Entrevista a Diana Zurco, conductora del informativo central de la TV Pública 

"Yo le pregunto a usted que dice 'todo bien con las diferencias'...  ¿aceptaría a una travesti como nuera?"

La llegada de la periodista Diana Zurco al noticiero nocturno del canal estatal fue celebrada por muchos medios como el desembarco de la “primera locutora trans a la TV”. Esta semana aparece como gran noticia saludada por The New York Times. ¿Qué es todo lo que tapa ese mote de pionera? ¿Es acaso la TV Pública una burbuja? ¿Su presencia allí significa una señal de políticas de Estado? En esta conversación ella misma formula esas preguntas. Además, recorre desde su infancia transcurrida entre Hurlingam y los Valles Calchaquíes hasta los efectos de la incorporación de nuevas voces a los noticieros. 

De cuando tenía 5 años Diana Zurco recuerda muchas cosas pero en especial un año electoral, el de la vuelta de la democracia. “En la mente de entonces, la de una niña, no me terminaba de dar cuenta de todo lo que significa un sufragio, ¡y más aún ese sufragio! Me llamaban mucho la atención las publicidades. ‘Vote por Fulano’, ‘vote por Mengano’. Lo que sí percibía era que en ese clima de primavera alfonsinista la ciudadanía buscaba algo a través de esas propagandas”. Cuenta Diana que una tarde, aprovechando la siesta, tomó un pilón de papeles que tenía su papá en el almacén y con el lápiz negro con el que anotaba los pedidos Diana armó su versión de las boletas con una consigna propia:  “'Vote por la paz', escribí y subí al techo de mi casa para tirar esos papelitos al viento y mirar cómo se los llevaba”. 

A los 12 Diana creaba cintas caseras, modulaba diferentes voces para jugar a contar historias. Le dedicaba a su mamá mensajes que continúan guardados en casetes en su casa de Hurlingam, de donde es oriunda y donde todavía vive. Política, comunicación y creatividad están presentes en su vida desde la infancia, observa Diana cuando hace un balance de su niñez.

Desde Hurlingam viajaba diariamente para estudiar la carrera de locutora en el Instituto Superior de Estudios Radiofónicos (ISER), donde se convirtió en la “primera egresada trans”. Diana no tiene nada contra el mote de pionera. Pero cada vez que se lo endilgan resalta todo lo que falta para que cada precursora deje de ser la excepción que confirma la regla de la exclusión. 

¿Te molesta lo de pionera? ¿Parece que abre pero puede ser que cierre no?

La etiqueta de "la primera" se repite tanto que resulta al final una consigna vacía. Me parece que hay que repensarla. Sería un problema que yo me agarrara de ese dato para vanagloriarme de mis capacidades o mis logros. Porque si se está marcando que hay alguien que a esta altura del partido es "la primera" en tal espacio, eso está reflejando que hubo sistemáticamente falta de accesos y oportunidades para un sector de la población y que convivimos con grandes inequidades. Por otro lado, esa marcación que se hace de un elemento de mi identidad cuando te llaman "la primera conductora trans" corre el riesgo de desdibujar a la profesional.

En 2015 Diana se enteró de una búsqueda laboral abierta por Radio Ciudad y después de algunas pruebas se convirtió en una de las voces femeninas del informativo nocturno. En esa misma radio se sumó al staff de dos programas “Massaccessi que nunca” y “Cosas que pasan”. Antes de eso fue peluquera, manicura y cuando se quedó sin nada, costeó sus estudios vendiendo comida en la calle. Por estos días, si se analiza de modo aislado cómo su desembarco como coconductora del noticiero central de la TV Pública -junto a Ariel Senosiain y Gabriela Previtera- ha sido saludado por muchos otros medios de comunicación, se podría imaginar que estamos a años luz de las cifras de terror que surcar las vidas de ese sector de la población privado históricamente de todo. Pero apenas se cambia de canal, la transfobia en boca de panelistas y conductores se vuelve a hacer presente. Y la presencia de periodistas trans, muy limitada.

¿Evalúas que tu trayectoria de vida sea leída en un sentido meritocrático y se use como pantalla para no hablar de discriminación estructural?

