La vuelta de Beliz, Aníbal Fernández, Alicia Castro y Chacho

Con Alberto y Cristina hay revancha para todos y todas

Tienen orígenes distintos pero algo en común: militan desde la adolescencia, apostaron al antimacrismo y hoy confluyen en el Poder Ejecutivo.

A diferencia de Daniel Scioli o Carlos Reutemann, que arrancaron desde la fama y después hicieron carrera política, ellas y ellos militan desde la adolescencia. La mayoría salvo dos, que están cerca, pasó los 60. Pero la función pública les tira y aquí están otra vez, en distintos cargos del Poder Ejecutivo.

Solo una formación como el Frente de Todos, la experiencia más amplia del peronismo desde 1946, pudo juntar otra vez a dirigentes tan variopintos que vuelven a la gestión en puestos importantes.

Gustavo Beliz, que con 58 es el más niño de los que volvieron, dejó el gobierno de Néstor Kirchner en 2004 después de desafiar públicamente la política de seguridad pública del Presidente. Kirchner no quería policías con armas en las manifestaciones y Beliz fue solidario con el comisario Eduardo Prados, el jefe de la Policía Federal que contradijo en público a Kirchner. En paralelo pesó también su encontronazo con Antonio Horacio Stiuso, el poderoso “Jaime” de la Secretaría de Inteligencia que ya venía en alza y terminaría siendo un ariete contra Cristina Fernández de Kirchner tras el Memorandum firmado con Irán.

Más discreto que en 2004 y que cuando era escritor de discursos y ministro del Interior de Carlos Menem, Beliz mantiene bajo perfil en la Secretaría de Asuntos Estratégicos de la Presidencia. Acompañó a Alberto Fernández en todos sus viajes al exterior y al canciller Felipe Solá en su reciente encuentro con el gobierno brasileño. Junto con Jorge Argüello y Sergio Massa es una de las tantas líneas de interlocución con la administración de Donald Trump. Pero sobre todo hoy Beliz es la carta de AF para presidir el Banco Interamericano de Desarrollo. El reemplazo del colombiano Luis Alberto Moreno se producirá en octubre de este año. Los Estados Unidos tienen el 30 por ciento de los votos, Brasil y la Argentina un 11 por ciento cada uno, la Unión Europea 10 por ciento, México un 7, Japón un 5 y Venezuela y Canadá un 4. También votan, entre otros Corea del Sur, China e Israel.

La especulación dentro y fuera del Gobierno es si en el toma y daca regional esa candidatura podría canjearse por una abstención argentina que deje el camino libre para una reelección de Luis Almagro, el uruguayo expulsado del Frente Amplio, a la cabeza de la Organización de Estados Americanos. Almagro compite con la ecuatoriana María Fernanda Espinosa y con el peruano Hugo de Zela. “Almagro se pasó de la raya porque no tiene una posición de arreglo pacífico sobre Venezuela y fue uno de los operadores del golpe en Bolivia”, dijo un legislador del Frente de Todos a cambio de su anonimato. “No sería coherente avalarlo ni siquiera de manera indirecta.” 

La sucesión en la OEA se decide el 20 de marzo. Allí votará, si llega a tiempo, el recién designado representante en el organismo, el ex dirigente radical Carlos Raimundi, que llega al Ejecutivo luego de pasar el macrismo en la Comisión de Integración del Instituto Patria de CFK. El macrismo, justamente, votó en contra de su pliego como embajador. La vicepresidenta piloteó la sesión y no se la vio disgustada por el resultado.

El Senado deberá tratar muy pronto el pliego de Alicia Castro, ya nominada por Fernández para Moscú. Dirigente sindical, cofundadora del Movimiento de Trabajadores Argentinos, el MTA antimenemista de los ’90, representó a Néstor Kirchner y después a Cristina Kirchner en Venezuela y en el Reino Unido. Rusia recibió con alegría la designación de una figura de alto perfil político y ligada además a CFK. Lo hizo saber en público y en privado.

