El protagonista es un joven durante los meses más duros del macrismo

"Cartográfica", la nueva historieta de Sike

Con una combinación notable de métodos gráficos y dibujos hermosos, Cartográfica, de Sike, es una historieta narrada por un joven que escapa a los lugares comunes del género, es decir, la autoficción lánguida y la intimidad. Transcurre en una Buenos Aires herida por las políticas del macrismo a fines de 2017, antes y después de la salvaje represión policial en Congreso cuando los trabajadores resistieron la implementación de una reforma laboral. De esa manera, personaje y ciudad conforman un solo cuerpo: es una historia de iniciación pero también la emergencia de un despertar político. 

La historieta siempre frecuentó ese género popularmente conocido como: el hombre que sale a caminar y se tropieza con mil aventuras. El tiempo y los sueños calibraron el mecanismo narrativo, al punto tal de lanzar a la calle héroes capaces de marchar más allá de los límites de los mapas, incluso hasta perderse de vista. Cartográfica, uno de los más arriesgados relatos gráficos de la nueva historieta argentina, aporta a esa cuestión –la aventura como nervio entre lo real y lo sobrenatural–, otra fórmula que vislumbra éxito: hay que caminar según el caprichoso discurrir de una mancha de tinta para encontrarle el alma a las cosas.

"Posibilidad y deriva". Con esas dos palabras como ejes arranca esta primera historieta de largo aliento, escrita y dibujada por el porteño y treintañero Sike (nombre adoptado por Facundo Cobbe), y que editó el sello independiente Estudio Maffia en una cuidada edición cosida a mano que combina dos métodos de impresión como son la serigrafía (para las tapas) y la risografía (fotoduplicación) a tres tintas para las páginas interiores. Sike eligió como héroe a un adolescente sin nombre, sin rostro y sin mayores ambiciones, aficionado al dibujo. Y su cuento arranca cuando el joven recuerda el día en que reapareció en Buenos Aires tras haber vivido con su familia unos años en Portugal y España.

Enfundado en una campera tres o cuatro talles más grandes (estilo Billie Eilish) y acompañado siempre por los diversos ritmos de la última música alternativa (Solange Knowles, Savages, Bill Callahan, o Kendrick Lamar), el protagonista deambula por las calles porteñas en la búsqueda de coordenadas que le permitan armar un mapa de su propia existencia. Narrada en voz baja, su aventura íntima, monologante, desanda con sentimiento tangueros los diseños de ciertas calles, de ciertas esquinas de barrios, de algunos objetos de la infancia, y también el misterio en la mirada de los amigos, y el parpadeo de las luces en los enigmas de la sexualidad. Mientras todo ese mapa se dibuja en su interior hay otro que se va formando en la pantalla de su celular donde el Google Maps traza diseños sorprendentes y fríos.

Cartográfica podría haberse quedado en la comodidad de muchas novelas gráficas que sólo trafican con las minucias de la vida privada. Sin embargo su autor arriesgó fichas y en lugar discurrir con el mapeo espiritual del joven andante, estableció un paralelo gráfico y narrativo con el afuera, con la ciudad y su propio padecimiento: la Buenos Aires herida por las políticas opresoras del macrismo, más precisamente de fines de 2017, antes y después de la salvaje represión policial en Congreso cuando los trabajadores resistieron a la implementación de una reforma laboral. De esa manera, personaje y ciudad conforman un solo cuerpo tatuado en donde calles, venas, arterias, ríos y edificios, corren a la velocidad del miedo, la incertidumbre y las convicciones.

Superponer esos dos cuerpos (espacios privados con espacios comunes) posibilitó que las lecturas sobre Cartográfica no se queden quietas: es un diario de iniciación adolescente en tiempos donde los vínculos –familia, amores, y sexo– no están sujetos a patrones fijos, no hay arraigo a las cosas. Es además el retrato de una generación (llámese postmilenial o Generación Z) ligada al desarrollo tecnológico (hay largos pasajes donde el personaje concatena pensamientos gráficos alrededor de la computación, los juegos digitales, la ciencia, la guerra y la dominación cultural); y es también una suerte de ensayo sobre la manera en que el compromiso político ingresa al cuerpo de la juventud (el protagonista sufre en carne propia la represión policial) y la forma en que se contagia y se propaga. 

Acierta María Alcobre, en el breve y hermoso prólogo, al decir sobre Cartográfica: “Dibujada como los dioses. Para caminarla hablando solo. Para leerla caminando. A tientas, sin ojos. El personaje nos presta los suyos”. Porque la propuesta gráfica de Sike se presenta con la misma misteriosa ambigüedad que su héroe: pasa de la ilustración a la historieta y del diseño a una impronta puramente visual, sin perder nunca el equilibro, esa tensión necesaria que una aventura a cuadros necesita concentrar en cada página. Esto no es casualidad. Sike desembarcó en este arte después de un recorrido por la ilustración (Barcelona, Fierro, Crisis y Le monde diplomatique), el diseño (gráficas para Patricio Suárez/Potlatch, Vika Mora, Catnapp y Aripa, entre otras bandas), pero fundamentalmente luego de haber trabajado en el mundo de la animación. Allí desarrolló obras para diversos estudios como Bellolandia y Rudo Co.; hizo visuales para La Renga; y hasta dirigió el videoclip “Palabras invisibles” del proyecto Canciones dibujadas de Tute.

“La historieta era mi deuda pendiente”, explica. “Había hecho unos intentos sin mayores éxitos. Hasta que hace tres años las piezas empezaron a ensamblarse. Todo lo que venía pensando y anotando empezó a encajar. Y cuando iba encaminado sufrí un robo, perdí todas mis anotaciones y apuntes de años. Volví a trabajar. Fue la época del macrismo y las manifestaciones en las calles. Mi trabajo es contemporáneo a esos hechos. Ese punto narrativo fue crucial para la construcción del personaje, ahí lo encontré, y supuso un corte clave en la historia”.

Los méritos de Sike son muchos, y uno entre tantos que es posible apuntar es mantener el equilibro entre palabra e impronta gráfica (misterio que no se aprende, se lleva o no se lleva) durante las 124 páginas de esta historia. En Cartográfica todo fluye, incluso hasta sus marcas de influencia como la de Tiyo Matsumoto (Ping pong) o los planteos gráficos desafiantes del peruano Martín López Lam (Parte de todo esto, Las edades de la rata) o el argentino José González (Año sabático y Antes de volver). Todo ese universo y otros –el video clip o la gráfica digital publicitaria– están presentes en su trabajo pero no interrumpen, siempre suman, nada resulta forzado.

Más allá de su notorio conocimiento técnico (tinta, estilógrafo, pincel, color digital), más allá de la resolución compositiva de las páginas, Sike logra momentos inolvidables como el encuentro del héroe con la fotógrafa Ela (entrañable personaje que pide protagónico y que además cuenta con un taser animado que puede verse en Vimeo o toda esa larga secuencia muda luego de las cachiporras ardientes en la batalla de Congreso. En esos y otros momentos de Cartográfica el dibujo se ofrece, como decía el querido Alberto Cedrón, para que aterrice el alma. Y Sike lo ha conseguido.

 

Cartográfica de Sike se consigue a través de la tienda de la librería Hotel de las Ideas o bien por contacto directo con los editores de Estudio Maffia a través de la cuenta de instagram.

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