Es una obra maestra contemporánea

Fiona Apple acaba de editar "Fetch the Bolt Cutters"

Pianista extraordinaria, cantante expresiva, compositora inteligente y sofisticada, desde hace años vive aislada en su casa de Los Angeles. Su nuevo trabajo es feminista, experimental, delicioso, y le valió comparaciones con Joni Mitchell, Yoko Ono, Kate Bush, Randy Newman y Elvis Costello. Pero la verdad es que suena libre y loco como ella.
En un cuarto de siglo, Apple parece no haber renunciado ni un segundo a su sensibilidad extrema.En un cuarto de siglo, Apple parece no haber renunciado ni un segundo a su sensibilidad extrema.En un cuarto de siglo, Apple parece no haber renunciado ni un segundo a su sensibilidad extrema.En un cuarto de siglo, Apple parece no haber renunciado ni un segundo a su sensibilidad extrema.En un cuarto de siglo, Apple parece no haber renunciado ni un segundo a su sensibilidad extrema.
En un cuarto de siglo, Apple parece no haber renunciado ni un segundo a su sensibilidad extrema. 

Fiona Sola. Ése fue el nombre artístico que sugirió su madre en chiste cuando desde la discográfica le dijeron que se buscara una identidad para presentar su disco debut Tidal . La artista tenía 18 años y un puñado de canciones de una potencia, madurez y oscuridad que no se parecían a nada y menos se condecían con ese cuerpo diminuto, frágil, todavía púber. “Fiona Lone, porque siempre estás sola”, insitió su madre en los estudios de Sony. Al final la neoyorkina optó por el apellido de su abuela materna y Fiona McAfee Maggart pasó de ser esa chica rara y superdotada que se la pasaba escribiendo en su diario y tocando el piano a una Lolita inquietante que calentó durante 1996 la pantalla de MTV con el video de “Criminal”. 

Quién era esa jovencita con pinta de modelo anoréxica pasada de drogas que, en medio del reinado noventoso de los hermanos Hanson y Backstreet Boys, cantaba con voz ronca desde una bañera, entre las piernas de un tipo, que había sido mala, mala, mala. El video, el disco y toda ella fueron una bomba. Tidal vendió casi tres millones de copias y Apple se convirtió en una estrella entre alfombras rojas y romances con famosos, como el ilusionista David Blaine o el director de cine Paul Thomas Anderson.

Pero la luna de miel mediática duró poco. En una escena que ya es marca registrada de los ’90, Apple fue nombrada, para su asombro, Mejor Artista del Año en los Premios de MTV. Pero en lugar de mostrarse emocionada y agradecida inició el discurso nombrando a su heroína, la poeta y activista feminista negra Maya Angelou, y se despachó contra la industria musical: “Voy a aprovechar esta oportunidad como quiero y voy a decirles a todas las personas que están mirando que este mundo es una mierda y no deberían moldear sus vidas por lo que ustedes creen que creemos que es cool, por lo que vestimos, por lo que decimos. Sean ustedes mismos”. 

Apple no estaba cumpliendo con su papel; la prensa la fulminó y muchos fans se enojaron. La estrella en ascenso pasó de ser una chica etérea y misteriosa a una artista caprichosa llena de problemas y veleidades. Y se volvió a quedar sola. “Cuando gané sentí que me había vendido. Sentía que merecía reconocimiento pero que ese reconocimiento era por las razones equivocadas”, dice en su primer perfil periodístico de la revista Rolling Stone, en 1998; a pesar de la controversia fue la chica de tapa y allí contó su historia por primera vez. Las “razones equivocadas” eran, justamente, ese look de personaje de Nan Goldin, entre nena linda y pasada de noche que alimentaba todo tipo de fantasías. Y ella era otra cosa: una inadaptada que de repente encajaba.

Una persona de 19 años raramente tiene demasiado para contar, pero Apple siempre rompió el molde y creía – sigue creyendo- en la honestidad radical como única manera de existencia. Vivir bajo las leyes de la precocidad, crecer y sufrir en público y enseguida intentar hacer añicos todo el mundo que la sostenía no es gratis.

