Científicos y científicas del Conicet y de otras instituciones ofrecen datos para desarmar las falacias contra el aislamiento

La evidencia científica: el mejor antídoto para los discursos anticuarentena

Los medios hegemónicos y la oposición alimentan conspiraciones, falsas dicotomías y dudas donde había certezas. Especialistas científicos lo refutan todo.
Imagen: Kala Moreno Parra

Desde que comenzó la pandemia, los discursos anticuarentena procuran horadar el consenso generado por el gobierno en torno a la orientación de su estrategia sanitaria. En este sentido, el periodismo opositor alimenta el fuego de teorías conspirativas (el coronavirus fue creado en un laboratorio chino), siembra falsas dicotomías (entre la economía y la salud), al tiempo que introduce opiniones contradictorias sobre temas en los que hay sobrada evidencia científica (promueven la inmunidad de rebaño). Se aprovechan –mediante el empleo de artilugios– de que la ciencia “es un proceso de verdades transitorias”, tal como suele afirmar el biólogo Alberto Kornblihtt. No obstante, que las verdades sean transitorias no habilita al relativismo absoluto. A continuación, investigadores e investigadoras del Conicet, con experticia en diversos campos de estudio, contribuyen a desarmar algunos de los discursos que pululan en el espacio público y buscan generar grietas ficticias sobre lo fundamental que resulta el aislamiento social, preventivo y obligatorio para frenar la propagación del patógeno.

Rebaño

Días atrás, en su programa Odisea Argentina (canal de cable de La Nación), Carlos Pagni planteó que el gobierno debería aplicar la denominada “inmunidad del rebaño”. “¿Qué quiere decir inmunidad de rebaño? Que nos vamos contagiando y nos vamos inmunizando. Hay un momento en que esa inmunidad involucra a tanta gente que la epidemia empieza a ceder y la curva comienza a bajar en serio”, empezó. “Podría llegar a pensarse que con que un 15%, 20% o 30% de gente que ya tuvo el virus comenzaría a bajar la curva de contagios y sobre todo la curva de letalidad”, especuló el conductor en su editorial. El periodista reflota un tema que ya fue saldado por la comunidad de científicos y científicas en una innumerable cantidad de veces. A partir de una evidencia dudosa del Dr. Nic Lewis –un negacionista flojo de papeles– busca cuestionar la evidencia de la ciencia y generar ruido donde verdaderamente no lo hay. Rápidos de reflejos, los expertos le salieron al cruce. “La inmunidad de rebaño es un número calculado. Históricamente se usa para calcular a cuánta gente vacunar, no cuánta gente debe salir a contagiarse y morir por un virus desconocido para poder 'reabrir' la economía. La inmunidad de rebaño se calcula con parámetros estrictos, tipo velocidad de contagio (R). No es un número que un chiflado pueda sacar de cualquier lado”, señala Ernesto Resnik, biólogo molecular y biotecnólogo argentino que reside en Estados Unidos.

Rodrigo Quiroga, bioinformático, docente en la Universidad Nacional de Córdoba e Investigador del Conicet, hace lo propio. “Carlos Pagni vuelve a reflotar la idea de la inmunidad de rebaño con 30% de infectados. En AMBA significa 5 millones de infectados, muchos con secuelas crónicas, 100 mil internados en terapia intensiva y 25 a 50 mil muertos. Adicionalmente, aunque estuviéramos dispuestos a pagar ese precio, llegar a 30% de infectados sin colapsar el sistema de salud es casi imposible, y aun siendo posible lleva muchísimo tiempo”. Apostar a esta estrategia que propone Pagni sería un experimento social cruel y con efectos sanitarios y económicos difíciles de sortear. Cuando se hacen estudios serológicos para analizar la prevalencia de infectados y la circulación del patógeno en sociedades donde la propagación del virus fue más virulenta, se llega a la conclusión de que los porcentajes de contagiados es muy baja en relación a la población total. “En España solo tuvo el virus un 5% de la población, en Francia el 4% y en Suecia, que tiene los porcentajes más altos, apenas el 7%. Ello indica, visto rápidamente, que el Sars CoV-2 todavía tiene –en promedio– un 95% de gente para infectar”, dice Mario Lozano, virólogo molecular y exrector de la Universidad Nacional de Quilmes.

