Sonia Torres, titular de Abuelas de Plaza de Mayo Córdoba

"Lo único que me da miedo es no llegar a abrazar a mi nieto" 

A los 90 años, Sonia sigue determinada a encontrar a su nieto nacido en cautiverio. Su hija Silvina Parodi fue secuestrada y desaparecida tras lo que se conoció como La Noche de los Lápices cordobesa. A días de un nuevo 24 de marzo, habla de un presente y de un futuro que imagina marcado por el reencuentro. 
Torres sigue denunciando a gente como la monja Monserrat Tribo, que sabe y calla.Torres sigue denunciando a gente como la monja Monserrat Tribo, que sabe y calla.Torres sigue denunciando a gente como la monja Monserrat Tribo, que sabe y calla.Torres sigue denunciando a gente como la monja Monserrat Tribo, que sabe y calla.Torres sigue denunciando a gente como la monja Monserrat Tribo, que sabe y calla.
Torres sigue denunciando a gente como la monja Monserrat Tribo, que sabe y calla. 
Imagen: Nicolás Castiglioni

Desde Córdoba

Hay gente en este mundo que sabe dónde está el nieto de Sonia Torres y no se lo dice. Hay gente que la ve buscar, marchar y sufrir desde hace 43 años y calla. 

O se muere impiadosa, como el genocida Luciano Benjamín Menéndez, que la tuvo a metros durante los casi cuatro años que duró el Megajuicio La Perla - Campo de La Ribera y jamás se apiadó de ella. 

O gente que sigue viva y se oculta, calla y hasta reza, como la monja Monserrat Tribo que hasta anotó todo "en un cuadernito negro" y no quiere abrir la boca. Tribo era la Superiora de la cárcel de mujeres El Buen Pastor donde llevaron a la hija de Sonia, Silvina Parodi, tras parir un bebé el 14 de junio de 1976. Una fecha que confirmó Silvia Ester Acosta : una mujer que fue testigo de ese parto clandestino y lo declaró en juicio, ya que ella misma dio a luz al día siguiente por cesárea.

Todos esos datos se conocieron durante el Megajuicio La Perla - Campo de La Ribera. Silvina, de 20 años y embarazada de seis meses y medio, fue secuestrada la tarde del 26 de marzo de 1976 junto a su esposo, el mendocino Daniel Francisco Orozco de 22. A los golpes y maniatados, la patota de La Perla los sacó de la casita que ocupaban en barrio Alta Córdoba. Ambos estudiaban en la Facultad de Ciencias Económicas. Desde ese día, Sonia les busca. Siempre. 

-¿Cómo se sigue con fuerza después de tantos años?

-Un día y otro día y así...Todas las mañanas me despierto con Silvina. Con su foto en mi mesita de luz; y me duermo con mi Luis (su único hijo varón, un joven abogado que murió a los 37 años de un ataque de asma "también en marzo, pero de 1991"). Yo sé que si él estuviera vivo, ya la hubiéramos encontrado... Marzo me quitó dos hijos y un nieto. Pero le prometí a Silvina que siempre, hasta el final de mi vida, lo voy a buscar. Y eso hago. Estos últimos cuatro años fueron terribles... Hemos vivido atormentadas por ese tipo (se refiere al ex presidente Mauricio Macri). Ha sumido al país en una pobreza terrible, en el hambre. En la violencia... 

Acá -dice señalando la vereda de su casa, donde recibe a Página/12- pasaba la gente a pedir un huevo, pan, un poquito de azúcar... Nunca ví tanto hambre. Tanta gente sin trabajo, desesperada, en la calle... Fue horrible. Ahora estoy esperanzada con Alberto (Fernández). El hizo mucho junto a los Kirchner. Ojalá venga un buen tiempo para el país. 