Apple, de quien se esperaba sacara un disco por año, virara para el pop rock o desapareciera en una vorágine autodestructiva, en los últimos 25 años se fue convirtiendo en una artista de una solidez única, poco prolífica y con una espesura musical y poética que la dejan más cerca de Bob Dylan y Joni Mitchell que de cualquiera de sus contemporáneas, incluso de precursoras del grunge como Liz Phair, Cat Power o Courtney Love. En los ’90 parte del ataque de la prensa consistió en decir que era un invento de Sony Music para competirle al exitazo Jagged Little Pill,  de Alanis Morissette (que lleva vendidos 33 millones desde 1995), pero ninguna de esas comparaciones triunfó. Porque Apple alternó desde el principio una mezcla de soul con standards de jazz, percutiendo el piano como si fuera lo último en su vida, con arreglos de big bands y tonos de vaudeville. La música de Apple ya no se parecía a nada en 1996 y ahora mismo, con su flamante y monumental Fetch the Bolt Cutters sólo se parece a su autora de 42 años, quien hace más de una década vive exclusivamente bajo sus propias reglas.

ELLA TAMBIÉN

En medio de la vorágine de la gira de Tidal, un periodista italiano le preguntó si "Sullen Girl", la canción más oscura del disco, era por un noviecito que la había dejado. Tidal es algo así como disco de separación y Apple era casi adolescente, así que tenía sentido. Pero la artista le respondió, con una naturalidad insólita, que no, que era sobre un señor que la había violado cuando tenía 12 años. Dos décadas antes del movimiento MeToo y de que las mujeres empezaran a contar historias de abusos en las redes sociales, Apple sacaba del closet a la violación; a las enfermedades mentales -es una obsesiva compulsiva medicada desde niña-; a los transtornos de alimentación -su TOC la llevaba a comer sólo cosas que combinaran con su ropa-- y una catarata de fisuras poco habituales de ventilar en la época.

Hija de artistas de comedia musical, Apple se crió con padres divorciados entre una vida bohemia de Manhattan -ella, su hermana y su madre vivieron años de prestadas en un departamento oscuro del Upper West Side- y vacaciones en California, donde visitaba a su padre. 

Desde muy chica escuchaba a Bob Dylan, a Nina Simone y Ella Fitzgerald, quienes se convirtieron en sus principales influencias. Inmediatamente empezó a tocar el piano y a hacer canciones con unos versos rebuscados que escribía de forma compulsiva en su diario, en papeles sueltos, en las suelas de sus zapatillas. Su voz de contraalto y expresividad acompañaban a esa niña flaquita, de sentido del humor lúgubre que amenazaba con matar a su hermana y suicidarse para llamar la atención. 

Era un bicho raro de ojos saltones y transparentes que se la pasaba en terapia; fue blanco de bullying durante toda su infancia y en su adolescencia deambulaba fumando porro y tomando alcohol por las calles de Manhattan. Cuando la violaron fue a plena luz del día y volvía de la escuela. Un tipo “parecido a Jimmi Hendrix”, contó en el perfil de la Rolling Stone. El hombre la siguió y se metió en su edificio, la amenazó con un cuchillo y la arrinconó en la puerta de su departamento. Desde el otro lado de la puerta escuchó los ladridos de su perro que, según ella, le salvaron la vida. Durante años, mientras luchaba con la ansiedad, la depresión y su TOC, estuvo con tipos mayores parecidos a su violador. Era una fantasía de ejercer cierto control. Apple contará estas anécdotas una y otra vez a lo largo de todos estos años, respondiendo con espontaneidad al morbo periodístico.

Tres años después de Tidal, Apple volvió con When the Pawn… -el título es un poema de 90 palabras donde le responde a la prensa que la maltrató esos años- un disco bastante más luminoso y juguetón que su debut. Recibió muy buenas críticas y los videos de "Paper Bag" y "Limp" fueron dirigidos por el mismísimo Paul Thomas Anderson, su pareja tormentosa por ese entonces. Con sólo dos discos ya era una artista de culto, con un posicionamiento claro de su lugar en la industria musical y bastante líos amorosos. 

Recién en 2005 apareció su tercer disco, Extraordinary Machine, tras una larga postproducción por desacuerdos con la discográfica, que consideraba no era lo suficientemente comercial. Un tiempo antes se habían filtrado en Internet un par de canciones, vetadas por Sony, lo que generó una movida de los fans con el lema “Free Fiona” para liberar el disco en la web. Extraordinary Machine es su otro disco de separación y donde empieza a ejercitar un estilo que la identifica más: arreglos complejos, sentido del humor poético y musical, letras ingeniosas. Apple aparece como ya se mostraba en vivo: desafectada, divertida, cada vez menos insegura de su locura y fragilidad. “Todavía sólo viajo a pie, y a pie es una subida lenta/Pero soy buena estando incómoda/Por eso no puedo evitar cambiar todo el tiempo/Sé bueno conmingo, o tratame mal/Voy a sacarle provecho/Soy una máquina extraordinaria/” dice la canción que abre el disco. 

