Opinión

Bolivia, donde los respiradores nos dejaron sin aliento

Imagen: AFP


La escena no es única. Ya fue filmada y viralizada antes: un hombre que muere en la puerta de un hospital sin que nadie lo atienda. Ocurrió hace dos días en Trinidad, Beni, Bolivia, que es el epicentro del contagio de coronavirus e, ironía de la historia, departamento de donde es originaria la presidenta Jeanine Añez.

El país ha sobrepasado los 5 mil contagios y los 200 muertos, la gran mayoría en tierras calientes.

Y en medio de la tragedia se desarrolló la más escandalosa estafa perpetrada en los últimos años. Respiradores manuales comprados en España cuyo precio es 8 mil dólares fueron vendidos en 29 mil dólares. A tres veces su precio.

El drama comenzó cuando la presidenta Añez, el 14 de mayo, presentó con bombas y platillos las máquinas señalando que salvarían muchas vidas. A las pocas horas los médicos de Santa Cruz se pronunciaron señalando que esos aparatos no servían para Terapia Intensiva. Comenzó entonces a desmarañarse la madeja que llega hasta el círculo más íntimo de la presidenta de facto.

Pronto se descubrió que los productos comprados eran sólo para ambulancias y ayudaban para un par de horas pero no para tratamientos más largos y se llegó al precio. Los propios fabricantes revelaron el monto y el escándalo estalló.

La empresa intermediaria dijo que sin costo alguno podría dotarles de un software para que se conviertan en respiradores de alta gama, pero ya las cartas estaban tiradas.

Jeanine Añez tuvo que entregar a la voracidad de la muy molesta opinión pública a lo que en ajedrez llamaríamos un caballo, su ministro de Salud, Marcelo Navajas, un galeno cuya familia es dueña de las clínicas más caras de La Paz y que fue encontrado, en el pasado, culpable por la justicia de estafar a una familia de un enfermo de cáncer.

La abogada de Navajas, Rosario Canedo, ha denunciado que Bolivia vive bajo una dictadura. Significativas palabras para alguien que defiende a una persona que estuvo en él gobierno hasta hace pocas horas.

Mahammed Mostajo Radij estudió en Estados Unidos y se dedicó a reclutar cerebros latinoamericanos para que vayan al país del norte y se queden a trabajar ahí. A su regreso a Bolivia comenzó a trabajar con el partido de Añez y se encumbró el momento en que se convirtió en el novio de la hija de la presidenta.

A partir de ahí subió los escalones hasta convertirse en Embajador de Ciencia y Tecnología (un cargo que no existía antes en el país). Es en esta historia un alfil.

Mostajo es quien aconseja las compras y en las últimas horas ha pretendido lavarse las manos señalando que la compra de los 170 respiradores con sobreprecio es un negocio solamente del ministro Navajas y que él no conocía los detalles. Lamentablemente hay un registro de una entrevista donde el 5 de abril, dos días antes de que posesionaran a Navajas, da todas las características de la importación.

Sin embargo, aún queda mucho por aclarar. Entre otras cosas la participación de Mariana Galindo Justiniano, secretaria del actual ministro Óscar Ortiz, quien funge de una de las compradoras. Está también en entredicho el papel del rey (reina), Jeanine, que como en ajedrez ahora tiene movidas limitadas a un casillero.

Los oficialistas estaban seguros de que el combate contra el coronavirus iba a catapultarlos para que ganen las elecciones. Lo cierto es que cada semana cavan más profundamente una tumba que seguramente dirá: aquí yace una dictadura que golpeó, asesinó y robó.

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