El Cairo Cine Público reabre sus puertas

Políticas culturales para llenar el alma

Con la presencia de autoridades, la sala pública vuelve a sus funciones y abre expectativas en torno a la nueva gestión política y cultural.
"Hay hambre de consumir cultura", dicen Bouchet y Vicente."Hay hambre de consumir cultura", dicen Bouchet y Vicente."Hay hambre de consumir cultura", dicen Bouchet y Vicente."Hay hambre de consumir cultura", dicen Bouchet y Vicente."Hay hambre de consumir cultura", dicen Bouchet y Vicente.
"Hay hambre de consumir cultura", dicen Bouchet y Vicente. 
Imagen: Andres Macera

El Cairo Cine Público reabrió el jueves sus puertas, y la sala se llenó. Hermoso recibimiento para el inicio de actividades, instancia a la que también asistieron funcionarios del Ministerio de Cultura de la provincia: la secretaria de Estado de Políticas Socioculturales, Leilén Bouchet; el secretario de Industrias Culturales, Félix Fiore; las directoras de Innovación Cultural, Florencia Lattuada y Nora Araujo, de Espacios Culturales de la Provincia; junto al coordinador y jefe de programación de El Cairo, Ariel Vicente.

En diálogo con Rosario/12, Bouchet y Vicente compartieron apreciaciones en torno a una experiencia que ya reúne diez años, a la par de las expectativas supuestas por la gestión entrante. Durante la conversación, el público colmaba butacas para el estreno de La muerte no existe y el amor tampoco, ante la alegría de su director, Fernando Salem, presente en la proyección.

—Es significativo que suceda este recibimiento por parte del público.

Leilén Bouchet: —Se me venía a la cabeza la idea de lo que es el movimiento del pueblo y la poesía que eso tiene. Cuando un pueblo se quiere levantar y quiere salir adelante. Estamos viviendo un momento muy difícil a nivel latinoamericano, en el contexto político y social. Hace poco, el presidente Alberto Fernández decía que ante una situación de emergencia son necesarias políticas de inclusión y políticas para combatir el hambre, pero también las políticas culturales para llenar el alma. El arte es un elevador del espíritu. Yo vengo del teatro, soy de Esperanza, y nunca voy a olvidar cuando vi mi primera obra, de una directora independiente de Humboldt, María Rosa Pfeiffer. Era la historia de Merceditas, una historia local que trascendió las fronteras del pueblo, la región y el país. Esa obra me cambió la vida y marcó para siempre lo que yo quería ser. Hoy estamos abriendo este año de actividad con un autor nacional, y pienso en la necesidad de pantalla para el cine nacional, en la importancia de nuestras historias, narrativas y poéticas, que son maravillosas. Y que tenemos que adaptarnos a los patrones de consumo, que van cambiando tan rápidamente. La industria audiovisual es muy competitiva, y la participación del estado es indiscutible. Si se corre, tenemos un déficit; pero si está, tiene que estar con todo, en todo el encadenamiento de la industria.

—Pienso en la diversidad de títulos y procedencias, una constante en la programación de la sala.

Ariel Vicente: —Nuestras propias historias pueden convivir con una película comercial o de cualquier procedencia. Así, quien viene descubre que hay otras maneras de contar, que hay otros autores. Ese diálogo entre distintas propuestas de programación es lo que a mí me parece construyó públicos y audiencia. Eso fue lo que en definitiva sucedió acá. El consumo es fundamental, así como desarrollar un espacio de creación de públicos. No se trata de enseñar a consumir, sino que la gente pueda encontrar qué ver y reconocerse como sujeto. Tal vez sea ésa la misión que tiene El Cairo. Fue a largo plazo, se tardó diez años. ¡Cuando abrimos había dos espectadores! De lo que se trata ahora es de poder generar estas posibilidades de consumo.

Bouchet: —Lo que nos planteamos, y a nivel de todos los espacios socioculturales, es poder también cruzar los propios límites que te impone la geografía. Yo vengo de las ciencias políticas y creo en los líderes. Lo que quiero decir es que hubo personas que sostuvieron espacios y los entendieron como trincheras, porque estaban diciendo algo. Hoy a uno le toca ser el estado. ¿Y qué es una política de estado? Hay que tener la sensibilidad, el tacto para saber dónde algo está funcionando, y qué podemos repensar juntos. Quienes estuvieron desarrollando una experiencia durante diez años saben perfectamente qué funcionó y qué hacer para potenciar. Lo que uno se propone es cómo llevarlo a otros lugares, cómo descubrir otras iniciativas y experiencias, dónde hay grupos de gente en torno a un interés común. Ahí tiene que estar el estado. En definitiva, se trata de discutir valores, ideologías, y compartir.

—En lo personal, éste es uno de tus primeros desafíos desde la gestión cultural, ¿es así?

Bouchet: —Vengo trabajando desde hace muchos años al lado de (el gobernador) Omar Perotti y de (el senador) Roberto Mirabella. Nos venimos preparando para esto. Omar siempre nos dijo que no quería un gabinete joven sino jóvenes en el gabinete. Y esto es así en todos los gabinetes ministeriales. En lo personal es un desafío muy grande, con la confianza de estos años de trabajo al lado de Omar, alguien totalmente solidario con el conocimiento. Recuerdo visitar con él, cuando era diputado, pueblos y ferias, en donde escuchaba a un productor pequeño, a un gran empresario, y al presidente comunal. Lo que uno desarrolló durante todos estos años es una enorme capacidad de escucha, de saber que siempre alguien puede enseñarte algo nuevo.

—¿Cuáles espacios dependen de tu área de trabajo?

Bouchet: —Tenemos una pata enorme en las Industrias Creativas, en todo el plan de fomento y promoción. En Santa Fe hay muchos artistas y talentos, y el estado tiene que estar ahí. En Rosario, están El Cairo y la Franja del Río, que tendrá su espejo en lo que es El Molino, Fábrica Cultural, en ciudad de Santa Fe. Luego los espacios socioculturales propiamente dichos: el Sistema Alero, CasArijón, y los otros espacios que componen el Tríptico de la Imaginación en Santa Fe. La otra pata es la definición de los programas que bajaríamos al territorio. Como dijo Omar, tenemos que escuchar y respetar los casos de éxito y de trayectoria, no importa dónde ni con quién, si es en un club, una vecinal o una iglesia, y con quienes tengan el vínculo con la ciudadanía y con los jóvenes. Y quiero aclarar que cuando hablamos de territorios socioculturales, son todos: un penitenciario, un museo o una escuela de arte.

—Quiero destacar que El Cairo surge desde una inquietud ciudadana, que culmina en el proyecto de expropiación. Hoy es un espacio insustituible.

Vicente: —Es un proyecto que surge del radicalismo, lo aprueba el justicialismo, lo implementa el socialismo, y ahora vuelve a una gestión justicialista. Es muy transversal. Que se haya sostenido una misma idea, la de abrir un cine público, a lo largo de gestiones de diferentes partidos políticos habla también de que el peso más fuerte lo tiene la ciudadanía. Y el estado tenía que estar presente. Es un fenómeno social y ciudadano, incluso como caso de estudio.

Leilén: —Cuando la ciudadanía se apropia de los espacios, uno no puede desoír. Que a principios de febrero estemos a sala llena, habla de que la gente tiene hambre de consumir cultura.

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