Como diputada frepasista Alicia Castro tuvo diferencias con Carlos Chacho Alvarez. Lo criticó por haber apoyado la reforma laboral de la Alianza y más tarde por haber auspiciado el regreso de Domingo Cavallo. En octubre de 2000, cuando renunció a la vicepresidencia, Alvarez no hizo jugar la fuerza del bloque de 35 diputados para torcer el rumbo de Fernando de la Rúa. El Frente de Todos, que gracias a Mauricio Macri junta a todos, todas y todes, ahora los tendrá a ambos de embajadores. Alvarez fue aprobado para Lima. Kirchner y el propio AF lo habían sumado tempranamente al kirchnerismo en 2005, al impulsarlo primero como presidente del Mercosur y más tarde como secretario general de la Alianza Latinoamericana de Integración.

Una vuelta resonante es la de Aníbal Fernández, flamante interventor en Yacimientos Carboníferos Río Turbio con rango de secretario de Estado. Autodefinido como "peronista hasta la médula, incondicional de Alberto y Cristina", es un fanático de la gestión pública que fue ministro, senador y jefe de Gabinete desde Eduardo Duhalde hasta CFK. Se encargó de las fuerzas de seguridad en el período menos letal del Estado nacional. El nombramiento de AF por AF suena a revancha doble. Por un lado, de la derrota de 2015 en territorio bonaerense ante María Eugenia Vidal, prólogo de la derrota nacional en ballottage de Daniel Scioli. Por otro, del montaje que quiso relacionarlo sin prueba alguna con dos pistoleros.

También hay vueltas simbólicas. Con la ex senadora por el Frepaso 2001-2007 y ex diputada kirchnerista 2007-2011 Vilma Ibarra en la Secretaría de Legal y Técnica, Alberto quiso asegurarse una persona que definió como de confianza y solvencia técnica. Al mismo tiempo su presencia en la Casa Rosada es una prueba dada por CFK en el sentido de que ése es territorio soberano del Presidente. Vilma Ibarra no fue solo una de las impulsoras del matrimonio igualitario que, como diputado, Néstor Kirchner votó en 2010 con ganas. “Alguien tenía que hacer el gol”, decía entonces un Kirchner sonriente. Ibarra fue la autora de un libro publicado en junio de 2015, “Cristina versus Cristina, el ocaso del relato”. Así como en 2003, según contó, no votó por Kirchner, en 2015 se acercó a Margarita Stolbizer.

Hay otro habitante que debuta en la Casa Rosada en la Era AF, pero su caso presenta otros matices. Julio Vitobello es uno de los viejos amigos de Alberto. Legislador porteño, terminó al frente de la Sindicatura General de la Nación entre 2007 y 2009 y en una segunda etapa al frente de la Oficina Anticorrupción. En la OA llegó hasta el último día de mandato de Cristina. Fue uno de los albertistas que no renunció junto con su mentor, en 2008, gesto que por otra parte AF no obligó a imitar a los demás cuando dejó la Jefatura de Gabinete no bien terminó la crisis de la 125. Dialoguista y componedor, Vitobello se ocupa de la infraestructura y de los movimientos cotidianos del Presidente desde la Secretaría General. Pero ningún político se priva de la política: fue el que le avisó a la embajadora israelí Galit Ronen que el Presidente iría a Jerusalén para la conmemoración de la liberación del campo de concentración de Auschwitz. Fue una visita decisiva para desarmar la acidez del primer ministro Benjamín Netanyahu hacia el peronismo desde el Memorandum (un instrumento que se reveló inútil pero al que Israel atribuyó una postura proiraní que no tuvo) y la conquista de un canal de primer nivel en la relación con Donald Trump.

Pedagoga hasta la médula, maestra normal y licenciada en Ciencias de la Educación, otra vuelta es la de Adriana Puiggrós, que a los 78 años integra el equipo de Nicolás Trotta como secretaria de Educación. Fue la encargada del área con Felipe Solá entre 2005 y 2007. Diputada y ensayista, debería escribir sus memorias: en 1974, cuando a los 33 era una joven decana de Filosofía y Letras, fue destituida por los grupos de ultraderecha que, muerto Juan Perón, anticiparon los años de plomo que en 1976 serían relanzados con plan y sistema.

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