Cuál es el rol de los varones a la hora de romper con el machismo

Peligro de derrumbe

En un momento histórico en el que los cuidados aparecen en el centro de la escena y los femicidios siguen aumentando, vuelve la pregunta sobre los varones, su rol y revisión sobre las violencias que ejercen. Si bien el Estado debe implementar políticas públicas integrales que ataquen el machismo, hay un cambio cultural que todavía no ocurre y parece ir por un lento carril. ¿Alcanza con que los varones no ejerzan violencia y renuncien a sus privilegios? ¿Cómo instar a que potenciales agresores puedan reconocerse como tales? ¿Cómo prevenir? ¿Qué alternativas no punitivistas, de reducción de daños y cuidados, implementa el Estado para agresores que reinciden en violencia? Varones en construcción de nuevas masculinidades responden a estas preguntas.
Imagen: Sebastián Freire

“No solo duelen los golpes”, dice en su monólogo la actriz y comunicadora feminista española Pamela Palenciano Jódar. Puede ser física, psicológica, económica, simbólica, manipulación, maltratos, celos, control, sometimiento, humillación: la violencia machista tiene múltiples formas y ámbitos pero todas afectan de manera directa la vida de las personas que la sufren. El grado de peligrosidad en el que se encuentran las víctimas frente a sus agresores puede llegar hasta el riesgo de perder la vida. Femicidios, travesticidios, crímenes de odio que podrían haberse evitado porque muchas ya habían pedido ayuda. Pero muchas, demasiadas veces, el Estado no actúa, el entorno no sabe cómo ayudar, las fuerzas de seguridad se burlan y las líneas de ayuda están colapsadas. En un momento en que el cuidado aparece en los discursos oficiales pero se sabe que recaen en los hombros de las mujeres trabajadoras, vuelve a aparecer la pregunta sobre los varones y la necesidad de un cambio cultural que los interpele y motorice. No hay caída del patriarcado posible si no es con personas dispuestas a renunciar a sus privilegios de clase y género: he ahí buena parte del asunto que tiene al feminismo en alerta permanente. 

Nicolas Papalía es abogado especialista en derechos humanos e investigador, en 2017 publicó un estudio sobre cómo actúan lxs jueces del Fuero Penal de la Ciudad De Buenos Aires en casos de violencia doméstica (entendida como tal cuando se ejerce en el ámbito de las relaciones de pareja y en la intimidad). Hoy se encuentra a cargo de la Oficina de Políticas de Planificación en Materia de Género y Diversidades de la fiscalía de la Ciudad. “Para todos los varones que ya ejercen violencia cualquiera sea el tipo, no hay respuestas efectivas para poder trabajarla, en primer lugar porque los programas socio educativos o aquellos que tengan como objeto ocuparse de la cuestión cultural asociada al ejercicio de la violencia son muy pocos, los cupos son escasos, no hay una política pública fuerte para trabajar con los varones, básicamente porque los recursos se orientan a atender a las víctimas, que está perfecto, pero la pata de trabajo con los varones violentos no está desarrollada”, asegura Papalía.

¿Una sanción o una pena resuelve el problema? ¿Un varón puede dejar de ser un machista violento a partir de una restricción perimetral? Frente a una denuncia las medidas que implementa la justicia siempre recaen sobre la víctima, ellas deben accionar un botón antipánico, que tal vez no funcione por que se cayó el sistema de geolocalización -como sucedió con Carla Soggiu- o llamar al 911 si el agresor está cerca, o abandonar sus hogares y su entorno familiar para terminar en refugios poco seguros aisladas con sus hijxs -el femicida de Fátima Acevedo sabía dónde estaba alojada-. Mientras tanto ¿Quién monitorea a los agresores que violan una y otra vez las restricciones impuestas? Sobre esta cuestión Papalía señala las deficiencias del sistema judicial: “Hay muchos mensajes que promueven la sanción penal, no permitir que se apliquen métodos alternativos de solución de conflictos y solo proponen una respuesta punitiva, pero lo cierto es que en la práctica el 70 u 80 por ciento de las denuncias penales en materia de violencia de género se archivan. ¿Qué respuesta le estoy dando a las mujeres? Hay que revisar cómo funciona el sistema, cuáles son las mejores políticas que se podrían tomar y trabajar para eso. No creo en general que la respuesta punitiva es la mejor, pero sí estoy de acuerdo que hay situaciones muy puntuales en las que es necesario. Si yo tengo un varón que agrede a una víctima, le pongo las medidas de protección que sea y las viola y continúa agrediendo, antes de llegar al femicidio tengo que tener una respuesta punitiva efectiva.”

