Obras dramáticas reúne producciones de Aldo El-Jatib

De Litófagas al Rayo Misterioso

Las propuestas dramáticas del autor, pedagogo y director rosarino se publicaron junto a recortes de prensa y fotos 
Aldo El Jatib apuesta a seguir haciendo, aún en pandemiaAldo El Jatib apuesta a seguir haciendo, aún en pandemiaAldo El Jatib apuesta a seguir haciendo, aún en pandemiaAldo El Jatib apuesta a seguir haciendo, aún en pandemiaAldo El Jatib apuesta a seguir haciendo, aún en pandemia
Aldo El Jatib apuesta a seguir haciendo, aún en pandemia 
Imagen: Andres Macera

Es el primero de los tres tomos que reunirán la obra teatral de Aldo El-Jatib. Obras Dramáticas I (Editorial Truenos & Misterios) está integrado por los textos de Litófagas, Cirujas, Muz, Ram, y Macchina Napoli, en una producción que va de 1985 a 2002. Lo que significa dar cuenta de un recorrido que habilita al recuerdo y la reflexión sobre lo sucedido y su porvenir. Pero también, como dice el autor a Rosario/12, “para no parar de hacer cosas, con esta pandemia que nos impide seguir trabajando de manera normal”.

“Nos sirve muchísimo hacer una especie de baremo histórico, una mirada hacia atrás sobre lo que se hizo. Revisar de dónde surge (el grupo laboratorio de teatro) El Rayo Misterioso es importante. Por eso la inclusión de Litófagas y Cirujas, y luego las que ya pertenecen a El Rayo, en donde no hay una escritura de literatura dramática, sino una estructura espectacular”, continúa El-Jatib.

La introducción y textos de María de los Ángeles Oliver –entre rescates de prensa y fotografías- permite contextualizar las obras, así como evocar momentos nada fáciles que todavía permanecen. En este sentido, la piedra de toque la significa Litófagas, con su autor “en una Buenos Aires que no lograba salir de la densidad que había grabado en el ambiente la dictadura militar”, dice el prólogo de Oliver. “En ese momento yo estaba con el TAIET, el Taller de Investigación y Experimentación Teatral. El primer grupo que fundé y duró 10 años. De alguna manera fue un entrenamiento, para adquirir experiencia y fundar luego El Rayo Misterioso, ya con una estructura mucho más sólida. Pero hubo un inicio de una base muy fuerte. Y Litófagas formó parte de eso. Todavía tengo esas imágenes, cuando la escribí en un bar durante una madrugada, cuando jamás pensé que iba a tener una puesta en escena en Chile o Uruguay. Cosas que uno hace y no sabe”, recuerda.

--En sintonía con lo que sucedía a tu alrededor, y no sólo en Argentina.

--De alguna manera forma parte de lo siniestro que me pasó a mí. Es el reflejo de una realidad personal. Sinceramente, tuvimos tanto miedo en esa época. A Litófagas la escribí en marzo del ’84, y tuvimos que esperar a que no estuviera más la dictadura porque el miedo era tanto que no permitía que tu mano pudiera escribir en la soledad de tu casa. Forma parte un poco de todo ese mundo horrible que se vivió. Tal vez sea una especie de documento o de fotografía del terror que ocurrió en ese momento, con personajes que todavía tenemos por acá, porque no nos olvidemos que tuvimos cuatro años de personajes bastante parecidos a los que accionaban en la dictadura.

--¿Cómo es eso de una “Liga de la moralidad” yendo a ver Cirujas?

--No nos acordamos exactamente del nombre, pero algo sí se llamaban. Se había empezado a correr la bola en Rosario de que Cirujas era una obra escandalosa, y los tipos fueron a ver si podían accionar de alguna manera. En ese momento, yo venía de Barcelona, ya había estado en Rosario con clases en la Escuela de Teatro, así que venía con una especie de propaganda atrás. Como había estudiado en Buenos Aires, venía con una chapa, digamos. ¡Qué escándalo Cirujas y que se yo! Pero sí, de alguna manera movió un poco la estantería.

De Cirujas, Oliver refiere que ofrecía “una densa realidad donde seres deambulando en un ambiente obscuro accionaban la violencia más baja entre la basura”. La obra fue estrenada en 1995. Pero es el estreno de Muz dos años después la que funda la nueva manera teatral de Aldo El-Jatib. “No fue tan fácil porque no sabía hacia dónde ir, hasta que me despegué de la escritura. Muz no tiene texto, son imágenes. Es una familia que acciona de determinada manera. Y tuvo mucha repercusión porque fue una obra muy rara, era mimo, ilustraba acciones, pero no tenía una escritura dramática como estábamos acostumbrados a ver. Fue una ruptura de lenguaje dentro del grupo de El Rayo, en donde se pasó a otras instancias, que ahora son parecidas a otros espectáculos.

--¿Cómo fue la relación con el público en ese momento?

--Fueron idas y vueltas, pasos hacia adelante y marchas atrás. Realmente había mucha resistencia, también por parte del propio ambiente teatral, entre celos y cuestiones personales. El grupo fue muy resistido, pero fuimos haciendo un camino. Hasta que de alguna manera la cultura rosarina aceptó una propuesta de esta naturaleza.

--¿Por qué Rosario como base de operaciones?

--Fue por una idea que se me cruzó por la cabeza. No quería estar más en Barcelona, donde estuve seis años y me sentí muy marginado, no quería vivir de esa manera. Como todo autoexilio, me dije: “me vuelvo”. ¿Pero dónde? Había vivido también 10 años en Buenos Aires, y otros en Rosario. Me pregunté qué quería, y lo que quería un grupo de teatro autoabastecido, con una línea ética coherente, realizar una editorial, tener un grupo con un lenguaje en común, un grupo de teatro laboratorio, de investigación, y organizar encuentros teatrales. Si iba a Buenos Aires no iba a poder encontrar gente para hacerlo, porque está el universo de los espejitos de colores de la televisión, el cine. Generalmente, constituir un grupo comprometido en el tiempo es muy difícil, porque alrededor están todas estas tentaciones. Y por eso elegí Rosario, donde hay gente que no tiene acceso a estas tentaciones demoníacas, que impiden que se formen grupos con un proyecto en común y que se lleven a cabo.

--¿Cómo te afectan estos días, a vos y al teatro?

--En principio, esta pandemia hace repensar no sólo el teatro, sino la vida en su totalidad, y no sólo a un sector cultural. Si bien dicen muchos que generalmente una pandemia no cambió la forma de comportamiento de la gente, ya muchos líderes mundiales están hablando de otra manera en cuanto a cómo funcionar de aquí en adelante, a partir de este castigo que ha caído del cielo. Pero pensaba por qué en Buenos Aires y en AMBA está concentrada la mayor cantidad de contagiados, pero obvio, ¡si han construido un país unitario! Es porque la cultura misma ha provocado que ocurra esta concentración de contagios. Si está todo el país allí, hay algo que está mal.

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