El creador de La venganza será terrible, en vísperas de su presentación en Rosario

La radio, los premios y las palabras

Las palabras, el pensamiento, la radio, la política y el tiempo presente. Aspectos usuales al mundo artístico de Alejandro Dolina. El reencuentro con el público, los premios que irritan, las confidencias entre muchos.
Dolina vuelve a Rosario, entusiasmado por el interés percibido en visitas anteriores.Dolina vuelve a Rosario, entusiasmado por el interés percibido en visitas anteriores.Dolina vuelve a Rosario, entusiasmado por el interés percibido en visitas anteriores.Dolina vuelve a Rosario, entusiasmado por el interés percibido en visitas anteriores.Dolina vuelve a Rosario, entusiasmado por el interés percibido en visitas anteriores.
Dolina vuelve a Rosario, entusiasmado por el interés percibido en visitas anteriores. 

La Venganza está de gira, y a Rosario le toca en breve. La venganza será terrible, el célebre envío radial de Alejandro Dolina, llega el viernes próximo, a las 21.30, a Teatro El Círculo. La noche antes, Dolina y equipo visitarán la 1° Feria del Libro Nacional y Popular de Santa Fe. Después: San Nicolás, Chascomús, Mar del Plata, Montevideo.

El reencuentro con La Venganza es placentero, siempre anhelado. Un cambio reciente de dial, a mediados de septiembre, le ha situado en la grilla de AM 750. La nómina de talentos que el programa ha reunido durante más de veinte años es notable, y a este grupo se suma de manera reciente Patricio Barton. Todos afines a una manera radial que ya es clásica, que elige detenerse en las palabras, escuchar los silencios, y entender la música como un espacio de encuentro.

"Rosario es uno de los puntos donde hemos obtenido una atención mejor del público de todo el país", le dice Alejandro Dolina a Rosario/12. "Diría que las mejores funciones que hemos hecho han sido en Rosario y en Córdoba, y en eso tiene mucho que ver el interés que tiene el público por ciertos asuntos que son propios del programa. De modo que cada vez que tenemos una función en Rosario aparece un entusiasmo inusual".

‑Recuerdo una de las presentaciones en el Anfiteatro, colmado, muchísima gente afuera. Usted relataba un mito griego y el silencio que le acompañó fue intenso. No se trata de algo habitual.

‑Es evidente que, habiendo tanta gente como había ese día, había sin embargo un silencio más propio de auditorios más íntimos. Yo creo que hasta hice referencia a una situación de una muchedumbre confidencial, cosa que es raro encontrar, y es muy venturoso también haber podido vivir ese momento.

‑Dado el escenario que promueven las nuevas tecnologías, ¿la radio está en un momento crítico?

‑No creo que sea tan crítico y creo que las nuevas tecnologías de algún modo favorecen también a la radio, lo que antes se llamaba el área de cobertura ahora es el mundo entero. Antes teníamos que preocuparnos por si una región montañosa nos impedía o modificaba el área de una FM, y ahora podés llegar a la China todo el tiempo. Creo que lo importante de la radio son los contenidos, las tecnologías son accesorias. Que la radio esté en un momento difícil, puede ser, pero en realidad a partir de Internet todos los medios de comunicación tradicionales han entrado en una crisis respecto de cómo se financian. Evidentemente, la red tiñe de gratuidad todas las expresiones artísticas. De manera que la figura de la empresa y de la publicidad como resorte principalísimo de las finanzas es obsoleta. Creo que la financiación de los medios está en crisis, pero no los contenidos ni el interés de la gente.

‑¿Qué lectura política se desprende, hoy, del ámbito radial?

‑El ámbito radial, especialmente, está reflejando el momento político que vivimos, donde cada medio es funcional a una cierta posición ante el conflicto político argentino. De modo tal que cada vez que uno entra a una radio, lo primero que pregunta es de qué lado se acuesta. Prácticamente, los medios objetivos no existen, si es que existieron alguna vez, pero en este caso más que nunca hay una total... (hace una pausa), iba a decir limpidez o transparencia respecto de los propósitos políticos de cada uno de los medios. Pero también hay ciertamente una aspereza en las relaciones entre un medio y otro que se nota muchísimo, se nota casi de un modo obsceno. Por otro lado, no advierto en la radio ninguna clase de transgresión ni de intento del pensamiento por superar esta división política tan elemental y tan básica.

‑Entiendo que la radio que usted hace es la antítesis de lo que refiere.

‑A mí me gustaría pensar que es así, ojalá que sea la antítesis de lo que en general se oye. Con las excepciones que son del caso, ciertamente. Pero usted convendrá conmigo que, en general, se oye un discurso chato, plano, previsible. Incluso lo digo pensando hasta en programas que están políticamente de acuerdo conmigo, por decirlo de algún modo. Sin embargo, yo no siento realmente un interés intelectual en escuchar esos discursos; hay excepciones, evidentemente, pero en la mayoría de los casos no es así. Me gustaría ser una de esas excepciones, pero tampoco estoy tan seguro de serlo. Me ha tocado, hace poco, concurrir a una entrega de premios Martín Fierro (se refiere a la entrega de premios del 29 de octubre pasado). Desde luego, no nos entregaron ningún premio, pero eso está dentro de lo que puede ocurrir en algo parecido a un juego, que tiene mucho de social, de etiqueta, de protocolo, qué se yo, no hay que tomárselo muy en serio. Pero aun así, me pareció ver allí una exhibición tan fuerte de mediocridad que realmente no podía creerlo. Iban desde los agradecimientos de los premios hasta el clima que se respiraba ahí. Las cosas que se decían. Realmente me ponían muy violento, muy irritado. Lo que estaba prevaleciendo allí era algo muy banal, muy rústico, muy poco inteligente. No es que haga una cuestión de si gano o no un premio, pero me parece que si alguien gana un premio y pasa a agradecerlo, debe exhibir por lo menos virtudes de la palabra que son las que lo han llevado a ganar algún premio. ¿Qué se premia en la radio si no la palabra?

‑Aun cuando en la conversación hayamos aludido al clima político, prefiero preguntárselo de manera directa, ¿tendrá que pasar un tiempo suficiente para rever lo que políticamente está sucediendo? ¿No le parece que predomina cierto clima de desasosiego?

‑Sí, es muy raro. Yo creo que no sólo las políticas del gobierno nos conducen a extremos que no habíamos pensado, que ni siquiera habíamos sospechado. Es decir, la política del gobierno era previsible, iban a tratar de considerar al salario como un costo y a tratar de bajar ese costo para facilitar la rentabilidad de las empresas, digo esto escrito en trazos muy gruesos. O sea, lo que en el mundo se define como la clásica política neoliberal. Pero lo que no esperábamos es que fuera tan intensa, tan brutal, brusca, y que además estuviera acompañada por modales tan hoscos. Pero no sólo eso, sino que también del otro lado, el arco opositor no parece desempeñarse con demasiada brillantez. Entonces, se ve a la oposición desunida, errática, reiterativa, poco brillante en sus conceptos, sin estrategia ninguna. Y se ve también algo que es real, el pueblo argentino está padeciendo esta situación pero en su mayoría parece aprobarla. Así que esto me hace compartir su impresión de que el asunto puede prorrogarse.

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