Lady Gaga presenta Chromatica: no llores y bailate todo

Ponele chromatica a tu cuarentena 

Lady Gaga lo hizo de nuevo: el disco que acaba de sacar para bailar en cuarentena también es otra cosa: su momento más íntimo, más introspectivo.

Todos sabemos que el nivel de obsecuencia y obediencia que tenemos los gays frente a nuestras estrellas es prácticamente axiomático. Quiere decir, Lady Gaga debería hacer una cosa muy mal para que su público la abandonara. No lo hizo. Chromatica es una de esas grabaciones que desde el primer beat están hechas para la pista de baile y hasta sus cuasi baladas exigen ser escuchadas en combinación con “coreo”, expresión corporal o, por lo menos salto en lugar al ritmo de “I -want-yours-tupi- lov -lov -lov lov…” (8 saltitos). Las más audaces y fanáticas, pueden, obviamente ir copiando fragmento de coreo de los videos que Chromatica vaya entregando y, si no, esperar el turotial de You Tube que ya está llegando y ya llegó.

SUPER GAY

En absolutamente todos los video-reacción a Chromatica y sus dos y pico videos (“Stupid love”, “Rain on me”, y las enseñanzas Zen que separan cada una de las tres partes del EP) aparece el universo gay como fantasía, superación del dolor pasado y la pista de baile como espacio de la redención absoluta. El título mismo nos conduce al arco iris como símbolo y bandera y si bien nada nos aleja del universo épico de lo lgtb como lucha, sacrificio y superación, este momento de Gaga no deja de ser su disco más íntimo, si cabe la palabra o, por lo menos, el más introspectivo.

Es verdad que todos los ritmos vuelven sobre The fame y Born this way como si quisiéramos (porque queremos) olvidarnos de Artpop, como un traspié, un error no forzado, una de esas cosas que se hacen sin pensar. Luego de semejante fracaso antiestrepitoso, (para una artista que tenía el mercado de la música prácticamente a sus pies) es decir, no le importó a ninguno de los pequeños monstruos que ella había formado desde la salida del cascarón, tenía que hacer algo muy cuidado. Lady Gaga entendió que iba a salir a buscar un público más universal. Y ahí nos mandó el “Nace una estrella”, con ese tema “Shallow” que comenzó como una idea genial, gracias a su productor Mark Ronson (el de Amy W, el del mejor Bruno Mars, el de la increíble Miley), claro. Pero que ahora ya es como escuchar a tu madre o tu padre borrachos al final de una fiesta cantando “Caminito” justo en el momento en el que estabas contenta porque esa noche no te habían hecho pasar vergüenza y de repente suenan los acordes y sabés que te vas a querer matar… bueno... así es “Shallow”. Un tema profundo, que dice lo que el público adulto puede escuchar de Gaga: “ya estamos lejos de la zona donde hacemos pie”. Ahí llegó hasta los de 100 años. Ahora va por los de 12.

GAGA SE VA PARA ARRIBA

Después de ese éxito arrollador, Gaga cosechó eso que necesita una estrella de alta magnitud, que es un público universal y global de 12 a 100 mil años. Ahora nos viene con esta grabación que está compuesta de una cantidad de materiales que prácticamente es difícil discernir, porque los mezcla con una maestría que emociona. Gaga aprendió de Madonna eso que Madonna sabía hacer perfectamente: traducir para la plebe los contenidos de la élite cultural. De donde el voguing de Paris is Burning (en esa época, de culto) se volvía una canción sobre el glamour; o una sentencia de Cage se convertía en un manifiesto político berreta pero movedizo (4 minutes); o las prácticas oscuras de clubes selectos de New York, se hacían una antología de la perversión en “Erotica” (Rain, bondage, grupo, etc…). Cada perversión, un temita que otros inventaban y ella facturaba.

En este caso, Gaga hace lo propio y se carga un montón de temitas que están al borde de la cultura de masas, pero necesitan que alguien los “monetice” (como se dice ahora). Acá va lo que tenemos en esta grabación: Cosplay (en todo, pero sobre todo en “Stupid Love”), superación de la angustia (“Rain on me”), empoderamiento femenino (“Free woman”), construcción del avatar de las redes online (“Enigma”), recordamos a los abuelos (Madonna en “Babylon” y Elton en “Sine from above”), demanda de derechos como individuo (“Fun tonight”), K-pop (“Sour Candy” con “Blackpink”), cierto cine de Ciencia Ficción (las lágrimas en la lluvia de Blade Runner), etc…. Es decir, un arco cromático de materiales con los que, notablemente, la nueva reina de los gaycitos, hace su disco más personal.

A propósito de esto de la simultaneidad con la cuarentena, y para mostrar que sabe dónde se arman los grandes éxitos de la cultura del presente, Gaga dijo: “Nunca quise estar en una disco gay tanto como quisiera estar en este momento de mi vida”. Y si bien esto puede ser verdad, también es verdad lo contrario: Lady Gaga hace que cualquier lugar donde suene Chromatica, cualquier habitación de cuarentena en soledad, se convierta en una disco gay. 

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