“No tacho los días ni los cuento: desde hace un tiempo estoy en un eterno transcurrir de mucho trabajo". La que habla es Mikki Lusardi, en un tono que tiende más a la alegría que al tedio. No parece exagerado el decir de la directora de Nacional Rock (FM 93.7): desde aquellos días de marzo previos al lanzamiento de la programación, en los que se alquiló una habitación en un hotel cercano al histórico edificio de Maipú 555 para estar presente el mayor tiempo posible, hasta esta actualidad de aislamiento obligatorio en el que todo lo planificado voló por los aires, Lusardi entró en un espiral de trabajo sin fin. “Siento que la presencia física, además de la emocional, es importante, sobre todo en una emisora que venía muy golpeada y que busca encontrar una nueva identidad", detalla. “Nos dedicamos a esto porque creemos que la comunicación juega un rol fundamental en la configuración social, en la difusión y amplificación, pero también en la contención y la compañía, especialmente en estos tiempos”, subraya Lusardi en la entrevista con Página/12.

La flamante directora de la emisora joven de Nacional cuenta que no dudó ni un segundo en aceptar la propuesta de pasar del otro lado del estudio. "Es que se trataba de lo público y la radio, que son mis dos amores", subraya la (casi) politóloga, que se volcó a la comunicación después de años de militancia universitaria. "Los medios son herramientas para amplificar ideas y maneras de ver y vivir el mundo", define. Periodista y conductora de TV (MTV, Telefe y Encuentro) y de radio (Rock & Pop, FM Oktubre), Lusardi asumió hace meses el desafío de dirigir un medio público que dialogue lo más posible con su tiempo. "El faro buscado, desde lo conceptual, no fue tan complejo: gente de radio, que ame al medio y a lo público, que tenga cosas para decir y que elija decirlas. Nacional Rock es ahora una radio llena de gente que tiene el deseo visceral de decir cosas", puntualiza.

Cuarentena mediante, la flamante programación parece dar cuenta de eso: Gillespi, Darío Sztajnzrajber, Luciana Peker, Eduardo Fabregat, Natalia Carulias y Florencia Alcaraz son algunos de los nombres que forman parte de una grilla que también da lugar a colectivos como La Garganta Poderosa o al movimiento queer. "Las prioridades -detalla Lusardi- son claras: conservar el laburo de los trabajadores de radio, que vuelva a ser un espacio de radio, donde los músicos sean protagonistas, y volver a hacer de la Rock una emisora en vivo. Dejaron una radio repleta de enlatados. Y sabemos que no es lo mismo la radio en vivo que un grabado."

-¿Cómo encontró la emisora?

-En la programación anterior había un montón de músicos, a los que quise conservar, pero quería que estuvieran todos los pibes que laburaban en la radio (desde Eddie Babenco hasta Cecilia Elías y Vero Castañares), y por eso fue con los primeros que hablé. En el medio me fui enterando del presupuesto que teníamos y con qué recursos contábamos. Parte del desafío fue restablecer la operatividad de la radio. Encontramos un montón de carencias estructurales, como que de planta había un solo productor de aire. Armamos una programación que tiene 21 horas de vivo todos los días, y los viernes 24 horas. No había una estructura para eso. Pero la radio pública debe estar a esa altura. Había que recuperar la radio en vivo, porque la radio es el ahora y porque además pasan cosas todo el tiempo como para no registrarlas.

-¿Qué fue en lo primero en lo que tuvo que “meter mano” para lograr ese objetivo?

-Antes de armar la programación, hubo que reconstruir el mapa interno de producción, porque estaba todo desarmado, con gente que venía con jornadas de trabajo de dos horas porque no tenía nada que hacer. Hubo que recuperar el entuasiasmo por hacer radio haciendo que los trabajadores se sientan parte de un proyecto artístico. Hubo que salir de lógicas más ligadas a la burocracia que a las de la radio. La idea es que cada conductor tuviera su productor, su coordinador de producción, que puedan sentarse a laburar, que tengan sus reuniones de equipo... Esa primera lógica pudimos desarmarla. Después, vino el deasafío de volver a llenar la radio de contenido.

-¿Cuál fue el criterio para diseñar la programación?

-El primero fue conservar el trabajo de quienes venían laburando. Teníamos que preservar al laburante de radio. Y después pensar la programación. Una programación que tenía un 80 por ciento de hombres al aire no iba a tono con lo que queremos. Teníamos que sumar más mujeres. ¿Alcanzaba con eso? No, queríamos más. Si decimos que la radio pública es de todes, tiene que ser realmente de todes. Los medios públicos no pueden ir a contramano de lo que pasa en las calles. Por ejemplo, me hubese encantado que Susy Shock formara parte de un programa. Operativamente no lo pudimos hacer, pero hicimos que sea una de las voces de la radio y ya es de la familia de la 93.7, grabando sus coplas y participando en diferentes programas. Era fundamental que en este espacio -ni hablar en este tiempo- una de las voces travestis formara parte. No que sea una invitada, sino que sea parte de la radio. También sumamos al colectivo de La Garganta Poderosa, que es hasta un acto de justicia poética que tenga su programa en la radio pública. Es un colectivo que no flamea ninguna bandera partidaria, pero que es la voz de muchos.