Punitivismo no es la respuesta

El incremento incesante de la cantidad de femicidios y las denuncias por violencia machista son la prueba más evidente de que ni las cárceles, ni los botones antipánico, ni las medidas perimetrales erradicarán la violencia machista y posibilitarán que los agresores abandonen el ejercicio de la violencia. Si el punitivismo no posibilita que un varón deje de ser un macho violento ¿Qué otro camino debe transitar un agresor para dejar de serlo? Actualmente en nuestro país existen algunos espacios destinados a trabajar con varones violentos, algunos de estos son el Centro Integral de Varones (CIV) en la provincia de Córdoba y en Neuquén el Dispositivo de Atención a Varones (DAV), en ambos casos los varones llegan por derivación de la justicia.

Lucho Fabbri es docente universitario e investigador, además coordina desde hace diez años talleres para varones e integra el Instituto de Masculinidades y Cambio Social, sobre la apertura de estos espacio reflexiona: “se están incrementando los servicios de atención a varones que ejercen violencia pero si eso no se complementa con un política de promoción, sensibilización y prevención, ahí solo asisten los varones derivados por el poder judicial y en muchísimos casos con el objetivo de obtener una certificación que los exima del cumplimiento de una pena en contexto de privación de la libertad y no porque haya un deseo genuino modificar la práctica. Necesariamente hay que generar una línea de trabajo sistemática nacional que recoja todas estas experiencias de atención a varones que ejercen violencia, que fortalezca los equipos existentes con políticas de profesionalización y evalúe la efectividad de la metodología implementada en los diferentes dispositivos que por falta de recursos se hace poco.”

Pensar en perspectivas antipunitivistas implica reflexionar más allá del ámbito del derecho penal y el accionar de la justicia” dice Fabbri, y explica que es necesario apelar a políticas que apuesten a lo social, colectivo y comunitario:“El monitoreo o el seguimiento de esos varones no es solo por parte del poder judicial o las fuerzas de seguridad sino un monitoreo social, reduciendo la impunidad y la tolerancia que hay hacia la violencia machista por parte de los circuitos que rodean a los agresores que muchas veces justifican o subestiman lo que hacen. Podemos pensar en dispositivos ya no de vigilancia en un sentido policíaco, pero sí de rendición de cuentas o responsabilización social, un acompañamiento y seguimiento de un potencial victimario. Vecinos, compañeros, agentes policiales que se encarguen de hablar con ese varón para saber que no está agrediendo, reincidiendo, que está modificando efectivamente sus prácticas porque si no siempre con el argumento de proteger a la víctima se la revictimiza en un monitoreo constante de su vida y el varón queda a la deriva, y nos enteramos de él nuevamente cuando hay otra denuncia” explica Fabbri.

En Catamarca la Dirección Mujer, género y diversidad que depende del Ministerio de Desarrollo social y deportes lanzó una línea de atención a varones, para trabajar la violencia que en tiempos de cuarentena puede potenciarse. El mensaje de difusión de la línea apelaba a contener el enojo y pedir ayuda, algo que fue criticado al interpretarse como una pieza comunicacional que desresponsabilizaba y victimizaba al varón agresor. Hubo debate, sobre ello Fabbri reflexiona: “No hay un recorrido de experiencia de hablarle a esos varones como para que alguien pueda decir cuál es la forma más efectiva de dirigirse a ellos de manera de interpelarlos a hacer esa llamada. En un contexto extraordinario donde se ensayan formulas inéditas, hay que posicionarse de manera crítica, pero también, con la humildad de saber que estamos en una situación donde nadie la tiene clara. Quienes entendemos que la violencia machista es sistemática y estructural, sabemos que corresponde a una relación de poder y no a una discapacidad emocional. Lo cierto es que no le vamos a explicar al varón que queremos que llame a la línea el carácter sistemático de la violencia sino que tenemos que apelar a un empuje que pueda interpretar, decodificar fácilmente, en un flyer, de pocos caracteres y la búsqueda de reconocimiento, identificación de ese varón con esa tensión o enojo, con esa situación de ira o de conflictividad creciente que lo está atravesando. Quienes trabajan en atención a varones agresores saben que una de las claves para que esos varones identifiquen preventivamente una posible escena de ejercicio de violencia machista es el reconocimiento de sus emociones. Los grupos psico-socio educativos buscan construir con esos varones recursos simbólicos para nombrar lo que sienten y lo que les pasa y descompriman la tensión que suele materializarse en situaciones de violencia.”