Yo no quise festejar mis 90 años (los cumplió el 2 de octubre de 2019 ), porque me daba tristeza que hagamos una fiesta cuando muchos no tenían ni qué comer. El daño que hicieron es tan tan grande... He sentido mucho dolor por la gente. Siempre leo los diarios y veo los noticieros. No me los pierdo. Pero hubo algunas veces en estos años que no pude. Mucha violencia... Me daba taquicardia, no podía dormir. Y tengo que estar fuerte, seguir. No me puedo ir todavía...

-Habla de violencia, ¿sufrió algún ataque en particular en este tiempo?

-Hace poco... Y eso es raro acá en Córdoba, conmigo. Un hombre, un ex militar retirado me reconoció y me siguió insultándome por acá por el barrio... Me defendieron unos jóvenes. Pero no me ha pasado nunca hasta ahora.

-Salvo el ataque en 2006, luego del cual todavía hay una casilla con custodia en la puerta...

-Sí, cuando entraron y me pegaron. Eso, todo, fue para asustarme. Pero a mí ya no me asusta nada. Cuando te arrancan una hija, te roban un nieto y tenés esta edad... Lo único que me da miedo es no llegar a verlo, a abrazarlo. A cumplirle la promesa que le hice a Silvina. Eso sí me pone mal.

Ese año, un grupo armado irrumpió en la casa de la nuera de Sonia, donde había una reunión familiar, y fueron directamente por ella. La encerraron en el baño y la golpearon mucho en la cabeza. En la golpiza le reventaron un tímpano. Y al huir le dejaron en el jardín un mensaje mafioso: la cartera que le arrancaron a una adolescente novia de uno de sus nietos, con una pistola Bersa en su interior. 

Sonia toma aire y sonríe su sonrisa ancha, silenciosa, en la cara tostada por "el sol de la playa que tomamos con mi familia". Y sirve té en una mesa que preparó, "bien de abuela recibidora", en su living fragante de pancitos, té y el dulce de duraznos que ella misma hace cada verano.

-Así que ahora en Córdoba no tiene miedo...

-No. Me siento muy acompañada por todos. Jamás sentí ni una mirada de desprecio. Acá el gobernador (Juan) Schiaretti, ha sido siempre muy amable conmigo. Desde que asumió (por segunda vez el 10 de diciembre de 2015), me invitó y siempre inicia su discurso diciendo "la tenemos acá a la querida Sonia". Eso nos hizo tan bien... Asumía Macri, y acá Schiaretti recordaba a los 30 mil desaparecidos. Me invitó a la asunción, me cuidó siempre. Estuvo en la sentencia del juicio La Perla (el 25 de agosto de 2016), se sentó a mi lado... Lo mismo (el ex ministro de Justicia y actual juez del Superior Tribunal) el doctor Luis Angulo. Córdoba ha sido un lugar donde nos ayudan con la búsqueda. Hasta hicieron videos (desde el gobierno provincial) para que la gente nos ayude a encontrar a los nietos. Pero todavía falta que alguien nos acerque un dato, nos de una pista. O que mi nieto me descubra, me busque.

Foto: Nicolás Castiglioni.


La esperanza de Sonia

Su incesante golpear puertas. En ese camino no se salvó ni el Papa. "Le escribí una carta en 2013, cuando el Papa (Jorge) Bergoglio llegó al Vaticano. Ahí le pedí que abran los archivos, que me ayude. Que nos ayude a las Abuelas", recuerda Sonia.

-Hubo una respuesta...

-Sí, y hay un emisario (Enrique Palmeiro, de Scholas Occurrentes en la Argentina) que se comunica con (el abogado) Horacio Viqueira, que se porta como un hijo conmigo y siempre fue muy amigo de mi Luis. Horacio hace de intermediario entre Enrique y yo y siempre viene a verme o me llama. Supe por él que la monja (Monserrat) Tribo no quiso hablar. Que Francisco le mandó a un cura para liberarla del secreto, para que hable, pero que ella igual no quiso decir nada... 

-¿Nadie puede obligarla o a sus subordinadas? ¿Ni el Papa?

