Un plano a mano alzada. Tres, en realidad, que coinciden como si fueran uno. Es, son, los elementos que se convierten en pieza clave para armar uno de los tantos rompecabezas que aún laten incompletos en la memoria colectiva sobre los crímenes de la última dictadura cívico militar. La distribución precaria que dos sobrevivientes y la ex propietaria realizaron, en diferentes momentos, de la vivienda ubicada en la calle Bacacay 3570, en el barrio porteño de Flores, fue el dato que permitió identificarla como un ex centro clandestino de detención. Las mujeres no se conocen entre sí. Sin embargo, las coincidencias en sus dibujos a mano alzada y las descripciones que realizan del lugar erizan la piel de quien los lea en paralelo.

La primera en hablar de “la casa” fue la sobreviviente Emma Le Bozec, tal como informó este diario el pasado viernes. En junio de 1984, denunció ante la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas que fue secuestrada el 1 de mayo de 1976 y “trasladada a un lugar que supone era una casa vieja, por los revestimientos de baños, artefactos sanitarios, pisos”. Que “permaneció en una habitación compartida con 11 personas”. Y estructuró el lugar en un plano en el que ubicó un acceso vehicular a la izquierda, un acceso peatonal a la derecha, con escaleras; varias habitaciones a un lado y al otro de un pasillo distribuidor que culminaba en un patio; al fondo, una cocina.

El testimonio quedó registrado sin que nada lo destaque por sobre los miles de otros que recibió la Conadep. Pero tomó otro peso cuando desde el Juzgado Federal número 3, a cargo de Daniel Rafecas, comenzaron a recopilar datos vinculados a una posible base operativa que la SIDE mantuvo activa durante 1976 en las cercanías de Automotores Orletti, un dato que figuraba en documentación desclasificada de la Embajada de Estados Unidos y en por lo menos dos declaraciones de militares integrantes de la agencia de inteligencia estatal. 

LOS PRIMEROS COMPRADORES

En 2019, desde el Juzgado Federal 3 dan con María Ester Poggi. “Yo quería una casa con jardín”, declaró Poggi para contextualizar cómo y por qué ella y su familia compraron la casa de Bacacay 3570 en 1977. Decidieron reformarla, pero recordó a la Justicia el estado en el que encontraron la edificación al comprarla: “Una casa muy antigua, con techos altos y tenía adelante un jardín, una especie de patio, pero para acceder la casa estaba elevada más o menos tres escalones”. Contó que “estaba toda construida sobre la derecha, atrás había una glorieta descuidada que llegaba hasta la mitad del terreno. Sobre la izquierda había un patio y tierra hasta el final del predio. Sobre un lateral, al fondo, había cuartitos y una cocina compartida, como dividida al medio”.

Mencionó que el lugar “daba la sensación de que había sido un hotel" ya que "había muchísimas piezas chiquitas, horribles, lamentables, parecían como piezas de alquiler”. Ubicó la cocina del lugar en el fondo del predio, detalló que estaba "separada en dos por una pared en el medio, con anafes", que "era como una cocina de pensión”, comparó. Poggi hablo sobre el sótano de la casa, al que ella y su familia descubrieron "recién durante la construcción". Contó que tenía “paredes todas rotas, sin revocar, piso de tierra”.

Cuando le pidieron que dibujara cómo era la casa cuando la compraron, hizo un croquis casi exacto al dibujado por Le Bozec 25 años antes.

DESDE PARÍS

Anita Edith Francoise Larrea de Jaroslavsky nació en París, adonde regresó dos días después de sobrevivir a torturas y simulacros de fusilamiento que sufrió durante su cautiverio ilegal. A fines de mayo pasado declaró por primera vez ante la Justicia argentina, vía teleconferencia, y terminó de confirmar que su lugar de detención clandestina, el de Emma Le Bozec y el de tantos otras víctimas del terrorismo de Estado fue esa casa que Poggi y familia compraron en 1977, localizada en la misma manzana que Orletti.

A Anita la detuvieron el 28 de abril de 1976 a las 23. La fueron a buscar al departamento de su suegra. La trasladaron encapuchada hasta “El jardín”. “Me bajaron del auto y creo recordar pero no estoy segura de haber subida a lo mejor tres o cuatro escalones, pero quizás más”, describió. Mencionó que la dejaron en una habitación con otras personas. "Todos los que estábamos ahí, estábamos esposados y encapuchados”, describió.

Durante su testimonio confirmó que el lugar contaba con un sótano que "debía ser un lugar muy terrible, cuando los amenazaban decían los vamos a meter en el sótano. Por lo que se escuchaba debía ser muy pequeño porque iban de a uno”, apuntó y recordó que los captores lo llamaban “chupadero o tragadero”.

El dibujo que Anita hizo del lugar coincidió también con el de Poggi y Le Bozec. Antes, habló de la cocina, a la que describió como “muy pequeña, con una mesa muy pequeña (...) donde había dos hornallas (...) no era una cocina por la cual se podía andar, era muy precaria y pequeña”. Además, sostuvo que la puerta de ese habitáculo “daba al patio”.