Frente a los casos de varones que ya tienen denuncias y representan una amenaza porque reinciden en la violencia, no cumplen las medidas impuestas por la justicia, quieren volver a sus hogares, hay mucho sin resolver ¿Qué hacemos con los varones que agreden? ¿Cómo se trabaja con ellos? Papalía explica: “Ahí hay que empezar a evaluar respuestas, por ejemplo, en Barcelona y otras experiencias que trabajan también con agresores sexuales lo que hacen es incorporar programas con la técnica cognitivo conductual que es una rama de la psicología que trabaja específicamente aquellas conductas que están vinculadas al ejercicio de la violencia, hay que empezar a pensar en ese tipo de respuestas porque el resto son ineficaces.”

Crece el aislamiento, crece la violencia

La justicia argentina, patriarcal por excelencia, tiene aún la gran deuda de facultar a sus funcionarixs en perspectiva de género, mientras en Tucumán legisladores antiderecho tanto del oficialismo como de la oposición se oponen a la Ley Micaela que establece la capacitación obligatoria sobre la problemática de la violencia machista a todas las personas que desempeñen funciones en el poder legislativo, ejecutivo y judicial. Tal es el caso del presidente del Bloque Fuerza Republicana de la provincia, Ricardo Bussi -hijo del genocida Domingo Bussi- que considera que los femicidios son un invento “ideológico” que está de moda y hasta llegó a decir: “no conozco casos de asesinatos por la condición de mujer”, negar la realidad es una de los caminosque eligen los varones para no perder poder y privilegios.

Desde que se decretó el aislamiento social, preventivo y obligatorio creció exponencialmente el número de llamados a la línea 144 y bajaron las denuncias por violencia machista en las comisarías. Mujeres, travestis, trans no podían salir de sus casas, pero sí lograron pedir ayuda por teléfono: ese enorme caudal de llamados significa que muchas de ellas están en peligro, conviviendo con sus agresores o potenciales agresores y necesitan protección. ¿Cómo se trabaja con el agresor para que pueda dar cuenta de la violencia que ejerce? ¿Por qué muchas voces apelan solo al punitivismo? En su investigación Papalía plantea que cuando una problemática es tenida en cuenta por el derecho penal, “es decir si se criminaliza la respuesta ante el hecho violento, su relevancia social crece y se instala en otras condiciones en la agenda pública” la criminalización de la violencia machista le da una gravedad social, le da visibilidad a través de la inclusión en el código penal, la “reprime mediante una consecuencia legal, y también a través del reproche moral ubicándola por fuera de los valores socialmente aceptados”, sin embargo, en la práctica la justicia aún responde a los parámetros del sistema patriarcal.

Fabbri plantea: “En algunas organizaciones sociales donde hay una crítica al punitivismo y se entiende que el castigo y la expulsión no debería ser la medida privilegiada para dar respuesta a un varón que ejerce violencia, no se generan políticas alternativas y mi pregunta hacia los varones de esas organizaciones que suelen quejarse de la deriva punitivista del feminismo es ¿qué están haciendo ellos para confrontar la violencia que ejerce un compañero suyo? El punitivismo no es del feminismo, es social, de la cultura, el punitivismo es la respuesta a cualquier delito. Los varones no podemos estar exentos en responsabilizarnos en cuáles son las estrategias de acompañamiento a los varones que ejercen violencia para que dejen de ejercerla. Hay algo que es incómodo para pensar con los varones, si decidimos acompañar al varón es casi sinónimo de ser cómplice y no ser cómplice es distanciarse radicalmente de él. Creo que distanciarse nos puede hacer quedar bien posicionados en el sentido que no se vaya a pensar que estamos justificando o apañando al agresor, pero en realidad en ese distanciamiento, no estamos haciendo nada para que deje de ejercer violencia, solamente estamos buscando cuidar nuestra imagen. El desafío es poder pensar cómo acompañamos a esos varones denunciados para que registren, reparen y modifiquen sus prácticas.”