-Parece que no... Acá, durante el juicio, (la testigo) Laura Marrone contó que la fue a visitar a un convento en las sierras de Córdoba y que la Tribo le dijo a otra más joven que se callase, apenas esa más joven contó que le llevaba la comida a la "hija del aviador" (Enrique Parodi, el papá de Silvina, era de la Aviación). Ella sabe a quién le entregaron al bebé. Creemos que se lo dieron a una familia poderosa de Córdoba. Era un bebé sano. El hijo de una chica sana, mi hija, había sido campeona nacional de natación... Mi yerno y ella estudiaban Economía. Los que se lo llevaron estaban seguros de que iba a ser muy hermoso.

-El fiscal, durante la audiencia de Laura Marrone, pidió al Tribunal que citara a la monja a declarar al juicio.

-Sí, el fiscal Facundo Trotta lo pidió a los jueces. Pero la orden religiosa la sacó del país ocho días después. La llevaron a España. Está en un convento en Barcelona. Y ahí sigue. Ni Francisco pudo hacerla hablar... Estela (de Carlotto) ha pedido mucho por mí y todas las Abuelas a Francisco... Yo a veces me permito pensar que va a pasar algo. Que lo van a encontrar escrito (a los datos) en los archivos del Vaticano. Que esa monja o las otras, las que saben, van a hablar... Qué se yo. El 14 de junio que viene mi nieto cumplirá 44 años. Qué regalo de la vida sería abrazarlo, verle la cara, mirarlo... Cumplirle a mis hijos encontrarlo de una vez. Eso es lo que quiero para descansar tranquila. Después seguiré como siguen Estela y todas, buscando nietos hasta que me vaya.

Lo de la "familia poderosa" que aún tiene al nieto de Sonia, es ya casi un mito en Córdoba: se habla de que puede ser de Río Cuarto, "el Imperio"; que se lo entregaron a gente relacionada al poder eclesial, y hasta a familiares de una ex jueza Federal. Mientras, y durante los últimos años a partir de los juicios por delitos de lesa Humanidad, cientos de miles de personas apoyan la búsqueda de Sonia por las redes sociales. 

Sonia dice que se siente "abrazada, querida" ni bien pone un pie en la calle, o se sube al ómnibus que la lleva cada día a la sede cordobesa de Abuelas de Plaza de Mayo, en calle Duarte Quirós, detrás del edificio de Tribunales. Habla con agradecimiento de Marité Sánchez y Mariana Paramio, las abogadas que la han acompañado a lo largo de toda su búsqueda a pesar de las amenazas y hasta de los golpes que en el caso de Mariana, sufrió en su oficina cuando fue atacada por un par de sicarios. 

Hoy, ahora y mientras esta entrevista, en Córdoba, Río Cuarto, Barcelona o a la vuelta de la esquina de algún lugar quién sabe dónde, hay gente que podría terminar con esta búsqueda. Que podría darle a Sonia los datos precisos para encontrar a Daniel Efraín -o Efraín Daniel- como también se supo en el juicio Silvina nombró a su bebé las pocas veces que la dejaron amamantarlo. Hombres y mujeres que saben y callan. Que son conscientes de que el delito de la desaparición forzada se sigue cometiendo. Seres que desde la oscuridad del secreto la ven cumplir 88, 89, 90 años y le dan la espalda. Que se prefieren estatuas de sal antes que devolverle la alegría inconmensurable de la aparición del nieto que le robaron.

Ese que camina ya hombre bajo este mismo sol.

Pero también hay gente que sabe, piensa, lee esto y que tal vez.


Por qué Sonia Torres

Sonia Torres es la titular de Abuelas de Plaza de Mayo Córdoba. El pasado 2 de octubre cumplió 90 años. Desde la tarde del 26 de marzo de 1976 busca a su hija Silvina Parodi, a su yerno Daniel Francisco Orozco y a su nieto nacido en cautiverio el 14 de junio de ese mismo año.

