El cuarteto carga con fuerza autogestiva y canciones de rock adaptadas al sonido urbano

Mero, un caso de rock marplatense

La autogestión, la indiferencia local y la pandemia: las luchas de uno de los mejores grupos emergentes de la ciudad costera.
¿Adaptación? En su primer lustro, M3R0 pasó de tomarse dos años para grabar a optar por el EP y ahora por los simples.¿Adaptación? En su primer lustro, M3R0 pasó de tomarse dos años para grabar a optar por el EP y ahora por los simples.¿Adaptación? En su primer lustro, M3R0 pasó de tomarse dos años para grabar a optar por el EP y ahora por los simples.¿Adaptación? En su primer lustro, M3R0 pasó de tomarse dos años para grabar a optar por el EP y ahora por los simples.¿Adaptación? En su primer lustro, M3R0 pasó de tomarse dos años para grabar a optar por el EP y ahora por los simples.
¿Adaptación? En su primer lustro, M3R0 pasó de tomarse dos años para grabar a optar por el EP y ahora por los simples. 

“Antes ser artista se limitaba a las cuestiones más creativas, pero ahora es necesario conocer herramientas para grabar tus canciones, hacer tu video o generar tu flyer. Internet democratizó esas cuestiones: podés acceder al conocimiento y divulgar tu material sin intermediarios”, dice Leo Pino. El guitarrista del grupo marplatense Mero forma parte de esa generación de transición entre la era del disco físico, los sellos multinacionales y la rotación radial como la Santísima Trinidad que daba entidad a toda banda; y la actual, en la que el conocimiento agregado permite gestionar tu carrera sin tanta intervención ajena.

En su propia producción, Mero (estilizado M3R0) fue exhibiendo este cambio de paradigmas: en 2016 publicó el debut Despertar después de dos años de producción y grabación, en 2019 sacó el EP Olvido y ahora directamente sale a la palestra con simples, aunque apoyándose en el doble eje Spotify-YouTube. La evidencia es Resurreción, flamante lanzamiento en formato audio y video con producción 100% propia.

Lo mismo ya había hecho la banda en años anteriores con Juegos turbios, Luz, Fue, Especie en extinción y Slow motion. “En nuestro caso, el aprendizaje fue simple: no teníamos guita pero sí algo de tiempo, y además somos medio nerds del audio y el video… así que nos pusimos a investigar y aprender. Así empezamos a grabar nuestra música pero también a filmarla.”

 

El grupo que completan el cantante y guitarrista Antonio Torres, el bajista Federico Andueza y el baterista Santiaco Ciccarelli ofrece un rock poderoso pero de medios tiempos con lindas armonías, estribillos picantes y letras intensas. Y aunque se cobija bajo el amigable paraguas de la canción en formato pop y el rock que tan bien les cae tanto a los oídos intrépidos como a las almas sensibles, no hay lugar para nostalgias ni conservadurismos.

A tal punto el grupo busca sintonizar su wifi con los tiempos que corren, que bocetea “algunos beats cercanos al trap, aunque sin ser una banda trap”, añade Leo. ”Es que nos reivindicamos en el rock y el pop. Estilos como el rap y el hip hop nos están interpelando, nos obligan a repensarnos. De manera consciente o inconciente se va a meter en la música que hacemos. Será inevitable. Son géneros que se escuchan en todos lados. Y si te preciás de estar atento a lo que pasa, tener la cabeza abierta y ser permeable a lo que hacen tus pares, es imposible que no te alimentes con esa movida.”

Los peces que se salieron del cardumen

La esencia de Mero, sin embargo, se explica en su propio nombre: “Cuando decidimos llamarnos así, pensamos en la ambivalencia de la palabra, que alude a la simpleza, considerando que la canción más linda es la más simple, pero también al pez”. La referencia al fruto oceánico es un link claro a su ciudad de origen, rasgo que el grupo valora a pesar de no sentirse profeta en su arena.

“Somos bichos de Mar del Plata y nos encanta vivir acá”, arranca Pino. ¿Pero? “Culturalmente siempre tenés que pelearla y desde abajo. Muchas cosas que funcionan en el resto del país, acá no. Cuesta abrirse camino, y encima cuando llega el verano los lugares habituales le dan bola a las cosas que vienen de afuera o convocan más. Los gobiernos tampoco protegen a los artistas locales.”

En el último tramo del año pasado, cuando sacaron el EP Olvido, se abrieron puertas en el AMBA con shows en escenarios de todos los colores, desde los ciclos del Centro Cultural Recoleta hasta el pub Detroit de Morón, pasando por escalas en La Plata. Parecía que el desembarco metropolitano tomaba fuerza, pero la cuarentena congeló los planes y todo volvió a fase cero. “Estamos aprovechando el parate para generar material, comunicarnos entre nosotros y seguir produciendo”, dice Leo. La muestra es el estreno de Resurrección. “Sin embargo la canción toma sentido completo cuando la tocas en vivo”, resume Leo, a la espera de que la marea se calme y todo vuelva a aquella extrañada normalidad.

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