En la búsqueda de justicia para las víctimas ¿cómo deberían actuar lxs jueces? Papalía explica: “La justicia tiene que dar una respuesta para el caso particular atendiendo a las circunstancias particulares de cada una de las víctimas. Puede tener una efectividad práctica, si a un caso de violencia lo archivo al mes de efectuada la denuncia, eso tiene un efecto simbólico brutal para la víctima, porque nunca más va a confiar en el sistema. Hoy hay que dar respuestas que no desestimen de entrada la situación de violencia y tiene que haber una responsabilización para el varón que la ejerce, no solo una sanción, una forma de hacer a esa persona responsable por ejemplo en los procesos civiles, donde no hay una sanción por haber ejercido violencia contra una mujer, y también en términos de la reparación. No siempre la sanción al agresor es la respuesta que buscan las víctimas, en la mayoría de los casos hay una relación pre existente entre la víctima y el acusado y a veces ellas mismas dicen ‘quiero denunciarlo para que no me pegue más pero no quiero que vaya preso’. Un juez no puede desconocer eso, para una víctima es importante que sancionen al agresor pero también es importante que se le pueda garantizar un trabajo, una vivienda, y brindar recursos para que realice algún tratamiento para trabajar la violencia que sufrió. Tenemos muchos casos de mujeres que vienen a denunciar, que no tienen independencia económica, nos dicen ‘no quiero que la denuncia continúe porque si va preso no me va a pasar un peso’. Ahí la respuesta debería ser sancionarlo y que el Estado le garantice a la víctima un ingreso, pero eso no está, falta mucho sincericidio en este debate.”

Papalía cuenta que en época de cuarentena desde la fiscalía han implementando una serie de medidas para dar respuestas más rápidas a los casos más graves: “En estos últimos días estuvimos trabajando mucho en la creación de equipos especializados encargados de brindar medidas inmediatas para los casos de denuncias urgentes y además estamos por implementar dos nuevas líneas de trabajo. Una es trabajar con la línea 144 para que nos puedan derivar de manera inmediata las consultas, y evitar que el incremento de denuncias que tienen se pierda porque hay mujeres que no están denunciando, nos derivan esos casos para poder tomar contacto con las víctimas y evaluar la situación, si efectivamente hay que hacer la denuncia penal o algún otro tipo de derivación. El otro eje es mejorar las medidas de protección: muchas veces pasa que los fiscales derivan las causas a civil, por ejemplo, si hay una cuestión de alimentos, lo que nosotros estamos tratando de hacer es que las medidas que son urgentes tengan instrucción penal y evitar la revictimización, que el juez penal resuelva todo lo que tiene que ver con la protección, ya sea la prohibición de acercamiento, al exclusión del hogar y el régimen de comunicación con los niños.”

Romper con la masculinidad hegemónica

Renunciar a la masculinidad hegemónica que se caracteriza por ser cis, blanca, de clase media y heterosexual supone que el varón debe declinar al poder y a los privilegios que le otorga el régimen patriarcal dominante en la sociedad. Poder reconocer, cuestionar y abandonar ese lugar de ser en el mundo es un gran primer paso, sin embargo, no alcanza si ese renunciamiento solo se lo reserva al ámbito íntimo y privado con sus vínculos más cercanos. Los varones que proponen ser parte de las nuevas masculinidades, que vienen a romper con imágenes hegemónicas, deben socializar y colectivizar con sus pares varones esas otras formas de ser en el mundo. Debatir y cuestionar comportamientos y acciones con hijos sanos del patriarcado. En ese camino se encuentran Andrés Arbit y Gustavo Gersberg con la ayuda de Lucía Rodríguez, lxs tres integrantes de Privilegiados, un proyecto audiovisual con difusión en distintas redes sociales que invita a los varones a repensar sus actitudes y privilegios para desarmarlos y construir equidad. En Privilegiados dedican un video a cada privilegio dirigido principalmente a varones hetero cis género, que todavía no poseen perspectiva de género y también a aquellos que recién empiezan a cuestionárselos.

