Algo huele mal en Nueva York

Succession, ganadora a mejor serie dramática en los Golden Globe

El entramado político y social de una familia de clase alta comandada por un padre patriarcal que maneja con sarcasmo la vida y el futuro de sus hijxs.

El poder es una llave que abre todas las puertas cerradas de la resistencia, un cúmulo de palabras capaces de hacer obedecer a los más salvajes, un saco que nunca se rompe, la posesión que obliga a los otros a cruzar la línea del deseo, un sol alrededor del que todos giran y por el que todos arden. No se puede escapar del poder, es un imán que atrae furia y glamour y que provoca que las relaciones avancen o mueran, un instinto difícil de eludir. El poder es y sigue siendo uno de los temas preferidos para contar un drama familiar inmerso en la vida pública. Y el poder patriarcal ejercido por un hombre superpoderoso sigue explicando el modo en que se desarrollan los individuos en la sociedad.

La serie Succession explota ese entramado de poder en el interior de una familia rica de Nueva York que es dueña de una mega empresa de noticias y entretenimiento. A pesar de ser un recurso utilizado muchas veces en la ficción, esta serie resalta por el nivel de las intrigas, la inteligencia de los diálogos, los creíbles matices de los personajes, y las herramientas que suman a la trama, como crear situaciones de encuentro y reunión para mostrar cómo los individuos se relacionan entre sí. Se trata de un padre, dueño de todo, de la empresa, de la sabiduría y del sarcasmo constante, que maneja a su antojo a sus tres hijos y a su hija. A la vez los hijos y la hija viven y se desviven para ser los sucesores del padre, lo aman, lo odian, lo idolatran, lo insultan, se enojan y vuelven siempre pidiendo perdón entre la ambivalencia de querer ser los nuevos directores ejecutivos de la empresa, pero también de ser aceptados, amados y reconocidos por el padre todo poderoso.

Succession es la serie que terminó siendo, una de las más vistas y reconocidas de los últimos tiempos, porque trata el tema siempre atrapante del poder, pero también porque se acerca a esa otra problemáticafascinante que es la relación entre padres e hijos. Kendall es el que intenta rebelarse pero termina cayendo a los pies del gran Logan Roy, llega tarde a la reunión que él mismo preparó para intentar sin éxito remover al padre de su propia empresa; Connor es que “no hace nada” pero tiene delirios presidenciales; Roman es el bufón, un personaje maravilloso que siempre está al acecho, como un Rosencrantz en la corte de Hamlet, porque si hay una referencia que explota, como no podía ser de otro modo cuando se habla de poder, es la de Shakespeare. Y Shiv, su única hija mujer, se dedica a la política, no quiere meterse en la empresa hasta que le ofrecen la posibilidad de comandarlo todo y desde ahí se suma a la competencia feroz entre los hermanos para ser los sucesores.

Nada les importa más a los cuatro hermanos que su propio beneficio. Shiv es la que le pide a un político para el que trabaja que se lave las manos después de saludar a un hombre de bajos recursos, y también la que logra con astucia que la denunciante por acoso sexual de un jerárquico de la empresa retire su acusación a cambio de dinero, tranquilidad, pero también justicia, promete que si obtiene su silencio ella misma se encargará del acosador. Así, cada felicitación que obtiene de su padre es una satisfacción más que suman y que los hace sentirse vivos y útiles. El nivel de endogamia es tan alto que la familia Roy llama "personas no reales" a las que están por fuera de su sistema de convivencia: pertenecer o no pasa a ser un fin en sí mismo, sin importar las consecuencias, las culpas o los problemas que eso implique. La serie terminó su temporada dos, fue ganadora en los Globos de Oro y ya estaría garantizada la tercera por HBO.

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