Conspiraciones

El mes pasado, un informe de la UCA reveló que el 98% de la sociedad apoyaba total o parcialmente el aislamiento social y obligatorio. A principios de junio, la Organización Panamericana de la Salud alertó sobre la situación en la región y su directora, Carissa Etienne, aseguró que es el “epicentro mundial de la pandemia”. A pesar de que la abrumadora mayoría de la población está de acuerdo con esta realidad de excepción y, más allá de las recomendaciones de los organismos internacionales, grupos minoritarios influidos por los mensajes de crispación que lanzan algunos periodistas opositores rechazan la cuarentena. Basta con rememorar las manifestaciones minoritarias de semanas atrás: algunos desde sus autos, otros a pie, argumentaban que la medida era “un castigo”, un mero capricho, una decisión arbitraria. “OMS genocida”, “5G”, “antivacunas”, fueron los títulos de algunos de los carteles que se alzaron. Uno, sin escrúpulos y con la cara inmutable, llegó a afirmar que el virus no existía, que era una fábula, que la gente no muere de a centenas ni en Latinoamérica ni en ninguna parte del mundo. Que algo están escondiendo, que todos participan de un engaño brutal.

Belén Almejun –Investigadora del Conicet, bióloga y docente de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA– y Rodolfo Kempt –físico de la UBA e Investigador Principal en la CNEA– publicaron un suculento informe en “Ciencia Nuestra”, un espacio conformado por trabajadores del ámbito de la ciencia, la tecnología y la universidad. El objetivo fue quebrar algunos de estos relatos. En febrero, Trump acusaba a los chinos de haber producido un virus en un laboratorio de Wuhan. Por aquella época, el propio Nobel de Medicina japonés, Tasuko Honjo, sugirió una idea similar al decir que el virus no era natural sino que había sido fabricado en un 100% por seres humanos. La Universidad en la que trabaja salió a refutarlo de inmediato.

“En febrero un comunicado de la revista The Lancet se proponía derribar estas teorías (que fogoneaban Trump y Honjo). En él apoyaron en particular a los científicos y personal de la salud de China, desmintiendo los rumores de creación humana del virus citando decenas de trabajos donde se demuestra que el origen genético más probable del SARs-CoV2 es natural. En la misma declaración, citan además una declaración conjunta de las academias de ciencias, ingeniería y medicina de EEUU con idénticas conclusiones”, describe el informe. Más adelante, prosigue: “Un trabajo publicado en Nature indica que las mutaciones del actual coronavirus son ‘anti-intuitivas’ porque las simulaciones bioinformáticas infieren otras mutaciones indicando que el origen más probable del SARs-CoV2 sea la selección natural y no el diseño humano. El trabajo también muestra que el virus no posee ‘cicatrices’ de manipulación humana en su genoma, esto no es menor, ya que al modificar un genoma quedan rastros”, destaca el artículo.

Otra de las teorías conspirativas es sobre el 5G. El doctor Thomas Cowan –cuyo trabajo previo nadie conoce en detalle– planteó que la pandemia había sido ocasionada por un “salto cuántico causado por el 5G en la electrificación de la Tierra”. Frente a ello, la respuesta de Almejun y Kempt: “Esto provocaría que las células de nuestro cuerpo respondieran expulsando trozos de ADN y ARN con proteínas (exosomas) y que eso en esencia serían los virus. Además, esto deprimiría nuestro sistema inmune, llevando al virus al nivel de pandemia”. Bajo esta premisa, retrucan: “El estudio de la radiación electromagnética es parte de la mecánica cuántica, una rama de la física que estudia la naturaleza a escalas muy pequeñas. Pero, ¿qué tiene que ver eso con los virus?…Absolutamente nada. Aun así, esta teoría del virus y el 5G afirma que los campos electromagnéticos provocan daño en el sistema inmune encontrándonos indefensos frente al virus”.