Gustavo y Andrés se conocieron trabajando y dando clases en el mundo audiovisual, Gus es guionista y Andy es director y editor. En 2015, con el primer Ni una menos, se interesaron por la problemática de la violencia machista, sintieron que ignorar lo que pasaba era ser cómplices de esa violencia y se pusieron a estudiar y leer sobre feminismos, luego se sumó Lucía, socióloga y amiga de Gustavo. Los dos varones del equipo entendieron que no tenían ningún rol en el feminismo y que tenían que generar su propio espacio y trabajar entre ellos. Ahí comenzaron a desarmar el concepto de masculinidad y a cuestionar sus privilegios, hicieron una lista con seis que se les ocurrió y Lucía les devolvió una lista con 20.

Andrés cuenta: “manejamos el discurso de primera persona del plural porque nos incluimos dentro del colectivo opresor por excelencia, como dice Diana Maffía, en vez de señalar. Está muy bien que las mujeres, feminidades, las personas lgbt+ estén hartes de tener que explicar al varoncito hetero cis sus privilegios por eso ante eso, es nuestro trabajo el de los varones heteros cis tener paciencia con el cabeza de termo. Si yo me enojo ante un chiste machista el varón se va a cerrar y es peor. Me pasa con los papás del jardín o de la escuela de mis hijes, cuando se ponen machirulos trato de ser pedagógico cuando hablo, pero cuando hay un maltrato lo llevo a un chat uno a uno y ahí los tipos reflexionan y reconocen que deberían cambiar, pero cuando vuelven al grupo de varones siguen haciendo lo mismo. Podés empezar con la teoría, pero si no empezás un trabajo vivencial no hay una transformación real.” Gustavo, explica que antes de la cuarentena planearon salir de las redes y armar grupos de encuentro, “hay un deseo de dar el debate personalmente. La primera persona que utilizamos es honesta porque realmente tanto Andy como yo pertenecemos y pertenecimos y de algún modo muchos de esos privilegios los seguimos teniendo y cuestionando, por lo tanto, hablarle a ese colectivo no es tan difícil para nosotros porque es hablarle a los que son o eran nuestros amigos, la particularidad de privilegiados se basa en entender donde estábamos parados y entender que nos teníamos que hablar a nosotros mismos.”

Más de la mitad de lxs seguidores de la cuenta de Instagram de Privilegiados son feminidades, faltan varones que se interesen por este tipo de contenidos. Lucía cuenta que muchos de sus videos llegan a los hombres por recomendación de compañeras, “hemos tratado de traer varones, que reenvíen a varones, pero se sigue manteniendo así, hay una barrera que es difícil de romper. Hace unos meses nos preguntábamos si es necesario seguir reproduciendo imágenes violentas cuando estamos cuestionando las violencias, por ejemplo, un varón manoseando a una mujer. Queremos ilustrar y mostrar que está mal, pero ¿hay que mostrarlo? y esto surgió de una incomodidad que sentía. Llegamos a la conclusión que no queríamos darles más espacio a esas imágenes.”

 

Privilegiados planea traspasar los límites de la virtualidad y además de promover reuniones con varones han visitado secundarios en las jornadas ESI. El próximo desafío es extenderlo a otros espacios, Andrés cuenta: “necesitamos salir de las redes porque ahí es donde está la transformación, dar las discusiones en un espacio, hablarlo, debatirlo y problematizarlo, nuestro público grueso tiene entre 18 y 30 años. Y queremos llegar a los más grandes, ir a las empresas, a sindicatos para llegar a los de 40 a 60” y Lucía agrega: “Está buenísimo lo que podamos hacer como sujetos individuales pero siempre hay que llevar esto a un espacio más colectivo, no alcanza con deconstruirnos, ni con cuestionarnos, porque hay que seguir dando batalla afuera en entornos colectivos por eso es importante ir a sindicatos, colegios, donde haya organización, más gente, acompañar proyectos políticos, lo importante es que escale de lo individual a lo colectivo.”

Suplementos
Suplementos
Tu navegador tiene deshabilitado el uso de Cookies. Algunas funcionalidades de Página/12 necesitan que lo habilites para funcionar. Si no sabés como hacerlo hacé CLICK AQUÍ