Percibo ese peligro y me preocupa mucho. Hay mucha gente que de hecho ve así, juzga   desde ese punto de vista mi avance o el desarrollo de mi carrera. Creo que en la mayoría de los casos se trata de gente que ya previamente tiene esa idea de meritocracia incorporada en su forma de ver el mundo. En el caso de las realidades trans, sin ser las únicas, están marcadas históricamente por la inequidad. No se puede negar este contexto de terribles injusticias desde la niñez. La mayoría son expulsadas a la calle a temprana edad, también son expulsadas del sistema educativo. Si a los doce años te ves expulsada de tu familia, ¿qué “desarrollo personal” puede darse desde allí? La calle, a veces me dicen, te puede pulir y te puede curtir. Sí, en un punto. Pero lo que sobre todas las cosas te va a dar es agresión. Cuando haya verdadera igualdad entre las personas, entonces sentémonos a pensar quiénes hacen mérito. Las personas a las que nos ha tocado tener más privilegios creo que no deberíamos olvidarnos nunca de quienes no han tenido esa suerte.

¿Y específicamente por qué decís que tuviste suerte?

Si bien tuve mis diferencias con mi padre y con mi madre, como puede tener mucha gente, yo tuve techo y comida y una familia que no me echó a la calle. Costó en un principio cuando lo hablé pero mi padre, que murió hace cinco años, me dijo: “¿Cómo pensaste que te íbamos a echar? Esta es tu casa”. Ahí está la clave, sin lugar a dudas. Creo que estos temas hay que pensarlos en la articulación que se da entre lo particular y la lucha colectiva. Gracias a la lucha colectiva yo hoy tengo un DNI que refleja la autopercepción de mi género. Es el modo en el que alcanzamos derechos. Sin la lucha colectiva, no podemos personas como yo hoy oficiar de postas para pasársela a las que vendrán. Me pienso como parte de una comunidad a la que puedo aportar. Puedo ser una posta donde se puedan apoyar las más jóvenes. Celebro siempre la lucha porque me siento parte.

¿Y la pata individual?

Tiene que ver para mí con poder pensarnos como personas que tenemos para dar al mundo. Salir a mostrar lo que uno es capaz de dar y de hacer. Y acá conecto con la meritocracia. Al haber inequidades en una sociedad siempre va a haber quienes queden últimos en la fila. Si una pone en la balanza un esfuerzo porque tuvo herramientas a su favor y supo aprovecharlas, ¿es eso una lectura meritocrática? ¿O habrá que leerlo como que tuviste más posibilidades que otras personas? ¿O se trata de realidades que jugaron a tu favor y vos las supiste aprovechar? Son preguntas que me hago. Mi mamá es salteña. Nos tuvo a mí y a mis hermanos acá pero ella es de Cachi. Yo soy la mayor de tres hermanos. Cuando éramos chicos íbamos todos los veranos a Salta, a los Valles Calchaquíes. A ver a mi abuela, que vivía en una casa de adobe. Si me preguntás por los momentos más felices de mi vida, seguro que incluyo la imagen de mi abuela clarificando el agua que sacaba del río turbio. Hay una planta en esa zona que tiene unas frutas parecidas a las tunas. Tienen una membrana viscosa que se usa para que el polvo del agua se asiente y quede totalmente cristalina. Mi mamá se vino de allá desde chica, a los 15, empujada por la necesidad. Todo eso es parte de mi historia. ¿Cómo no voy a reivindicar todo eso? No me refiero a reivindicar la pobreza, sino a conectar con las personas de la sociedad que han sido olvidadas.

Los miserables

A mediados de 2019, en una cobertura para la radio, Diana Zurco le preguntó a Sergio Massa, que en ese momento jugaba al misterio de ser o no ser precandidato a la presidencia, qué tipo de políticas pensaba poner en práctica para mejorar la vida de la población trans si llegara ganar las elecciones. Fue una interpelación muy concreta que recibió una respuesta muy difusa. Otra escena similar tuvo lugar cuando le preguntó al ex gobernador de Salta Juan Manuel Urtubey por situaciones de represión policial a “trabajadoras sexuales o personas en situación de prostitución” (“incluyo las dos definiciones a conciencia porque no quiero intervenir en el debate de si es o no trabajo”, apunta Diana). En el marco de una entrevista que el presidente Alberto Fernández le dio a la TV Pública aprovechó la oportunidad para preguntar por la suerte de muchas mujeres trans que estaban siendo desalojadas en plena pandemia por no poder pagar el alquiler. “Él usó la palabra ‘miserables’ para quienes en una situación así echan a la calle. Con esa intervención se pudo frenar algo concreto. A partir de esa pregunta Fernández dio un mensaje. Y luego a través de un decreto se prohibieron los desalojos. 

