Xia le manda a Esteban por Skype unas fotos del volcán Sushumi, en Datong. El pie de foto dice: Sushumi es un volcán que sólo era promesa pero nunca entró en acción. Como un volcán muerto. Como un oximoron de poder y frustración. Un volcán sin actividad volcánica, un desperdicio, dijo Xia que le dijo su padre, Wu, que decía Mao Tsé Tung: en algún momento hay que escupir lava o saliva o sangre o semen. Un volcán no fue hecho para esperar eternamente o mirar la historia desde atrás de la ventana. Mientras lo contemplas, el mundo y tú se consumen, dijo Xia, que le dijo Wu, que decía Mao.
-¿Vas a venir?
-Estoy esperando que me paguen el saldo de la casa. Me agarró justo el cepo. El comprador no tiene los dólares.
-No entiendo. ¿How they pay there? ¿Cómo pagan allí?
-La verdad, nadie lo sabe. Los que vivimos acá no sabemos. Yo creo que tampoco hay más pesos. Hay unos billetes infantiles con unos animalitos, un tigre, un hornero, una ballena, que dicen que son pesos, pero en realidad es un bono, como un papel que se puede canjear por alimentos, pero no es moneda, es como un vale… En una época se llamaban Lecop o Patacones. Son eso. No los reciben en ningún país. Ni los uruguayos, que siempre agarraron cualquier calamidad nuestra, ya no los quieren…
-¿… and then?
-Entonces, es el adverbio favorito de ser argentino. Entonces es la suspensión del lenguaje y del pensamiento. ¿Entonces? Pregúntale al volcán cuando va a escupir lava.
-Yo soy volcán –dijo Xia-, escupo bilis, rabia, estoy enojada.
-Yo también, pero soy como un cautivo. Ser argentino es ser cautivo o cautiva. Siempre hay un malón o un ejército de terratenientes que nos lleva, nos roba y nos confina.
-¿Woman…?
-Sí, mujer, Ema, la cautiva.
-Yo soy cautiva…
-No, yo soy el cautivo, porque no me pagan los dólares.
-Y yo soy cautiva de vos…
-Tuya, se dice.
-Tuya… Xia, tuya. (la Y griega, en chino, hizo una leve fricción en la lengua como si una serpiente se moviera en la maleza).
-¿Cómo es el femenino de volcán, en chino?
-Vulcana, Venus, Afrodita, Cassandra, tuya.
* * *
Al día siguiente, Esteban leyó en un diario económico argentino que el nuevo gobierno estudiaba formas de conseguir divisas mediante fideicomisos, en los que se podrían invertir pesos y canjearlos por dólares a través de compras o inversiones. Habría que esperar unas semanas que el nuevo plan económico estuviera en marcha y quizá así podría hacerse del pago, mediante una triangulación del dinero: su deudor le daría pesos, que él invertiría en el fideicomiso, pudiendo retirar los dólares en China. Esteban recordó que durante el corralito, en 2001, había maniobras parecidas, comprando algo en pesos, uno podía luego vender eso y conseguir dólares. Recordaba haber hecho algo así con acciones de la bolsa, incluso con algunas obras de arte para que un dealer amigo, italiano, proveedor de la comunidad tanguera rosarina, se llevara los dólares a Europa.
Pasaron quince días y una tarde de diciembre, el ministro Guzmán anunció ese engendro financiero para canjear los bonos del hornero naranja por dólares. Al día siguiente habló con el comprador de la casa y acordaron ir a su agente de bolsa. En setenta y dos horas hicieron la operación, y en una semana, él podría canjear sus bonos argentinos al 70 %, por dólares de Shangai.
Al otro día compró el pasaje, 25 de enero, China Southern Airlines, Ezeiza-Beijing. Clase turista. Treinta horas y posibilidades de hernia de disco o flebitis o trombosis. Ema, el cautivo. Emo, la cautiva.
Cuando terminó de comprar el pasaje, lo imprimió para ponerlo de protector de pantalla del Skype de modo que Xia lo viera sin tener que avisarle o decirlo. Como un volcán que sin aviso escupe lava. Por una semana no encontró a Xia en el sitio, tampoco encontró a nadie en su casa o su trabajo. Recién después de una semana, ella lo atendió desde Cannet des Maures, en Francia, donde había conseguido un intercambio laboral de seis meses con el famoso vivero Meilland en la Provenza.
¿Entonces…? dijo Esteban.
Entonces, le dijo ella, abandona ya el hornero, ese nido de mientras tanto argentino, y ese día que nunca llega. Y vete. Vete hacia mí.
-¿Vete de mí?
-No, hacia mí. Ahora tú ser mi cautivo. Now, you´re my captive. My love. You´re mine.
Y en apenas un murmullo, antes de que se congelara la pantalla por un fallo de la conexión de internet, Esteban alcanzó a oír en un susurro la voz de Mao que decía: mientras tú lo contemplas, el mundo se consume.