Pese a las recomendaciones, el público arrasó

Coronavirus: Farmacias sin barbijos ni alcohol 

Una recorrida por locales del rubro dejó en claro que aunque no tenga sentido, muchos decidieron entrar en gasto. 
El alcohol en gel y los barbijos fueron los pedidos mayoritarios.El alcohol en gel y los barbijos fueron los pedidos mayoritarios.El alcohol en gel y los barbijos fueron los pedidos mayoritarios.El alcohol en gel y los barbijos fueron los pedidos mayoritarios.El alcohol en gel y los barbijos fueron los pedidos mayoritarios.
El alcohol en gel y los barbijos fueron los pedidos mayoritarios. 

“Aunque les digamos que no sirven, los piden igual”, afirmó Marcos Rosales, de la farmacia Gran Pacífico. Desde ayer por la tarde, luego de que el ministro de Salud Ginés Gonzáles García informara sobre el primer caso de coronavirus en la Argentina , en las farmacias de la ciudad de Buenos Aires hay faltante de barbijos, alcohol en gel y otros elementos de prevención. El hombre infectado, que había llegado de Europa el 1º de marzo, se encuentra internado en el sanatorio Agote, en Recoleta. En el barrio, las farmacias ya están sin stock de barbijos.

“Llegue de Europa hace un mes pero me siento mal y estoy resfriado, así que vine a consultar”, señaló un hombre que espera su turno en la guardia del Hospital Alemán. Lleva un pantalón de traje, camisa y saco, y tiene la boca tapada con un barbijo blanco de tela fina. En la guardia esperan entre cuarenta y cincuenta personas. “Por reglamento, si alguien tiene los síntomas del coronavirus se debe atender en la guardia, la idea es que no tenga contacto con los pacientes del sanatorio”, explicó una de las enfermeras del área de Infectología del establecimiento y afirmó que “cada vez que alguien viene a vacunarse o a atenderse por otro tema, pregunta sobre los métodos de prevención”.

Sobre avenida Pueyrredón, las clínicas y las farmacias se multiplican. “Yo viví tantas epidemias que ya se lo que hacer. Sigo el protocolo a rajatabla. Cuando llego me lavo las manos, después lavo las cosas que toqué cuando estuve afuera y también todos los elementos antes de cocinar”, relató Alicia, que se atiende enfrente. “Desde enero la gente está comprando alcohol en gel como nunca, de repente se acordaron de la importancia de higienizarse”, señaló Melisa Vitali, encargada de la farmacia, y confirmó que, en ese local, ya no hay barbijos de ninguna clase. La fila de clientes es larga. Al llegar a su turno, una clienta pide jabón antibacteriano. Aunque prefiere el sólido, del que ya no queda stock, se lleva una marca que viene en formato líquido. Enfrente, en la guardia donde el martes se encontraba el hombre con coronavirus , un chico con barbijo descartable espera su turno. Sin embargo, tanto médicos como otros pacientes del lugar no llevan protección. En la guardia del Hospital Durand hay unas treinta personas, pero solo dos, una mujer y una adolescente, llevan barbijo. “Conté mis síntomas y me lo dieron”, señaló la mujer. Sin embargo, dice no haberse visto con nadie que haya viajado al exterior. 

“Se los llevan de a 5, para todo el grupo familiar, esto es igual que con la gripe A. Yo trabajaba como farmacéutico en otro lado y empezamos a fabricar el alcohol en gel en el local”, relató Rosales, encargado de la farmacia en Santa Fe y Oro. Javier es farmacéutico hace 32 años. Su local, en el barrio de Palermo, también se quedó sin estos productos. “Algunas personas vienen informadas, pero otras me piden barbijos de veinte pesos y no sirven”, señaló y agregó que “los que funcionan son los rígidos pero salen muy caros y a las 7 horas ya no te sirven más”. 

La farmacia más cercana al Sanatorio Agote se encuentra en la avenida Las Heras, casi esquina Pueyrredón. “La embajada de China le compró a la distribuidora todos los barbijos 3M, que son los más efectivos”, comentó Cintia, una de las trabajadoras del local. En la caja, tres amigos pagan por una bolsa llena de barbijos. “Son casi los últimos que nos quedan; de los de tela fina, los descartables, ya no hay más y alcohol tampoco”, afirmó Cintia. Dos de los chicos hablan inglés, así que el tercero, que es venezolano, les hace de traductor. “Ellos son de China pero viven acá hace unos meses. Trabajamos juntos y ahora tenemos que viajar los tres al exterior”, relató el joven. Según contó, cada vez que entran a la oficina les toman la fiebre. “Están muy preocupados, asustados”, señaló. 

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