Comerse un flash

Flashes, un falso biodrama para enamorarse

Descubren un vínculo biológico entre ellxs y lo fraternal se transforma en amor mientras se reflexiona sobre la realidad y la ficción. 
Imagen: Pablo Scavino

No es la primera vez que Patricio Abadi hace del teatro un lugar para ejercitar el humor que su propio oficio le despierta. Hay una comicidad absurda, una voluntad de elegirse como tema de su dramaturgia para provocar un efecto de auto parodia que lo lleva a desarrollar un personaje que podría sintetizar el alma del actor independiente. En ese deseo por algún trabajo que le asegure un pequeño ingreso, y en la persistencia por encontrarle el encanto a una rutina que podría desarmarlo, las historias de Abadi conservanun humor que soporta cierta ingenuidad en la recuperación de una teatralidad de otra época que el joven actor siempre trae como un resabio de su inspiración.

En Flashes Abadi se mete en el biodrama para usar el género como farsa. En realidad su obra es un falso biodrama donde Pato, este actor de teatro independiente que se estremece cuando le salen unas funciones pagas en Chivilcoy, se entera que tiene una medio hermana a la que su padre llama Natasha Kinski. La chica, interpretada por Carolina Babich también es actriz y vive en España, el encuentro entre lxs dos se produce cuando el padre muere y estxs jóvenes hermanxs se enamoran con solo verse. Lo confesional se convierte en un recurso para discutir la verdad en escena. Abadi y Babich lloran al describir a su padre, al hablar de los momentos que compartieron con él pero ese hombre que aparece en un video casero, suerte de registro familiar, después subirá a escena para recibir el aplauso cuando termine la función.

La dirección de Abadi pone en un primer plano la actuación como un campo donde es imposible separar cierta verdad de la vida, de ese efecto que la interpretación produce, donde podemos creer lo que sabemos que se arma bajo el embrujo de lo ficcional. Es justamente en el trabajo actoral de Babich y Abadi donde Flashes se cuenta con mayor eficacia. Son ellxs en una entrega que lxs muestra completamente humanxs, vulnerables y nos lleva a sospechar que esa emoción es un procedimiento que se efectúa a partir de un desplazamiento. Lo real está cruzado en el territorio de lo falso, contaminado por los datos inventados pero algo de lo que narran les ocurrió. En esos desplazamientos también se construye el vínculo entre ellxs que habla tanto de la obra que realizan lxs hermanxs y que opera como la concreción de una herencia simbólica que el padre les deja, como de esa puesta en escena real que fabrican Babich y Abadi.

En ese collage, intento de estructura armada en partes, ligada al recuerdo pero también a esa torpeza con la que Pato dispone de su vida que no está tan ajena a la realidad de Natasha, aunque la chica parece un poco más resuelta y favorecida con su trabajo en la Televisión Española, se juegan la inestabilidad y una débil noción de fracaso que Abadi siempre evoca y elude al mismo tiempo. Un poco como si quisiera desdramatizar la vida del teatro independiente de la que pudo reírse en una obra anterior llamada Anti héroe del off pero también como un modo de enfrentarla y asumirla, de darle cierto tono de advertencia en relación a su arte. El infortunio como un acompañante a veces difuso del que el personaje de Abadi siempre logra salvarse porque tanto él como Natasha encuentran en su práctica, en la ejecución de la actuación frente a un público, algo del orden de la pasión que les estalla en el cuerpo. Un cansancio que lxs deja felices, demasiado cercano a la experiencia amorosa.

Flashes se presenta los viernes a las 20:30 en el Camarín de las Musas.

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