MUSICA. "La forma inicial", solo piano de Pablo Socolsky

Un recorrido intenso y personal

El primer trabajo solista del músico de jazz para BlueArt Records logra un resultado íntimo, que no oculta preferencias.
Socolsky apeló a la improvisación en varios temas.Socolsky apeló a la improvisación en varios temas.Socolsky apeló a la improvisación en varios temas.Socolsky apeló a la improvisación en varios temas.Socolsky apeló a la improvisación en varios temas.
Socolsky apeló a la improvisación en varios temas. 
Imagen: Gentileza: Marco Sanguinetti

“Mi estilo tiene ciertas particularidades, que tienen que ver con lo introspectivo, con la escucha de cada nota, y con poder encontrar cierto elogio disfrutable en la lentitud”, comenta Pablo Socolsky a Rosario/12. La forma inicial. Solo piano (BlueArt, 2020) es un trabajo distintivo en la trayectoria del músico, disponible de manera digital (Spotify y YouTube ) y con lanzamiento físico previsto para la semana que viene.

La forma inicial sucede como un recorrido íntimo, en la forma de once composiciones que enhebran referencias personales –Keith Jarrett, Paul Bley, Bobo Stenson, John Taylor; también Ricardo Piglia y Byung-Chul Han-, improvisaciones y versiones (de Paul Motian y Ornette Coleman), en la compañía meditada del piano. “El disco tiene una cierta continuidad, y creo que también cierta fluidez, pero lleva a una cuestión más introspectiva. Si bien hay composiciones y versiones, finalmente quedé muy impactado por las improvisaciones. En un estudio uno puede decir que es dueño de lo que quiere hacer, porque se genera cierta magia y a la vez cierta adrenalina. Es una situación especial. Y siempre tratás de disfrutar de esa magia con algo espontáneo, más allá de lo que uno pueda haber previsto”, continúa. 

Lo espontáneo de esa soledad mágica, dice Socolsky, le hizo grabar “cosas increíbles, en primeras tomas que fueron al disco, mientras deseché otras cosas que venía trabajando. Es una cuestión paradójica. De pronto, hacés una improvisación y aparece un vuelo y una fluidez que no tenían lo que venías preparando”.

En el recorrido que La forma inicial ofrece, hay una puerta de ingreso entre el arte de tapa (detalle de una acuarela de Verónica Sendra) y el título, aun cuando éstos llegaran después de la música. “Durante el proceso de preparación del material, me encontré con un par de libros que me conmovieron: La forma inicial. Conversaciones en Princeton de Ricardo Piglia, y dentro de los muchos que me gustaron de Byung-Chul Han, La salvación de lo bello. Terminaba de leer y me iba al piano, movilizado con la sensibilidad y claridad que transmiten la literatura y los ensayos. A partir de ahí surgieron ideas, junto a otras que ya venía trabajando". 

"En esta etapa me acompañó mucho Mariano Ruggieri, pero previamente lo hicieron Rocío Giménez López y Carlos Casazza. Se venía gestando algo muy personal. Fue así que el día de mi cumpleaños quise pasarlo en un estudio de grabación, con el propósito de pasarla bien durante tres horas. Pero no sabía que de ahí iba a salir un disco, ¡y quedaron 6 temas! A los que agregué una nueva grabación, en donde surgió el resto. También en tres horas de estudio, no es mucho. Pero fueron casi todas primeras tomas”, comenta y remarca la influencia de tres músicos de jazz de la ciudad.

En cuanto a la organización del todo y el concepto final, hay algo que Socolsky dice de modo elocuente: “Yo no estoy a favor de las playlists y de escuchar un tema de cada cosa. El músico sigue haciendo discos, obras. El disco tiene un recorrido, una narrativa, que es necesario poder escuchar. El armado fue todo un tema, porque ¿cómo hacer ese orden, esa lectura? Entraron en juego un montón de variables”. En este sentido, hay una relación especial entre “La forma inicial” y “Simplemente nunca sueltes el hilo”, respectivamente los temas 3 y 4. El contraste entre ellos funciona como un díptico o intervalo. “‘La forma inicial’ es una improvisación en tonos enteros, en donde al escuchar esa escala nunca hay una resolución, hay como una simetría y cierta tensión que nunca se resuelve. En cambio, en ‘Simplemente nunca sueltes el hilo’ hay una composición, una secuencia armónica. Ahí encontrás un reposo, un ritmo, la tonalidad mayor es más abierta, más cristalina. Tiene una melodía. Me inspiré mucho en algunas improvisaciones de Keith Jarrett, y el título lo tomo también de un texto de Testament, un disco suyo de solo piano. Hay un contraste claro entre los dos. También porque un disco no puede ser totalmente homogéneo, tiene que haber algún tipo de contraste. Y eso es lo que trato de hacer, tener mi propia impronta, a partir de quienes son mis referentes. Es muy interesante el proceso de armar una narrativa con la música, y cómo acompaña el orden de los temas. Es un recorrido corto, son 32 minutos, pero muy intenso”.

En este camino de músicos e influencias, al momento de enfrentar un trabajo semejante, tratás de ser más selectivo. "Guillermo Klein decía que si se te ocurre una buena idea, seguro que ya alguien la hizo (risas). Uno no inventa nada, pero le puede dar determinada forma propia”, ironiza. Esta impronta repercute también sobre lo que es o debiera ser el jazz, al cual Socolsky considera “una música que tiene que tratar de estar abierta para reformular, ampliar, modificar y ser dinámica”.

La forma inicial es un disco de piano solo pero con mucha gente, aclara Socolsky, y no olvida su agradecimiento a Mariano Miguez (grabación, mezclado y masterizado), Iván Tarabelli (“quien me acompañó y dio consejos muy interesantes para el estudio”), entre otros.

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