El inicio del ciclo del Instituto Patria reunió a artistas populares

"Patria es Cultura", una celebración de la voz plural

Participaron Juan Falú, Lidia Borda, Liliana Herrero, Peteco Carabajal, Luciana Jury, Marian Farías Gómez, La Chicana y Adriana Varela.
La Chicana tocó “El tesoro de los inocentes”, del Indio Solari.La Chicana tocó “El tesoro de los inocentes”, del Indio Solari.La Chicana tocó “El tesoro de los inocentes”, del Indio Solari.La Chicana tocó “El tesoro de los inocentes”, del Indio Solari.La Chicana tocó “El tesoro de los inocentes”, del Indio Solari.
La Chicana tocó “El tesoro de los inocentes”, del Indio Solari. 

Patria es Cultura. Enunciada de este modo, idea resulta tan elemental cuanto poderosa. Sin dar demasiadas vueltas al asunto, el Instituto Patria la lanzó como consigna indiscutible y llamó así al ciclo que comenzó el domingo, en la vigilia del 25 de mayo, y se transmitió por streaming. La celebración por los 210 años del inicio de la revolución emancipadora, que este año dispersó las multitudes en sus hogares, rindió homenaje a un grupo distinguido de artistas, que demostraron estar más allá de las coyunturas de lo virtual y fueron capaces de perforar los monitores con nobles armas de guitarreada: canciones certeras y sencillos asombros. Juan Falú, Lidia Borda junto al pianista Daniel Godfrid, Liliana Herrero y Pedro Rossi, Peteco Carabajal solito con su guitarra, Luciana Jury, Marian Farías Gómez con la pianista Paula Suárez, La Chicana –Dolores Solá y Acho Estol– y Adriana Varela con la guitarra de Rafael Varela, con trazas de entrecasa y galas hogareñas, ofrecieron muestras de la lujosa memoria los pueblos cuando cantan.

A la hora señalada, fue Teresa Parodi la encargada de dar la bienvenida en nombre del Instituto Patria, cuya presidenta honoraria es la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner. “¿En qué otro lugar está más claramente que nunca la Patria sino en su cultura? ¿En qué otro lugar que no sea la cultura se refugian los pueblos cuando pasan sus momentos más críticos o cuando necesitan expresar sus celebraciones más entrañables?”, se preguntó la cantautora, después de recordar que se cumplen los diez años de las celebraciones del Bicentenario. “Aquel acontecimiento histórico que ha quedado grabado para siempre en nuestro corazón y en nuestra memoria”, agregó, antes de señalar que el de anoche era el primero de una serie de encuentros con artistas populares.

“Que no se trabe mi lengua/ Ni me falte la palabra/ El cantar mi gloria labra/ Y poniéndome a cantar/ Cantando me han de encontrar/ Aunque la tierra se abra”. Con estas palabras de Martín Fierro, Rita Cortese presentó a la primera artista de la noche: Adriana Varela. Acompañada por Rafael Varela en guitarra, la cantora arrancó con “Las cuarenta”, ese magistral manifiesto existencialista del cálculo de las probabilidades del escolazo, de Grela y Gorrindo, que en la voz de Varela se hace más sombrío. Después de “Vieja viola”, “Afiche” y “De barro”, Varela presentó a Luciana Jury. Alternando el cuatro, el requinto y la guitarra, Jury desplegó piezas de su repertorio latinoamericano “para espíritus rebeldes”, entre los que estaban “Cueca de la Juana”, tema tradicional que integra Abrazo, su último disco.

Siguió Juan Falú, que abrió su momento con “Zamba por Natalia”, pieza de exquisita imaginería melódica, compuesta junto a Teresa Parodi. Guitarra y voz se complementan afectuosamente en el estilo tardío del tucumano, que siguió cantando en “A puro fierro”, sobre letra de Pepe Núñez. Con su gato “De la raíz a la copa” y “Chacarera del 55”, de los hermanos Núñez, en solos de guitarra, concluyó una presentación marcada por su manera austera y profunda. La de una de las grandes personalidades de la música argentina. Otro gran momento de la noche fue la presentación de Lidia Borda y Daniel Godfrid. Borda es una cantante sencillamente extraordinaria, capaz de equilibrar dulzura y dramatismo con las dosis de los elegidos, como hizo en el inicio con “Nada más”, un tango de Rubinstein y D’Arienzo, secundada por el piano sabio y atento de Godfrid.

Mientras por el costado derecho de la pantalla descendía la cascada cariñosa de los saludos y los hurras que cuantificaban el afecto de los que seguían la transmisión, terminaba la actuación de Marián Farías Gómez, con Paula Suárez en el piano. Después de pasar por Yupanqui, Tejada Gómez y el Discépolo de “Cafetín de Buenos Aires”, la cantora ofreció“La de los angelitos”, la chacarera de Adolfo Ábalos y Cachilo Díaz para desplegar, en la intersección de voz y bombo, el misterio de su swing inimitable. Dolores Solá y Acho Estol transmitieron la particular energía que tiene La Chicana, con temas propios y el rescate maravilloso de “El tesoro de los inocentes”, del Indio Solari, poco antes de que Peteco Carabajal hiciera lo propio con sus canciones y su énfasis guitarrero.

Habían pasado más de tres horas de canciones, cuando Liliana Herrero y Pedro Rossi comenzaron a cerrar la noche con Yupanqui, Cabrera, Parodi y “Allá lejos y hace tiempo”, la olvidada zamba de Ariel Ramírez y Tejada Gómez. “No son tiempos fáciles para los artistas, y acá estamos”, dijo la cantante, antes del cierre de la transmisión, que tuvo una versión ecuménica del “Himno Nacional”, con un arreglo de Lito Vitale en el que los instrumentos andinos, los criollos, los europeos y los eléctricos conjugaron la voz plural de la Patria cuando canta.

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