paraguay. “Viajé y entrevisté a lxs campesinxs en resistencia contra el modelo sojero. Los dibujos más pequeños fueron hechos in situ en el campamento al borde de la ruta, que se montaron cuando el empresario conchabado con el gobierno desalojó a los campesinxs a balazos y machetazos de la tierra que habitaban y trabajaban”, recuerda.

Para Blaseotto, los artistas necesitan habitar el espacio público de manera performativa, “en ejercicio de deseos y poderes distintos de los de la normatividad civil y homogeneizante”. Siempre lleva un cuaderno donde consigna lo que ve y escucha en las multitudes. “Son instantáneas de un presente compartido y situado”, dice. Gran cosecha de postales sobre las formas de defensa de la tierra, el espacio urbano y el trabajo en el corazón de una Buenos Aires en combustión.

El baile y el suelo. Hasta el 15 de diciembre, con entrada libre y gratuita. Centro Cultural Borges. Viamonte esquina San Martín. CABA.

Suplementos
Suplementos
Tu navegador tiene deshabilitado el uso de Cookies. Algunas funcionalidades de Página/12 necesitan que lo habilites para funcionar. Si no sabés como hacerlo hacé CLICK AQUÍ