Federico Delgado y las malformaciones del sistema judicial

Imagen: Guadalupe Lombardo

Federico Delgado es un fiscal peligroso. Hace su trabajo, lo muestra, lo explica -algo que, es cierto, no puede ser muy complicado cuando uno es una persona honesta- pero además, considera que todos los funcionarios judiciales deben ser controlados en sus estadísticas, en sus plazos. Lo considera digno y apropiado. Le parece justo, le parece que corresponde. En definitiva, nada que un trabajador idóneo, alguien que conoce su oficio, no pueda hacer.

Por eso, muchos de sus colegas (no todos, no pocos) de los que nadie sabe del todo bien a que se dedican, lo miran de reojo. Un desubicado al que no le gusta hacer trampa y encima le cuenta al mundo algo prohibido en toda circunstancia, considerado poco recomendable por cualquier médico: la verdad.

Todos los gobiernos lo detestan, indicio claro de que hace bien su tarea.

Con República de la impunidad volvemos a la escena del crimen. Todo el texto nos lleva de recorrido por el camino de los tribunales, que nunca estuvo bien señalizado y que tiene más de tracto intestinal (es una forma de decir) que de proceso judicial. Su lectura es esencial para entender las razones del fracaso institucional más grande de nuestro país: la justicia federal.

Después de tantos años de trabajar de fiscal, conoce bien los materiales con los que se ha construido ese fracaso, el valor de todos y cada uno de los ingredientes que lleva su receta y que se refleja en el menú de una justicia a la carta.

A diferencia de aquellos que hablan de la justicia sin conocerla, dando respuestas que no se conectan con ninguna pregunta, Delgado que sabe demasiado, sigue cultivando su vocación de observar y denunciar las malformaciones del sistema, sin maltratar la inteligencia de nadie. Convierte las angustias metafísicas en problemas concretos y no se esconde atrás de los escándalos, ni intenta que nos parezcan bien las cosas que han ido mal, y de algún modo, poniéndonos en conocimiento que en la modalidad más extrema de asuntos putrefactos ocurren en los tribunales, nos sugiere respetuosamente que llegó el momento de dejar de sonreir. Hace rato.

Cuando lean este trabajo, entiendan cómo funciona la máquina de impedir, que se fusiona con una cultura jurídica rancia, con la ley del más fuerte y demás herramientas propias de la manipulación judicial, no van a sorprenderse porque una investigación naufrague, van a sorprenderse cuando alguna llegue a puerto.

Un libro sobre la justicia federal siempre es una buena noticia.

Al menos para mí, que lo que me gusta son las historias de terror.

* Abogado, ex -funcionario judicial. Autor del libro Forum Shopping.

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