Aden Young y la última temporada de Rectify por Sundance Channel
“Dimos todo lo que pudimos”
Llega el final de una serie aclamada por la crítica. El protagonista analiza los pormenores de una historia que ha sido vista como una reversión del gótico sureño y que escarba las visiones de la América profunda bajo un sentido universal.
En Rectify, el protagonista intenta recomponer su vida tras haber pasado casi dos décadas en prisión.En Rectify, el protagonista intenta recomponer su vida tras haber pasado casi dos décadas en prisión.En Rectify, el protagonista intenta recomponer su vida tras haber pasado casi dos décadas en prisión.En Rectify, el protagonista intenta recomponer su vida tras haber pasado casi dos décadas en prisión.En Rectify, el protagonista intenta recomponer su vida tras haber pasado casi dos décadas en prisión.
En Rectify, el protagonista intenta recomponer su vida tras haber pasado casi dos décadas en prisión. 

El purgatorio de Daniel Holden es uno de esos que se transitan en vida. Durante los veintidós episodios emitidos hasta la fecha de Rectify (Sundance Channel estrenará mañana a las 22 la última temporada) el protagonista estuvo a punto de ser ejecutado por el asesinato y violación de su ex novia; fue liberado por un error en la prueba de ADN; volvió a su hogar en la convulsionada Paulie; recibió una golpiza que lo dejó comatoso; la familia lo recibió entre abrazos y dudas; el sistema judicial lo mantuvo en la mira y finalmente tuvo que exiliarse a la fuerza en Nashville. Redención compleja e intensa ya que el espectador nunca pudo saber realmente si era culpable o inocente. En definitiva, lo que este drama propone es acompañar el devenir de la olla a presión que es Holden. “En un sentido metafórico nace de vuelta como adulto y debe tomar responsabilidades, y además debe lidiar con los demonios del pasado”, dice Aden Young, su protagonista en entrevista con PáginaI12.

Rectify no se recuesta en los caminos del suspense policíaco (¿lo hizo o no lo hizo?), sino que recorre a su propio tiempo los vericuetos de una tragedia familiar con algunos componentes del drama legal. Más allá de las cuestiones de género, lo que se devela son las visiones conservadoras y hoscas de la América profunda. En este caso los del estado sureño de Georgia, con sus hábitos cotidianos, entre la amabilidad y la violencia, sus espacios brumosos y creencias que encarnan suplicio y piedad al mismo tiempo. “En cierto sentido, él es como un fantasma que se entromete con los demás, no es solo la historia de Daniel Holden, es la historia de un crimen acontecido en un pequeño pueblo, y el hombre que estuvo a punto de ser ejecutado por ese crimen reaparece entre ellos, cada acción con su familia implicará una reacción”, asegura Young.

Se trata de una rara avis dentro del universo audiovisual actual que ha sido reverenciada unánimemente por la crítica en su intento por contar una historia canónica y singular. “Ojalá que haya una larga vida para el programa, pero mi visión cínica de las cosas me dice que de acá a una década todo habrá cambiado demasiado. Aunque esta serie trata con aspectos que no tienen fecha de vencimiento”, apunta el actor. Ray McKinnon –su creador– junto a los productores Mark Johnson y Melissa Bernstein (responsables de Breaking Bad) no toman atajos simplificadores. Aquí los personajes son contradictorios, inestables, y no se cae en la tentación de emitir un juicio determinante sobre ellos. “Uno piensa que será un drama sobre un tipo que al salir de prisión buscará al responsable por sus años en prisión y no será así. Es un microscopio para que todos reevalúen sus vidas”, explica el intérprete.

–Los actores son reacios a decir que un personaje se queda con ellos. ¿Fue igual en este caso o significó un alivio que eso pasara?

–A este tipo no le podías hacer nada peor. Creo que el programa llegó a esta instancia de manera natural. Dimos todo lo que pudimos. La idea de continuarlo hubiese sido como una tortura. Se estuvo tan cerca de estos personajes durante este tiempo, y es inevitable que quiera quedarme con ciertas cosas y también es liberador dejarlo partir.   

–¿Cómo construyó el personaje en un comienzo y sobre el final?

–No bien me pasaron el primer guión supe que tenía un problema. Lo vi y lo sentí instantáneamente. ¿Pero cómo hacés a este tipo? Fue cuestión de calibrarlo con Ray y el resto de los actores. Cada capítulo era un espectro de su vida y así hasta la última temporada, que fue muy difícil, porque estás preparando un personaje que quizá no está del todo listo para ser sí mismo.

–Con la aparición del personaje de Chloe surge un aspecto interesante, la posibilidad de que la redención de Daniel incluya el amor. ¿Qué más puede decir de este aspecto?

–Eso es verdad. Nunca habíamos tenido la posibilidad de hacer una escena de “chico conoce chica” (se ríe). Es que no queríamos que ese fuese el foco, sino ir más profundo. Daniel todavía tenía que lidiar con lo que estaba roto de su pasado. En este caso, los dos tienen un secreto. Así que comparten algo.

–¿Saber si él era inocente o culpable significó un “Macguffin”, una excusa para trabajar otros aspectos?

–No lo creo. En realidad el foco de la narrativa era otro: la duda y cómo se continúa con la vida tras haber pasado algo así. Es una reexaminación de las decisiones que tomamos y de hacerse cargo de las mismas. La inocencia o culpabilidad de Daniel es el paraguas sobre el cual se desarrollan estas investigaciones.

–Se ha considerado al programa como un representante del “gótico sureño”. ¿Lo ayuda ese espectro en su composición?

–Soy sincero, no comprendo muy bien la definición del “gótico sureño”, está bien, el crimen ocurrió en esa zona, hay un misterio alrededor que se vincula con lo del “gótico sureño”, pero la mayor atracción para mí tenía que ver con el sentido universal. Es una auténtica experiencia humana que podés vincularla con el “gótico sureño”, si así te place.  

–¿Georgia sigue en su mente?

–Totalmente. Es un lugar hermoso y su gente también. La mentalidad sureña es muy rica para trabajar en pantalla. Y aparece de modo muy subrepticio. Está muy lejos de lo que podemos ver de este escenario.

–Uno de los grandes fenómenos del año pasado fue Making a Murderer, programa que tiene varios links con Rectify más allá de su carácter documental. ¿Por qué atraen tanto este tipo de casos?

–Ese programa en particular fue muy intrigante. A uno lo carcome saber qué hizo o no hizo Steven Avery. Las dos series son hijas de este momento de la tevé y es muy llamativo como programas con temática tan complejas pueden tener su espacio. Creo que tiene que ver con la fascinación del público por la culpabilidad o inocencia de alguien, los posibles errores del sistema, “¿y si lo hicimos mal?”. 

–Se ha dicho que Rectify podría ser considerada una versión audiovisual de la llamada Gran Novela Americana. ¿Está de acuerdo con esa idea?

–Tiene que ver con los cambios que se produjeron en la tevé. Hace un tiempo leí un libro de Dennis Potter, uno de los primeros que apuntó al cambio sobre este terreno que se ve en la tevé con Los Soprano, Mad Men, Six Feet Under, que le hablan a una audiencia más perspicaz. Si Rectify se puede ver como una novela es porque se ha evolucionado.  

–“Nunca me imaginé que todo acabaría así”, dice Daniel; usted, Aden Young, ¿se imaginó este final para la serie?

–En cierta manera sabía exactamente cómo acabaría. Lo sentí cuando lo charlamos con Ray (McKinnon). Lo reconocí y supe que no se iba volver algo sensacionalista. Es el traspaso del infierno a cierto tipo de luz.