De contextura pequeña aunque fuerte, Sonia Torres tuvo tres hijos con el aviador Enrique Parodi: Luis, Silvina y Giselle. La familia sufrió el primer secuestro en agosto de 1975, cuando una patota de la D2, la Gestapo cordobesa, irrumpió en su casa del barrio Paso de Los Andes -a pocas cuadras del centro histórico de la ciudad- y los torturó y mantuvo prisioneros durante varios días. 

Cuando los represores liberaron al matrimonio y a la pequeña Giselle (de entonces 15 años), a Sonia la sacaron literalmente a patadas fuera del edificio donde se mató y torturó a miles de personas, a sólo ocho pasos de la Catedral en la que ya reinaba el cardenal Raúl Francisco Primatesta. A Silvina y a Luis les prolongaron el cautiverio y los tormentos "por un par de semanas más".

Cuando el 24 de marzo de 1976 ocurrió el Golpe de Estado cívico-eclesiástico-militar, Sonia le rogó a Silvina que se fueran del país junto a Daniel. Pero la joven, que estaba embarazada de seis meses y medio, le dijo a su madre: “no podemos dejarle el país a esta gente, no podemos abandonar a los compañeros”. Esa fue la última vez que la vio. Los desaparecieron menos de 48 horas después en la tarde del 26. 

Años después, en 1991, también marzo se llevó a Luis en un súbito ataque de asma que dejó a Sonia desolada. "Fue peor incluso que el secuestro de Silvina, porque a ella siempre esperé que me la devolvieran y al bebé; pero Luis se fue una mañana y a la tarde estaba muerto. Me costó horrores, años levantarme de ese nuevo golpe".

Hija de un odontólogo, Sonia creció en una inmensa casona con huertas y árboles frutales “que ocupaba toda una manzana y cuyos patios confluían con los de mis tíos, hermanos de mi papá y mi mamá. En esos tiempos las familias vivíamos todas juntas. Me acuerdo de que éramos casi 18 primos los que nos encontrábamos todos los días para jugar donde se juntaban todos los patios y las flores. Crecí muy muy feliz. Por eso siempre mis mejores sueños, incluso ahora que pasaron tantos años, son en ese patio”. Cuenta que quería ser arquitecta, pero su padre le dijo que “no era un trabajo para una señorita de su casa”, así que sólo le permitió estudiar para farmacéutica. Y esa fue su profesión hasta hace poco más de un lustro.

En el año 2002 Sonia tuvo que soportar lo increíble: Tránsito Rigatuso, el interventor de la Escuela Superior de Comercio Manuel Belgrano y quien entregó una lista con 19 nombres de alumnos a Luciano Benjamín Menéndez, acusó a Sonia por “calumnias e injurias”. Rigatuso se consideró agraviado y la demandó porque en una entrevista que la Abuela concedió en 1998 en el diario La Voz del Interior, lo llamó delator. Entre esos 19 nombres estaba el de Silvina Parodi. La joven y otros diez compañeros fueron secuestrados, torturados y asesinados en lo que se conoció como La Noche de los Lápices local.

Fue la primera y única Abuela que tuvo que sentarse en el banquillo de acusados, en un proceso judicial absurdo. El victimario acusaba a la víctima. Luego del juicio oral y público, el juez Rubens Druetta concluyó no sólo que Sonia no había mentido; sino que Rigatuso efectivamente había entregado esa lista a Luciano Benjamín Menéndez en persona. Un testigo por entonces insospechado, el coronel César Anadón, segundo del "Cachorro" Menéndez, dio fe de que fue Rigatuso en persona quien entregó las listas a su jefe y que él mismo había estado presente en la reunión. Amparado en la impunidad de los llamados “juicios de la verdad”, Anadón creyó que su cómoda situación jamás cambiaría.

Ya con la llegada de Néstor Kirchner al gobierno, y la derogación de las leyes de Obediencia Civil y Punto final, Sonia ha asistido a cada uno de los once juicios por delitos de lesa humanidad que se llevaron a cabo en Córdoba desde 2008. Nunca ha dejado de buscar a su nieto. Todavía hoy, ahora, espera encontrarlo o que él la encuentre.

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