LA ONU ESTÁ MIRANDO
El observador
Vitit Muntarbhorn, experto independiente LGBT de Naciones Unidas, vino a la Argentina a monitorear el cumplimiento de los derechos. En conversación con SOY, otorga pistas sobre lo que vio, algunas recomendaciones y alertas.
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Vitit Muntarbhorn 
(Imagen: Sebastián Freire)

El Experto independiente LGBT Vitit Muntarbhorn nació en Tailandia, donde trabaja como profesor de la Facultad de Derecho, Universidad de Chulalongkorn de Bangkok. ¿Por qué es independiente? No es funcionario de la ONU, ejerce su cargo como voluntario. Empezó esta tarea en noviembre de 2016. Para su primera visita Muntarbhorn eligió la Argentina porque escuchó mucho acerca de la Ley de Identidad de Género aprobada acá “y deseaba venir y ver no sólo una buena ley sino las prácticas para llevarla adelante. Argentina está liderando un proceso. Es el primer país en hacer algo así y eso tiene un enorme impacto en la región. Como región tienen también un Sistema Interamericano para la proyección de los Derechos Humanos del que deben estar muy orgullosos”, dijo Muntarbhorn quien en una conferencia de prensa adelantó algunas observaciones y recomendaciones generadas a lo largo de su visita a la Argentina, que duró diez días e incluyó reuniones en la Ciudad de Buenos Aires, el conurbano bonaerense, Mendoza y Rosario con activistas, organizaciones y funcionarios. Basándose en esta visita, en 2018 presentará un extenso informe ante la ONU. Aquí dio un adelanto y, si bien celebró los avances en materia legal, mostró preocupación por la situación de la población trans, la invisibilización de las lesbianas, las dificultades en el acceso a la justicia por parte de las personas lgbti y la violencia institucional, que se lleva a cabo “mediante actos negativos y omisiones por parte de los funcionarios del Estado. Esta resulta una causa de la violencia y discriminación en relación con la orientación sexual e identidad de género, así como un agravante. Perpetúa el ciclo vicioso de abusos. Algunos integrantes de las fuerzas de seguridad se encuentran involucrados en las violaciones en forma ostensible, siendo su impunidad un dilema aún mayor”.

¿Qué impresiones se lleva de la Argentina que pueda adelantar antes de su informe de 2018?

–La situación en cada región del país es diferente. Quiero evitar lo más posible las generalizaciones. Las leyes son muy abiertas pero en la mentalidad de las personas he visto grandes variaciones con respecto a la empatía hacia la población lgbti. Por eso es tan importante empezar a trabajar con los jóvenes, cuánto más jóvenes mejor, con las políticas que amplifiquen la empatía con las poblaciones vulnerables como pueden ser las personas lgbti. Implementar las buenas intenciones es lo más difícil de hacer. Vi contradicciones entre las prácticas a nivel federal y local: buenas leyes federales pero de repente en algunas provincias subsisten los llamados “códigos de decencia”. 

¿Cuáles son las prioridades en las que el gobierno debería enfocarse?

–La estructura otorgada por las leyes ya está ahí y todos la conocen, incluidos los representantes del gobierno, pero el punto conflictivo es la práctica. La pregunta es cómo hacer para concebir el compromiso con los DDHH como algo sostenible. En mis visitas observé dificultad en la aplicación de los programas. Muchas veces aparecen graves problemas con el personal que se supone que debería estar especializado. Las iniciativas son muy positivas, pero falta dinero para capacitar a las fuerzas de seguridad en ciertos casos. Y por supuesto falta avanzar en la educación, actividades en las escuelas secundarias, iniciativas que integren la diversidad sexual dentro del sistema escolar.

¿Y qué impresiones le generó del movimiento de mujeres teniendo en cuenta que su visita coincidió con el 8M?

–Volvíamos de un recorrido por las provincias ese día, y caminamos por las calles del centro de la ciudad porque yo quería ver de cerca la manifestación. Estoy muy impresionado por el uso democrático del espacio público y la cantidad de mujeres que podían verse por las calles, pero no sólo ellas sino también la cantidad de gente que sumó su propia voz en apoyo a las demandas del movimiento de mujeres. Es una gran expresión de democracia y de DDHH. Y eso debe ser sostenido. 

¿Está al tanto de que después de la manifestación hubo razias y detenciones ilegales en las que una gran parte de las mujeres atacadas fueron lesbianas?

–Sí, escuché también que luego de la manifestación hubo algunos problemas. Y también sé que el hecho de que las mujeres reprimidas fueran lesbianas quedó en la sombra de las coberturas que se hicieron sobre el tema. La orientación sexual de esas mujeres no fue subrayada lo suficiente por los medios, algo que también es común que suceda cuando hablamos de ataques a personas intersex, bisexuales y varones trans: la identidad sexual de las víctimas queda desdibujada. Lo notamos y esto debe ser investigado. También hemos notado insultos por parte de la sociedad contra las lesbianas.