Pablo Ventura estuvo cuatro días esposado y sujeto a un barral . Incomunicado. Acusado de homicidio. Desde aquel fatídico 18 de enero en que se lo llevó un patrullero, su familia entró en una vorágine de incertidumbre y temor. Nadie les decía nada. El padre de Pablo recorrió cientos de kilómetros yendo y viniendo entre Gesell, Dolores y Madariaga, buscándolo. En medio del derrotero, su coche reventó una cubierta y casi tiene un accidente. No sabían qué pasaba. Cuando les dijeron “Acusado de asesinato”, todo se volvió "una pesadilla", "una película". La familia tenía certeza de su inocencia. Pero tenían que demostrarlo.

Hoy, la historia que tiene como protagonista al joven remero del Club Náutico Zárate, injustamente implicado en el homicidio de Fernando Báez Sosa, entra en una nueva etapa. Ya en libertad, Pablo Ventura iniciará una demanda civil contra quienes lo involucraron. “Para que paguen, todos los que nombraron a Pablo”, dice José María, su padre. No quiere que la impunidad sea reconocida como una marca en el orillo de su ciudad.

Pablo Ventura es muy alto y tiene la piel muy blanca. Los ojos vivaces y un gesto casi adolescente cuando sonríe. Parece estar lejos de la trama siniestra que agobió a su familia y en la que quedó atrapado. Una escena que no ha terminado con su liberación y sobreseimiento, pero que ya lo ubica en otro lugar. Ahora está en el lugar del reclamo, ya no tiene que defenderse, ya está probada su inocencia. Ahora demandará a quienes lo implicaron.

“Todo esto es una película, una película muy rara”, le dice Pablo a Página/12 en su casa de Zárate. Es mediodía y recién se levanta. Su madre, Marisa, acaba de llegar de la farmacia que tienen en Campana, y le acaricia el pelo al saludarlo. Su padre, José María, está atento al teléfono aunque dice que no alcanzan a atender todos los llamados. Hay más de trescientos mensajes en su WhatsApp. Incluso ya no hay un timbre de entrada a la casa. “Lo arranqué", cuenta José Marí. "Ya no podíamos soportarlo”.

Pablo habla poco, juega con sus manos de dedos largos. Se lo ve tranquilo. Pero sabe que no será lo mismo de aquí en más. Su vida con rutinas de estudiante y deportista cambió para siempre, desde que fue acusado junto a los diez rugbiers sindicados como autores del crimen de Fernando.

Pablo Ventura.


Imágenes mediáticas

Dos imágenes se imponen en el raconto del caso. Son mediáticas y hablan de lazos familiares. En una está Marisa, cuando recién se inició el caso. Se la ve hablando con la prensa, pidiendo a viva voz que se tenga en cuenta que su hijo fue detenido “porque dicen que una zapatilla que se encontró es de él. ¡Pero es una zapatilla talla 46 y Pablo calza 50!”, se exaspera Marisa frente a cámara. La otra imagen es del momento de la liberación, cuando ante la presencia de los movileros y de las personas que lo esperaban en señal de apoyo, su padre ve que Pablo se tapa la cara con la mano y le dice: “Hijo, levantá la cabeza, ¡sos inocente!”.

Los Ventura son una familia de clase media, como tantas. El padre trabaja en una cooperativa eléctrica y le gusta pescar. La madre estudió farmacia en la Universidad de Buenos Aires, la misma carrera que Pablo sigue en la Universidad de Belgrano. Cada mañana se levanta a las 5 y viaja en micro a Capital. Vuelve a mediodía y va a entrenar. Por las noches estudia o sale con sus amigos. “O están en casa, jugando a las cartas, o juegan al pool en esta mesa, acá”, muestra su padre.

A los 14 años Pablo dejó el básquet, una tradición familiar, y empezó a remar. Entrena dos o tres horas diarias. Corre 12 kilómetros por día y practica natación. Y aunque se dice que en alguna oportunidad tuvo un encontronazo con uno de los rugbiers implicados, él lo minimiza: “No pasó nada, no nos conocemos, somos grupos muy cerrados. Ellos por un lado y nosotros con mis amigos por otro, dos mundos distintos”, explica.

-¿Por qué crees que te involucraron?

Pablo:-Ni idea, no sé por qué paso. Mi vida era normal antes de todo esto. Cuando volví ya no era lo mismo. Esto te hace madurar mentalmente, porque fue muy impactante, sin haber estado ahí (en Gesell), de pronto tener que estar escuchando: detenido, liberado, sobreseimiento. Te haces más fuerte.

-¿Ustedes imaginaban que podía suceder una cosa así?

José María: -Para nada, fue de pesadilla. Cuando todo empezó estábamos durmiendo siesta. Mi esposa se levanta y me dice: ‘Está la policía’. Salgo y comienza todo esto... Que necesitan hablar con Pablo, que lo llame. Lo llamo y le pregunto: ¿Te mandaste alguna macana, qué pasó? Enseguida lo subieron a él al patrullero y a nosotros nos dijeron que teníamos que ir a la DDI de Zárate, que está en Campana. Ahí le preguntaron si había estado en Gesell. Hasta ese momento no sabíamos nada.