-Por lo general, la pluralidad de voces se piensa únicamente en términos políticos-partidarios y no en sociales-culturales.

-Esa es otra de las lógicas que tenemos que quebrar. Nos pasa lo mismo con los pibes de la Plop, que también tienen su programa. ¿Por qué el mundo queer no tenía un espacio en la radio pública? ¿Por qué no logramos que todas esas personas se sientan en su casa? Tenemos que lograr que la radio pública sea el hogar de todos esos colectivos y de todas las disidencias que forman parte de la sociedad. Hay muchas voces que todavía no tienen lugar en los medios argentinos. Otro eje de programación tiene que ver con la creación de sentido y el programa de Darío Sztajnzrajber y Luciana Peker nos permite pensarnos, de reflexionar sobre nuestra presente. Muchas de nosotras estamos acostumbrados a charlar dentro del colectivo feminista, pero también debemos hacer escuchar esa voz más allá de nuestras redes sociales. La radio pública tiene otros desafíos. Los primeros cinco mensajes que llegaron en la primera mañana del lanzamiento fueron de Toronto, Palma de Mallorca, Comodoro Rivadavia, Tilcara y de la Ciudad de Buenos Aires. Tenemos que representar a todes, no a la cultura “hegemónica”.

-Muchas veces sucede que esos grupos son interpretadas por otros, pero no por ellos mismos.

-Yo puedo hablar como mujer, pero desde el punto de vista de una mujer blanca, hegemónica, de clase media, que laburé toda mi vida... Tenemos que entender el propio privilegio y dejar de hablar por otros. Si le podemos dar voz a esas personas, ¿por qué voy a hablar yo de que el promedio de vida del colectivo trans es de 36 años, si lo pueden contar ellos mismos? Es menester que esas disidencias tengan voz. Nosotros tenemos que pensarnos como amplificadores de nuestras culturas. Hacemos parte de la radio a esas disidencias, los entrevistamos o los sentamos en la mesa. Hay que dejar de hablar por el otro. Los proyectos se vuelven deber cuando se entra a lo público. En una radio privada uno puede querer pluralidad, que haya colectivos disidentes, que haya bandas independientes, pero no es una exigencia. Es apenas un deseo. Lo que en lo privado es un deseo, en lo público es un deber. En los últimos cuatro años se profundizaron los horrores y se confundieron conceptos, como el de la pluralidad de voces. Ojalá Nacional Rock pueda representar a toda esa riqueza cultural que conforma hoy a la sociedad argentina.


Los cambios por el aislamiento

La sociabilidad administrada que impuso el aislamiento social preventivo y obligatorio trastocó el plan artístico pergeñado para la nueva programación de Nacional Rock. No en lo conceptual, cuya identidad se mantiene al aire, sino más bien en lo logístico, con programas que debieron adecuarse a la comunicación a distancia. “Entendemos -cuenta Lusardi- que estamos frente a un contexto de excepcionalidad absoluta donde las prioridades son claras. En función de la coyuntura, y teniendo un Estado felizmente presente que está actuando y nos está diciendo qué hacer con respecto a muchísimas cosas, incluyendo nuestra sociabilidad, armamos un esquema provisorio de laburo para que todas las voces de la radio sigan estando presentes”.

La directora diseñó una grilla que combina programas en vivo con el cumplimiento del aislamiento, instaurando el trabajo remoto como método para atravesar la impensada coyuntura social de estos meses. “Lo Intempestivo (con Darío Sztajnszrajber y Luciana Peker, de 11 a 13) y Hola Qué Tal (con el Arabe Ramil, Calu Bonfante y Nati Carulias, de 13 a 17) están saliendo al aire en vivo desde sus casas todos los días; y de manera remota y pautada, lo están casi la totalidad de nuestros programas. Y seguimos sumando, manteniendo al mínimo la circulación en la radio, y extremando los cuidados”, detalla. “La idea es que, cuidando a les compañeres, la radio esté viva y presente, informando, acompañando y entreteniendo también”, puntualiza.

Si bien el distanciamiento social condiciona el trabajo, suspendiendo los encuentros con músicos argentinos que todos los miércoles desde el auditorio animaba Gillespi, Nacional Rock tomó la decisión de profundizar la difusión de música nacional en su programación. Una manera de ayudar a los músicos argentinos en tiempos en los que las presentaciones en vivo están suspendidas por la pandemia. “Casi la totalidad del trabajo -explica- se está haciendo de manera remota, y así seguiremos mientras sea necesario, pero estamos trabajando día a día para ese relanzamiento que confiamos pronto llegará, y para que toda la programación que apenas empezaba a nacer, pueda volver a salir en vivo lo antes posible. Mientras tanto, además, tenemos la música, con un énfasis reforzado en lo nacional, y con una curaduría sobre la que trabajamos constantemente y que refuerza la idea de que la radio pública tiene que ser la casa de todes”.