Vaya golpazo se llevó River de Tucumán. No sólo perdió un campeonato que tenía servido en bandeja desde hacía varias fechas, sino que se lo arrebató su máximo rival. El empate 1-1 ante Atlético significó además la continuidad de dos rachas que, dado lo insólito de esta definición de Superliga, parecen asemejarse más a maldiciones. La primera, que el club de Núñez sigue transitando la que es su cuarta máxima seguidilla sin títulos de liga (el último fue a mediados de 2014 con Ramón Díaz como DT, mientras que el récord histórico es de 18 años sin festejos locales). La segunda, que Marcelo Gallardo todavía no puede sumar a su nutrida vitrina el trofeo del campeonato argentino.

En el Monumental José Fierro, las cartas estaban echadas desde el vamos. Del lado visitante, pases por abajo, posesión y desborde por las bandas. Por el local, mantener el cero propio, cortar con faltas cuando sea necesario y apuesta a la pelota parada en ataque. Y con sus fórmulas, cada uno logró hacer daño en la primera parte, aunque ayudados en gran parte por las falencias de uno y otro: por River, las desatenciones defensivas, y por Atlético, un exagerado retroceso con invitación a campo propio.

Así las cosas, River manejaba los hilos al inicio de la historia. La línea de cuatro defensores de los tucumanos no era lo suficientemente larga como para cubrir las subidas de Montiel y Casco, armas predilectas del Millonario para dañar al local. Principalmente porque por el lateral izquierdo de Atlético era un mediocampista de pocas aptitudes defensivas (José Fernández), mientras que por derecha, un delantero por naturaleza (Melano), era el encargado de cubrir la banda ya que Marcelo Ortíz se cerraba para dar una mano ante la siempre amenazante presencia de Borré.

Dispuesto a replegarse y aguantar, Atlético sabía que cada posibilidad de pisar el campo rival era casi única. Por eso, a los 19 minutos, el central Cabral terminó rematando de media distancia y consiguió un córner. De allí vendría el 1-0 local, con un cabezazo de Toledo, quien le ganó a Martinez Quarta en el segundo palo y aprovechó una salida en falso de Armani, confirmando que la cosa no estaba aceitada en el fondo visitante.


A River le faltaba rebeldía. El respeto por la táctica y el plan original carecía de individualidades para sacarse algún hombre de encima y romper las férreas líneas tucumanas. En definitiva, lo más peligroso de River era el apresurado retroceso de Atlético, que a los 30 del primer tiempo ya reventaba a las tribunas cuanta pelota se acercase a su área y hasta ganaba minutos con jugadores tirados en el piso y elongando como si fuera tiempo de descuento.

Lo que rompió los esquemas, al fin y al cabo, fue un pelotazo. Martínez Quarta quemó los libretos y sacó un bombazo desde el fondo que Suárez desactivó con el pecho con gran maestría. El delantero descargó con De la Cruz y se mandó al área. El uruguayo ubicó a Casco, quien se le escapó a Melano y mandó el centro para un cabezazo fulminante de Suárez, quien cerraba así su obra maestra.

Con el 1-1, River todavía no dependía de sí mismo mientras que a Atlético no parecía disgustarle tanto el punto. Por ende, la tónica siguió siendo la misma: la visita atacaba y los locales resistían como podían. Con el correr de los minutos, lo que parecía desesperación en los tucumanos que corrían de un lado al otro se fue trasladando a los jugadores millonarios.

Tal impaciencia salía también desde el banco: Gallardo sacaba un defensor y mandaba a la cancha a Quintero y, más tarde, apostaba por las piernas frescas de Scocco y Pratto en ataque. River, equipo experto si los hay en jugar definiciones, de pronto fallaba pases simples y desperdiciaba ocasiones de peligro, envalentonando a Atlético, que con la pelota en su poder, no sabía sin embargo qué hacer con ella.

La llegada de la noticia de que Boca ganaba en Buenos Aires tampoco ayudó. El Millonario terminó chocándose consigo mismo en los últimos minutos, como incrédulo ante el título que se le escurría de las manos. Una realidad que no tardaría en confirmarse cuando el árbitro Loustau (de muy mal partido) pitó el final.

Zielinski, villano favorito

(Crédito: NA)

A fin de cuentas, Boca necesitó más que un Russo para ser campeón. Al otro lo encontró en Tucumán, donde Ricardo "Ruso" Zielinski volvió a convertirse el villano de una nueva película de terror de River. El DT estuvo a cargo de Belgrano de Córdoba en el duelo de Promoción de 2011 que terminó en el descenso millonario. Para colmo, al regreso a Primera, el debut fue contra el Pirata y en el Monumental, donde también se impuso la visita por 2-1. Tuvieron que pasar varios años hasta que Zielinski volvió a amargar a River, ya con Atlético, cuando lo eliminó de la Copa Superliga en 2019. Este 1-1 de 2020 se suma, claro, a su fama de villano, el favorito de Boca.

Síntesis

1 ATLETICO TUCUMAN: Lucchetti; M. Ortíz, Cabral, G. Ortiz, J. Fernández; Melano, Acosta, Erbes, Aguirre; L. Díaz, Toledo. DT: Zielinski.

1 RIVER PLATE: Armani; Martínez Quarta, Rojas, Pinola; Montiel, I. Fernández, E. Pérez, De la Cruz, Casco; Suárez, Borré. DT: Gallardo.

Estadio: Atlético Tucumán. Arbitro: Patricio Loustau. Goles: 18m Toledo (AT), 34m Suárez (R). Cambios: 46m Heredia por Aguirre (AT), 62m Quintero por Pinola (R), 67m Rojas por Melano (AT), 75m Carrera por Acosta (AT), 77m Scocco por Suárez (R), 87m Pratto por Casco (R).