-¿Qué pensabas cuando ibas a Gesell en el patrullero, ya sabías de qué te acusaban?

Pablo: -Yo no supe nada hasta que llegué a Gesell. Ahí me dicen que estaba acusado de asesinato, premeditación, homicidio agravado y fuga. No podía creerlo. "Pero quedate tranqui", me dicen. ‘Si sos inocente, vas a salir enseguida’. Fue ahí que empezó todo para mí.

José María Ventura, padre de Pablo.


Tenés que demostrarlo

Su padre, que intentaba seguir al patrullero en su coche, también se enteró del caso recién cuando llegó a Gesell, varias horas después que su hijo. “Yo lo iba siguiendo –recuerda-, pero reventé una cubierta, no me maté de casualidad. Tuve que volver a Campana y lo perdí. Llego a Gesell y no me dicen nada. Voy a Madariaga, voy a Dolores, nada. Volví a Madariaga y recién ahí una subcomisaria me dijo: "Seguro está en la DDI de Gesell’. De terror, nadie sabía nada. Hasta llegué a pensar que lo habían secuestrado... Pensás cualquier cosa. Hasta que llego de nuevo en Gesell y me dicen: ‘Tu pibe esta acá’. 

Para Pablo los cuatro días de incomunicación “fueron eternos”. Esposado, sujeto a un barral con una cadena, y en una habitación donde al principio solo tenía un banco angosto para dormir. 

-¿Qué pensaste cuando te enteraste de la acusación?

Pablo: -Primero, que yo no estaba en Gesell esa noche. "Tenés que demostrarlo", me dijeron, y en mi cabeza solo pensaba cómo. Por los videos, por los celulares, por las redes wi-fi, por la localización que te indica las ubicaciones... Nada de eso me tranquilizaba. Porque eran todas suposiciones. No entendía por qué pasaba lo que estaba pasando.

-Había cambiado tu vida de un momento para otro…

Pablo: -De golpe, estás incomunicado, detenido. Esa noche pensaba en lo que podían hacer mis padres, sabía que iban a tratar de ayudarme pero pensaba, ¿cómo van a hacer? Porque yo me las ingenio con la tecnología, pensaba que por las cámaras de los locales y de las calles, se podía probar que no estuve en Gesell. Pero, ¿se le ocurrirá a mi papá esto? 

José María: -Yo supe inmediatamente que tenía que conseguir las pruebas y hacer pública la situación. Conseguí un video de 30 segundos de la noche anterior cuando cenamos en La Querencia, y llamé a una periodista que es de Zárate, Yanina Alvarez (C5N). Hablamos, me creyó. Me dijo: ‘Te mando un móvil ya’. Yo quería salir en todos los medios. Y el video se viralizó inmediatamente.

-¿Usted ya conocía a Jorge Santoro, ya era su abogado?

José María: -No, yo no tenía abogado. Sabía que no había nada que inculpara a Pablo, pero tenía que probarlo. Hablé con Santoro y me dijo: "Yo no hago penal, pero sé que tu hijo estuvo con mi nieto esa noche, así que tomo el caso". Supe que tenía que mediatizarlo. Fueron tres días en los que no me daba cuenta si era de noche o de día, quería hablar con todos los medios, era la única forma que tenía de ayudar a mi hijo. Cuando reaccionaba eran las doce de la noche, quería salir al centro y me encontraba con los gritos: "Asesino, su hijo es un asesino". Porque mi cara también se había viralizado. Pablo estaba solo. Yo estaba sin dormir. Marisa estaba acá. De terror.

Un poco de humanidad

Cuando Marisa también comenzó a salir en los medios, compungida pero con firmeza, la lógica comenzó a entrar a escena, porque incluso el video de La Querencia fue cuestionado inicialmente, podía “estar trucado”. “La cuestión de la zapatilla me desesperaba –recuerda Marisa–. Recurrimos a los medios porque tuvimos que salir a hacer visible esta locura. Por eso también fui a la marcha”. Se refiere a la marcha del viernes 24 de enero, cuando los vecinos de Zárate salieron a pedir justicia por Fernando y por Pablo. “Basta de impunidad” decían. Ubicaban el crimen y la acusación contra Pablo en una serie que incluye casos todavía impunes en la ciudad: entre otros, los de Rocío Juárez y Rodrigo Blanco.

-¿Cómo es hoy la reacción en la ciudad, hay tensiones o grupos enfrentados?

José María:- Al principio nadie entendía nada. Después de que se conoció el caso, fueron muy a favor. Ahora me conocen todos. "¡Usted es el de la televisión!", me dicen. Sí, lastimosamente soy el de la televisión. Hasta acá, llevábamos una vida tranquila. Pablo no toma alcohol, no se mete en problemas. Aunque en la ciudad hay muchos robos, muchos, no sabíamos de las grescas ni de estas actitudes tan violentas.

Marisa:- Fue desesperante, muy feo, triste, y da miedo. ¿Por qué lo nombraron? Y encima después ver las cosas que decían, los mensajes, los memes contra Pablo, ¡no entendíamos!

