“Hugo Rodríguez es uno de los escultores latinoamericanos contemporáneos más significativos. Su carrera atraviesa varias décadas e incluye una cantidad de obras en gran escala en Europa y América Latina. (…) Sus obras son totalmente contemporáneas y tienen una visión cósmica del mundo y su complejidad biológica. (…) Hugo Rodríguez vive lejos del mundo artístico occidental, en la selva brasileña, a millas de distancia de algún centro urbano. Desde su soledad trabaja incesantemente, observa la naturaleza rica y diversa que le rodea y obtiene inspiración de los procesos que ve a su alrededor. Pocos artistas occidentales han sido capaces de filtrar esta experiencia en una expresión artística genuina, prefieren producir representaciones seudo-nativas de la vida nativa. Rodríguez nos desafía con cada obra que hace, descubriendo el arte de la realidad poderosa que está escondido en algún lugar en nuestro subconsciente”.

Poco conocida en nuestro país, su obra fue así valorada en los años noventa por el curador Gabriel Pérez-Barreiro, quien por aquel entonces era el curador de la Colección de Arte Latinoamericano de la Universidad de Essex y que luego se desempeñó como curador de arte latinoamericano en el Blanton Museum of Art de la Universidad de Texas en Austin, director de artes visuales de The Americas Society en Nueva York y curador de la última Bienal de São Paulo.

Sin embargo, desde 1959, Hugo Rodríguez fue uno de los protagonistas del arte argentino, ya que durante ese mismo año expuso en la cuna del movimiento informalista: la Galeria Pizarro. Poco tiempo después, realizó su primer mural en el Hotel Regidor y, luego de dos muestras en Galería Rubbers, se alejó de nuestra escena cultural partiendo con rumbo a Brasil en 1962. Desde que asumió la escultura como su quehacer fundamental (tras abandonar sus estudios de Medicina) supo para sí mismo que tenía que tomar conciencia del mundo al que pertenecía, pleno de asombro por el pasado precolombino como por la naturaleza de nuestra América.

Absorto por la dimensión de la naturaleza brasileña, su obra pasó de la realización de pequeñas esculturas a grandes murales, gracias a que el secretario de la Petit Gallerie lo contactó con el “Tout Brasil”. Hoteles, residencias, bancos y otras instituciones le dieron la posibilidad de hacer grandes obras en Rio de Janeiro, Fortaleza, San Pablo, Recife y Guaruja.

Más allá del tamaño de la obra siempre realizó sus esculturas sin boceto previo, en contacto directo, sintiendo con las manos los más diversos materiales en relación con el espacio. Desde maderas esculpidas con fuego hasta arenas coloridas, aguas, plantas usadas en murales ecológicos “cuando nadie ni siquiera utilizaba esa palabra”. Como ha señalado Pérez-Barreiro, Hugo Rodríguez llegó “a descubrir una manera nueva de fundir bronce con un modelo de poliestireno, que resulta en formas más intrincadas y delicadas que la técnica tradicional de la ‘cera perdida’”.

En un texto que le enviara a su amigo Wenceslao Sánchez de la Vega, Rodríguez escribió: “Como mi propia existencia estas esculturas son una realidad y una pregunta. La realidad es que no puedo dejar de hacerlas, no existían antes, no tenían ni forma ni peso ni medida, nadie podía verlas, ahora están aquí, son de metal, tienen peso, tres dimensiones y una forma propia y única. La pregunta es: ¿por qué estas esculturas exigen mi tiempo de vida para hacerlas? Como un relámpago de pronto yo sé, después ya no se más pero ya son, ya existen fuera de mí y dentro de mí una certeza fulminada de eternidad”.

En el ensayo Cosmovisión, que publicó en 2007, Rodríguez dice que “todos nosotros somos átomos del universo”. En consonancia, al hablar del quehacer escultórico afirma: “No voy al volumen, sino que queda indicado en el espacio. El Volumen como tradición, responde al ego, y ahora el ego humano se tiene que reconstruir con el ego del planeta todo”.

Es para mí un honor presentar en el Museo Nacional de Bellas Artes a Hugo Rodríguez. Así, la Fundación Luis Felipe Noé inicia su primera acción, que responde a uno de sus objetivos principales que es propiciar y dar visibilidad a artistas argentinos creando homenajes públicos que contribuyan a incrementar el patrimonio social y cultural de nuestro país.

* Pintor. La exposición de esculturas de Hugo Rodríguez, que reúne veinticinco piezas de bronce, se inaugura mañana a las 19 en el Museo Nacional de Bellas Artes, Libertador 1473 y sigue hasta el 15 de marzo.