El tridente Trump-Johnson-Bolsonaro minimizó la peligrosidad del coronavirus desde el comienzo de la pandemia. El primer ministro inglés reformateó ese discurso negador luego de ser internado por covid-19. Por el contrario, Trump y Bolsonaro insistieron en su tesitura. Sin llegar al extremo del presidente brasileño, las autoridades chilenas y mexicanas también adoptaron una estrategia sanitaria muy laxa.

Un informe de la consultora PxQ, dirigida por el economista Emmanuel Álvarez Agis, explica que “mientras que Argentina implementó el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio el 20 de marzo con 30 casos diarios, Brasil restringió la circulación entrado el mes de abril cuando ya estaba cerca de los 1000 casos diarios y aun cuando se aceleraron los contagios nunca llegó a ser un aislamiento total. En Chile y México sucedió algo similar, con una cuarentena “light” que se endureció cuando los casos comenzaron a acelerarse”.

El caso chileno fue muy particular porque recién el 16 de mayo se decretó una cuarentena obligatoria en la región metropolitana de Santiago. Hasta entonces, los únicos que habían implementado restricciones aisladas fueron algunas comunas y municipios. El resultado de esa estrategia del gobierno de Sebastián Piñera fue un rotundo fracaso. La nación trasandina encabeza el ranking de decesos por millón de habitantes en América latina. 

El colapso del sistema sanitario obligó a la renuncia del ministro de Salud, mientras que el diputado oficialista Andrés Celis Montt propuso el traslado de pacientes chilenos a Buenos Aires o Mendoza en aviones Hércules de la Fuerza Aérea. La economía también está crujiendo: el Índice Mensual de Actividad Económica cayó 14,1 y 15,3 por ciento interanual en abril y mayo, respectivamente. A mediados de mayo, Piñera solicitó al FMI un préstamo flexible por 23.930 millones de dólares. La petición fue aprobada un par de semanas más tarde.

En el artículo "Chile frente a la pandemia neoliberal", el profesor José Salvador Cárcamo destaca la observación del académico de la Universidad de Chile Ernesto Águila: el país vive “una crisis masiva e inédita, con una abrupta paralización de la economía en el marco de una sociedad caracterizada por la precariedad de las condiciones de vida y del trabajo, donde casi la mitad de los asalariados trabaja sin contrato, a honorarios o con "contratos basura", donde la pandemia ha dejado al descubierto las injusticias, abusos e irracionalidades de nuestro modelo de vida y económico”.

En ese convulsionado contexto, la sociedad chilena reaccionó con mucha bronca cuando se filtraron detalles de una licitación para la compra de artículos gourmet (caviar, mousse de pato, paté de jabalí u muzzarella de búfala) destinados al comedor de la Casa de la Moneda. El gobierno dio marcha atrás y aclaró que los productos no llegaron a ser comprados.

En el newsletter de Cenital, el politólogo Tomas Aguerre apunta que “la noticia en sí no es tan relevante pero sí la reacción en redes sociales: en Chile fue tendencia el nombre María Antonieta. Fascinante. María Antonieta quedó como símbolo de despilfarro en un momento de crisis económica que terminó en la Revolución Francesa y con su cuerpo separado de su cabeza. La famosa frase “si no hay pan que coman pasteles” se le atribuyó apócrifamente para pintar al personaje”. 

Los últimos sondeos de opinión revelan que más del 70 por ciento de los chilenos desaprueba la gestión Piñera. El niño mimado de la derecha latinoamericana no la tiene nada fácil.

@diegorubinzal

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