-¿En algún momento tuvieron temor por el futuro?

Pablo: -La justicia en la Argentina no es segura, yo pensaba eso, tristemente. Pero no me quedaba otra que confiar en que a lo mejor esta vez se haría justicia. Y que si de diez casos uno se resuelve, yo pedía que este fuera el número diez. Y creo que ayudó mucho que se hiciera mediático.

-¿Cómo explican lo que pasó?

José María: -Nosotros tenemos valores, cuidamos a nuestra familia, a los amigos, como nos criaron nuestros padres. Si mi hijo viene hoy lastimado, el sábado que viene vuelve lastimado, el otro sábado lastimado también, bueno, yo pregunto. Porque si no lo hacés, el problema sos vos. Tenés que preguntar: "Hijo, ¿qué te pasa?" Porque si te agarrás a las piñas cada semana, algo te pasa algo. Son valores distintos.

- ¿Creen que la defensa del grupo de rugbiers, que lleva una estrategia muy cerrada, habla de una amistad muy fuerte entre ellos?

Pablo: -Hay que ver cómo avanza, si quedan todos implicados o no, pero eso no es algo de amigos, es una estrategia, justamente. Amistad es otra cosa. Si son amigos y algunos hicieron algo y otros no, no te callás. Salís a declarar, a decirlo.

Marisa: -Tienen un solo abogado para los diez, es raro. Tendría que tener cada uno su defensa. Si algunos tienen responsabilidad pero no todos, si algunos no estuvieron involucrados, ¿por qué no lo dicen?

-Se habla de un pacto de silencio…

José María: - La situación genera esa duda, desde ya. Pero todavía es muy temprano para dar una postura, hay que esperar.

-¿Los sorprendió el apoyo de la gente?

Pablo: -Me sorprendió en Gesell, la gente se acercaba a saludar, se querían sacar una foto conmigo. Me sorprendió la cantidad de gente que estaba afuera cuando me liberaron, ya desde lejos se escuchaba cómo golpeaban las rejas. Yo salí y se me vinieron encima. Parecían toros, cómo empujaban, era avalancha. Yo estaba en shock, las luces me encandilaban, no podía escuchar nada. Y cuando llegué al hotel, el caso estaba en todos los canales. Porque mientras estuve detenido no supe nada, pero ahí, canal que ponía, estaba yo, estaba el caso. Recién al otro día fui cayendo. No me imaginaba que iba a ser tan masivo. Tenía 2.400 seguidores en Instagram y ahora son 30.000. Me escriben de otros países, me dan su apoyo.

-¿Tuviste contacto con los amigos de Fernando?

Pablo: - Sí. Después del sobreseimiento se contactaron conmigo sus compañeros del colegio, me pidieron disculpas porque al principio pensaban que yo tenía algo que ver. Ahora me dicen que cuente con ellos, para lo que necesite.

Marisa: -La familia de Fernando tiene todo nuestro apoyo, queremos que se haga justicia. Queremos un poco de humanidad.


La demanda

“Que se haga justicia, eso pedimos, desde el día uno. Pedimos justicia. Por eso vamos a iniciar la demanda contra todos los que hablaron de Pablo”, explica José María Ventura a Página/12. Es un hombre serio y está dolido. Su hijo ha padecido la injusticia de una acusación que todavía nadie puede explicar. Y él está dispuesto a poner al descubierto esa crueldad.

-¿Tuvo contacto con los padres de los rugbiers involucrados en el caso?

-Me llamaron dos padres, pero cuando ya habían liberado a Pablo. A uno lo conozco, Titi (padre de Enzo Comelli), y el otro es el padre de (Juan Pedro) Guarino, a quien no conocía. Los escuché, casi no hablé, los dejé hablar. Cuando me dijeron "tenemos que tomar un café", yo dije sí, cuando quieran, pero esto no va a quedar así, alguien nombró a mi hijo y eso lo tienen que pagar. No volvieron a llamar.

-¿Por qué cree que lo llaman recién cuando Pablo es liberado?

-Creo que si la charla hubiera sido sincera, me hubieran llamado ni bien supieron que Pablo estaba detenido. Pero nadie llamó en ese momento. Y estaban armando la defensa. Por eso vamos a iniciar la demanda contra todos los que hablaron mal de mi hijo. Esto no va quedar impune.


Una fundación para ayudar

“Me gustaría ayudar a la gente que no tiene recursos y que de pronto se encuentra en una situación así, de tanta injusticia”, dice Marisa Pittilini de Ventura, la mamá de Pablo. “Todo lo que nosotros tenemos es fruto de nuestro trabajo y pudimos disponer lo necesario para ayudar a Pablo. Pero, ¿cómo hace la gente que no tiene recursos?", reflexiona. 

"Después de recibir tanto apoyo de la gente, en estos días se me apareció una idea. Varias veces pensé en armar una ONG, o una fundación que ayude a las familias de jóvenes en situaciones de injusticia. Porque ahora conocemos muchos casos que se podrían haber solucionado. Queremos ayudar para que las familias se sientan acompañadas. Quizá es una forma de devolver el apoyo que recibimos”.