¿Recibiste comentarios de la audiencia sobre estas intervenciones?

Algunas personas me agradecieron haber sacado el tema y me sorprendió. No es una cuestión de agradecer. Lo hice porque soy parte. ¿Cómo no iba intervenir de esa manera cuando me estaban haciendo llegar por muchos medios lo que les estaba pasando? Lo hice porque, en primer lugar, tengo empatía con aquellas personas que están en posiciones de desigualdad más allá de nuestra comunidad. Segundo, porque entiendo que la comunidad a la que pertenezco está entre los grupos más vulnerables, no sólo en este país, no sólo en este contexto.

Es tu primer trabajo en televisión y te tocó un momento muy particular... ¿Qué responsabilidades extra sentís al informar en un horario central en este contexto de emergencia?

La pandemia tiene que ser una oportunidad para reflexionar qué tipo de sociedad tenemos y cómo trabajar con sus aspectos más miserables, para usar la palabra que usó Fernández en aquella conversación. ¿Dónde radica esa miserabilidad y cuánto de eso podemos cambiar? Tampoco soy de esas personas optimistas que creen que esta situación nos va a cambiar radicalmente, pero con ver algunos cambios a largo plazo me conformo. Me interesa pensar cómo están viviendo este momento los chicos y las chicas, que hoy vienen con otro chip. ¿Por qué no aprovechar este momento en el que todo se está reformulando para revisar qué pasa por ejemplo en esos lugares en los que las instituciones religiosas se meten en la educación pública? Y en mi caso particular, antes que cualquier otra cosa, soy una profesional con un trayecto en medios. Hace más de cinco años trabajo en una radio, donde empecé haciendo el servicio informativo. Estar en la TV Pública es algo que yo vivo como lo que es: un trabajo al que puedo acceder por mi desempeño profesional. Se es periodista en una pandemia y en cualquier circunstancia. Creo que por esta profesión tenemos una tendencia a naturalizar o adaptarnos a lo que sea que suceda.

¿Te da miedo quedar atrapada desde el punto de vista profesional en temas relacionados con transexualidad?

Yo no quiero encasillarme pero si yo no lo hago, ¿quién lo hace? Tampoco creo que incluir estos temas me limite. ¿Qué hay de excepcional acá, que ojalá en un futuro ya no lo sea? Que esta comunicadora además de otras cosas es trans... en un país en el que el promedio de vida para nosotras es entre 35 y 40 años. En un país donde todavía hay grupos que expulsan a las personas por su identidad, en donde todavía existe la violencia, no sólo institucional, sino también social. En épocas del apartheid en Estados Unidos las bailarinas negras podían integrar un ballet pero nunca encabezarlo. Recién ahora en Argentina estamos saliendo del estereotipo de la travesti en televisión que es sólo para hacer reír.

La otra opción era aparecer ligadas a las noticias policiales y al narcotráfico.

Y persiste. No me creo ese relato de los que te dicen que te aceptan pero para ponerte sólo en determinados roles. Vivimos en un momento de cierta hipocresía. Es como la señora pituca que a la empleada doméstica le compra un regalito para fin de año pero no se la imagina de ningún modo estudiando. Muchas señoras te dicen que la travesti que hace humor en la TV es divina, que las hace reír, que la re aceptan… ¿Pero la aceptarían, por ejemplo, como nuera? Para casi todos está “todo bien con todas las diferencias” pero ¿aceptarían una niña trans en la familia? Estamos en una era de la corrección política pero en los hechos, en lo que se puede observar en las prácticas las cosas son más complicadas. La base recalcitrante, sectaria, prejuiciosa, dogmática de la cultura permanece. Y todas las personas, incluso las personas lgbti y las feministas estamos atravesadas por ella. Hay muchos colegas con los que tengo la mejor, pero también sé que hay personas que cuestionan el lugar en donde estoy, como me ha pasado en la radio y en el ISER. Hay gente que cree que yo he podido ir accediendo a estos lugares gracias a un cupo o una política de inclusión. Por supuesto que apoyo el cupo laboral trans pero para que el día de mañana ya no exista. Con esa esperanza. Una vez en la radio entrevistamos a un empresario que tomaba para trabajar a personas trans. Y él hablaba de sí mismo como una persona con “visión desde la compasión”. Palabras textuales. Es tremendo. Ojalá mi presencia en un noticiero modifique en algo ese pensamiento enquistado. Sí marca un antes y un después. Tenemos más voz.

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