Economía

Desde el comienzo, y como artimaña, los portavoces del mercado decretaron una falsa dicotomía entre cuidar la salud y proteger la economía. Como si fuera posible una economía sin gente. Se ha visto, con números irrefutables, que los jefes de Estado que optaron por esta alternativa fueron los que más fallecimientos tuvieron que lamentar: Suecia (5400), EEUU (131 mil) o Brasil (62 mil). Y, al mismo tiempo, no solo han sumado muertos sino también retrocesos considerables en sus economías. “Los países que decidieron privilegiar la economía al comienzo terminaron en una cuarentena total: las poblaciones tenían tanto miedo que preferían no salir de sus casas para ir al trabajo. En Gran Bretaña ocurrió algo de eso. Tarde o temprano todos caen en cuarentenas totales, como el estado de Nueva York, porque les explota el número de casos”, explica Quiroga.

Sol Minoldo –doctora en Ciencias Sociales, comunicadora de la ciencia e Investigadora de Conicet– con una mirada aguda identifica la falacia. “La economía, por un lado, puede tener costos dispares. No debe tener idéntica consideración la reducción de ganancias de sectores millonarios, que la pérdida del ingreso vital de familias que viven al día. Y las políticas para atender cada circunstancia son diferentes. Evidentemente una crisis económica tiene consecuencias, finalmente, para el conjunto de la población. Sin embargo, resulta falaz sostener que dicha crisis es producto de las medidas para proteger la salud”, describe y continúa con su argumento: “Los estragos causados por la pandemia allí donde la situación sanitaria se deteriora exponencialmente, también impactan sobre la economía. Además, no hay que perder de vista que el mundo entero se encuentra en crisis. En un mundo globalizado, ello implica que más allá de lo que pase en cada país, hay un factor externo muy potente que complica las cosas a todos”.

Gripe

Otro de los argumentos más comunes de los anticuarentena es que muere más gente por gripe y el gobierno, sin embargo, no estableció un confinamiento para frenar su propagación. A pesar de algunas semejanzas entre ambos virus respiratorios, aquí también se torna necesario separar la paja del trigo. Si alguien ha hecho escuela al respecto, esa persona es Jorge Aliaga: “Contra Influenza hay vacuna. Por esto, por la inmunidad de la población y porque tiene mucho menor letalidad, no contagia en etapa presintomática y es menos contagiosa; los casos son menores. Además, la gripe es estacional como la bronquiolitis. Hay entre 25 y 33 mil muertes anuales por neumonía (más del 90% del grupo), influenza y bronquiolitis. Esa cantidad no se puede comparar con la de muertos por Covid-19 con medidas. Sin medidas, las estimaciones dan entre 100 y 150 mil muertos”, indica el exdecano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.

Un trabajo destacado ha realizado la bióloga, doctora de la Universidad de Buenos Aires e Investigadora del Conicet, Soledad Gori. Al respecto, apunta: “La gran diferencia entre el virus de la gripe y el Sars CoV-2 es que para el primero tenemos vacuna, con lo cual, se puede prevenir a los grupos de riesgo. Además, el período de incubación del patógeno que causa covid-19 es más largo y, en efecto, la persona infectada puede contagiar a más gente sin saberlo. Se propaga dos veces más rápido que el de la gripe, es más contagioso”. Y luego, como buena científica, envuelve su discurso en la evidencia de los números. “Hasta la fecha, hemos visto que el 20% de los pacientes de covid precisan hospitalización y un 5% requiere de ventilación asistida en terapias intensivas; en cambio, con Influenza, solo entre el 1 y el 2% requiere de hospitalización. Ello, claramente, tiene que ver con la vacunación que en covid todavía no existe. Su tasa de letalidad hasta el momento ronda el 3 y el 4% en general, aunque en pacientes críticos y de mayor edad puede estirarse hasta el 20 o el 30%. No es muy comparable con Influenza”, precisa Gori.

De hecho, al 13 de junio, según datos de la Dirección de Estadísticas e Información de Salud, Argentina reportaba 802 muertes por coronavirus, mientras que en todo 2017 los fallecidos por gripe habían sido 81. No se trata de contar muertos sino de ajustarse a la realidad. Desde este punto de vista, concluye Minoldo: “Advertimos que la covid-19 es mucho más grave que la gripe. No solo por sus contagios y letalidad, sino porque además el crecimiento es exponencial. En poco tiempo puede llevar a la saturación del sistema de salud. Como consecuencia, a las muertes inevitables por covid, pueden sumarse las muertes evitables por este patógeno y miles de muertes evitables por otros problemas de salud (debido a la falta de atención)”.

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