Por esa época hizo un videoclip con el comediante Zack Galiafinakis (el adictivo "Not About Love"); grabó un tema con Johny Cash; participó de la banda sonora de The Nightmare before Christmas de Tim Burton y tocó con Elvis Costello . Mientras, preparaba en secreto el que sería el disco que –hasta ese momento- más orgullo le dio hacer. Pasaron siete años para que saliera The Idler Wheel… (otro título largo-poema), en el que ya toma el control total de la producción. “Con este disco siento que me puedo morir tranquila. Hice lo que quería. Esto soy yo”, le dijo a su ex Thomas Anderson. Y se sorprendió a sí misma con esta declaración, según cuenta en otro perfil para la revista Vulture, en 2012: “Siempre fui de tirarme abajo y por primera vez estaba feliz con el resultado”. La crítica quedó fascinada con el disco y sus fans también. Pero Apple ya estaba alejada de cualquier idea de masividad y además decidió cancelar la tan esperada gira por la muerte de su perra de toda la vida. Su fama de rarita ya quedaba sellada y su lugar en el campo musical también: cada vez más cerca del arte conceptual, de la experimentación poética y de la libertad. 

DISTANCIA SOCIAL

La artista vive su propia y privada cuarentena desde hace varios años. Sólo sale de su casa de Venice Beach, Los Angeles, para caminar con su perra. “Llevo una vida simple”, cuenta en un exhaustivo perfil de la revista The New Yorker, publicado en marzo de este año. No tiene redes sociales y en los últimos meses fue noticia por haber donado las regalías de "Criminal" en la película Hustlers a una organización que ayuda a refugiados en Estados Unidos. Todo salió a la luz porque tuvo que pelearse públicamente con la productora de cine, que ocultó el gesto de la cantante por razones políticas. 

Su forma de aclarar el asunto fue pedirle a una periodista de Vulture -a quien contactó ella misma por mail- que le hiciera una entrevista para contar lo que había pasado. Gracias a ese artículo -que es como casi todos sus intercambios con la prensa: excéntrico, divertido, por momentos caótico- el gran público se entera de que está terminando “un disco que debería estar listo hace millones de años” y que grabó en su casa –el recién estrenado y explícitamente feminista Fetch the Bolt Cutters-; que desde hace un tiempo vive con su amiga Zelda -se conocieron paseando a sus perros-; que bajó un poco la medicación psiquiátrica; y que dejó de tomar alcohol, un dato no menor, ya que desde la adolescencia tuvo una relación intensa con las sustancias. La única manera de lidiar con el insomnio y pesadillas producto de su violación era tomar todas las noches hasta el blackout. “Ahora sólo porro, porro, porro." Pero es algo que los fans, los verdaderos, ya sabían, porque aunque Apple no está en las redes tiene un grupo de seguidores veinteañeros queers que la aman con locura. Y ella les corresponde. De hecho se hizo amiga -se termina haciendo amiga de quien se le acerque- de Simon, un chico que le dedicó la página de Tumblr Fiona Apple Rocks . Allí Apple manda videos caseros y contesta preguntas mientras juega con su perra.

El año pasado, también, fue nombrada por la prensa como “la madrina de 2019”. El título es caprichoso -no hizo nada específico- pero su activismo sostenido por los derechos humanos y animales y el haber sido de las primeras artistas en denunciar los abusos y acosos en la industria la colocan como pionera de una conversación política que toma cada vez mayor relevancia en el girl power musical. Sin ser muy consciente, le abrió camino a artistas com Billie Eilish, Lorde, Lana del Rey, Regina Spektor e incluso a toda una nueva generación de cantautoras talentosas y jovencísimas como Lucy Dacus, Phoebe Bridgers o Julien Beker, a quienes dobla en edad, aunque por momentos siga pareciendo una nena.

En un cuarto de siglo, Fiona Sola parece no haber renunciado ni un segundo a su sensibilidad extrema. Tiene la piel muy fina, una inteligencia insoportable y un talento prodigioso y eso nunca es fácil. En su autoconciencia y fragilidad radical, la artista se hizo experta en diseccionar su mundo emocional y trasladarlo a palabras y sonidos. Su reclusión actual tiene que ver con no transar más con el afuera y poder decirlo todo. Algo que aparece sin efeumismos en su nuevo disco, que explica tema por tema en otro artículo de Vulture: “Es sobre romper cualquier prisión en la que estés, la hayas creado vos o la hayan construido a tu alrededor. El mensaje de todo el disco es: 'tomá las putas tenazas y liberate de cualquier situación que no te haga bien'". 

 

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